“Sin embargo, y desde
hace ya algunos años, muchas personas buscan un sexo
más espiritual. Con nuestra educación occidental,
hemos pasado de la represión sexual al amor libre y
el todo vale. Ahora, somos muchos los que buscamos
una sexualidad que potencie nuestras vidas y a
nuestra pareja”, explica Jesús Gómez,
maestro de yoga.
Lo que se conoce como
sexo tántrico es básicamente una actitud interior
frente al sexo. Pero debemos saber “que el Tantra no
es una sexología, sino una vía espiritual que nos
lleva a conseguir la paz interior, a calmar nuestra
mente y las emociones. Pero como todo va unido, con
el sexo también se puede alcanzar la paz, y se debe
ver como una experiencia espiritual más que física”,
dice Gómez.
Pero la versión que
más ha transcendido de esta filosofía es su aspecto
físico. Lo importante es retener la eyaculación
masculina, para proporcionar más placer tanto al
hombre como a la mujer, al dar más tiempo para
preparar el orgasmo femenino. “En nuestra cultura,
lo importante es la autosatisfacción masculina. De
ahí que las prácticas sexuales sean de baja calidad.
En la sexualidad tántrica, se venera lo femenino, y
el hombre aprende a tener orgasmos sin eyacular. Es
todo un descubrimiento para el hombre, al conseguir
orgasmos múltiples que rozan el éxtasis”.
El Tantra es el
encargado de elevar la energía, de conocer nuestras
emociones y nuestra mente. Es a través de la
respiración como se puede controlar el estado
emocional. “La pareja tántrica convierte el acto
sexual en una experiencia de fusión del uno con el
otro. Así, muchas parejas suelen olvidar sus
problemas comunes y olvidan sus rencillas domésticas
al fundirse”.
El ritual
El sexo tántrico es
un ritual en sí mismo. Para comenzar a practicarlo,
se debe preparar un ambiente cálido, que ayude a la
compenetración de la pareja. Por eso, es muy
importante la decoración de la habitación. “El
ritual aconseja decorar un espacio con telas y
cojines de colores suaves, encender alguna vela y
ambientarlo con el olor de una barrita de incienso.
Pero lo más importante es la respiración, se deben
hacer ejercicios para sincronizar las respiraciones
y que la pareja fluya en la misma sintonía”.
Las prisas y los
nervios no son buenos amigos de esta práctica. Las
caricias son fundamentales, los masajes mutuos,
utilizando aceites aromáticos que ayudan a tener más
sensibilidad con la otra persona. “Se pueden colocar
bebidas y comida, principalmente frutas, como uvas,
fresas, cerezas... y entre juegos ofrecérselo a la
pareja. El objetivo es sensibilizar todos los
sentidos de nuestro cuerpo, como el gusto, el olor,
la vista...”.
La comunicación en
esos momentos es también muy importante. Darse a
conocer al otro, ver cuáles son sus necesidades y
apetencias sexuales, “así, permitimos a la mujer
abrirse y desarrollar su sexualidad. Y ella también
podrá obtener orgasmos más intensos. Hoy en día, muy
pocas conocen los orgasmos de útero que se expanden
por todo el cuerpo y además son sanadores. Con los
orgasmos tántricos se crea un círculo místico entre
la pareja”.
Se debe conseguir el
control de los genitales, ejercitando los músculos
de las nalgas, y así aumentar el flujo de sangre en
la zona genital, que revitaliza, fortalece y
tonifica los tejidos, con lo que se logra una mayor
excitación sexual. “Pero, a medida que el hombre
nota su fogosidad, debe relajarse y respirar
profundamente para evitar la eyaculación, ya que se
considera un derroche de energía vital. Los juegos
amorosos suelen durar horas con esta práctica y la
meta es el éxtasis de la fusión total”.
Lo imprescindible de
esta disciplina es adoptar una actitud de respeto,
una visión sana ante el sexo, y dejarse llevar.