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El “dinero rápido”
seduce a cuatro millones de españoles
CONSUMO. La solicitud de créditos
rápidos, concedidos en pocas horas y por importes bajos, ha crecido
en torno al 30% anual en los últimos ejercicios. Sus tipos de
interés son elevados, pero las cuotas mensuales asumibles los
convierten en una alternativa fácil para financiarse un capricho
La solicitud de créditos rápidos,
concedidos en pocas horas y por importes bajos, ha crecido en torno
al 30% anual en los últimos ejercicios. Sus tipos de interés son
elevados, pero las cuotas mensuales asumibles los convierten en una
alternativa fácil para financiarse un capricho.
Financiar un capricho o cualquier
gasto inesperado con un préstamo rápido es cada vez más fácil y,
también, más llamativo. El éxito de los reclamos de dinero
instantáneo ha quedado más que demostrado con la elevada demanda que
tienen las denominadas entidades del “crédito rápido”. En los
últimos años, financieras como Eurocrédito o Cofidis han
experimentado crecimientos de en torno al 30% anuales en captación
de nuevos créditos rápidos. Sólo en 2004, las entidades de este
sector concedieron en España créditos por valor de 11.706 millones
de euros, un 40,7% más que en 2003. Esto supone que el año pasado
cerca de 4 millones de españoles contrataron un producto de estas
características.
La agilidad con la que se conceden este tipo de pequeños préstamos,
hasta 6.000 euros, y la libertad de poder utilizar el dinero sin
tener que justificar su finalidad son dos de los rasgos que más
llaman la atención de estos productos. De ahí que hoy se sitúen como
una posible alternativa no sólo para cubrir un gasto inesperado o
hacer frente a un problema de iliquidez, como fue su objetivo
inicial, sino también para poder financiar un capricho.
La filosofía actual de muchos hogares, que se resisten a rebajar su
nivel de consumo pese a estar más endeudados, ha ampliado el destino
y los clientes potenciales de este tipo de préstamos. De ahí que no
sólo las financieras quieran aprovechar el actual “boom” del dinero
fácil. En los últimos meses, también grandes entidades, como Banco
Popular o SCH, han desembarcado en este segmento con fuerza. Su
entrada ha dado solidez y credibilidad a un negocio que hace sólo
unos años se miraba con recelo.
Elevados intereses
Los préstamos instantáneos se presentan como el producto ideal para
conseguir dinero de forma rápida: en 24 horas el cliente puede
obtener la autorización para obtener el dinero. En otras 48 horas
puede recibir la transferencia o el cheque con el capital requerido.
Por lo tanto, en unos tres o cuatro días (a veces, antes) se puede
disfrutar del dinero. Se trata de pequeños préstamos, entre los 600
y los 6.000 euros, amortizables en periodos máximos de cinco años.
Otra de sus características es que se contratan prácticamente sin
hacer papeleos. Para poder suscribir un préstamo de este tipo, los
documentos que suelen solicitar las entidades son una fotocopia del
DNI, la última nómina, un recibo domiciliado en un banco (sólo en
ocasiones) y el número de la cuenta corriente en la que se
domiciliará el préstamo.
No obstante, el rasgo principal y más importante que debe conocer el
cliente es el elevado tipo de interés que aplican. Por lo general,
los intereses rondan el 20% TAE. Este tipo se suele a veces
enmascarar al cliente informándole sólo de intereses o cuotas
mensuales. Si se multiplica ese interés mensual (en torno al 1,8%)
por doce, se ve la realidad más clara.
Antonio Giraldo, director general de Eurocrédito, señala que los
elevados tipos de intereses que cobran se deben a las significativas
inversiones publicitarias que realizan para promocionar estos
productos, sobre todo en televisión. “La tele es uno de nuestros
medios aliados para captar clientes. Hacemos fuertes desembolsos de
dinero que, en parte, debemos cubrir con los intereses”, comenta.
Por lo tanto, la principal diferencia con los préstamos al consumo
tradicionales está en el tipo de interés (que en estos últimos es
menos de la mitad) y en las gestiones que hay que realizar, más
ágiles en los préstamos rápidos. En los créditos al consumo
tradicionales incluso hace falta firmar el contrato ante notario. El
resultado es que en este tipo de productos, la concesión puede
producirse en un plazo de unos quince o veinte días, hasta cuatro
veces más que en los préstamos rápidos.
Más riesgo
Pese a los elevados tipos de interés, habitualmente lo que más
valoran los clientes que contratan un crédito instantáneo es la
posibilidad de conseguir el dinero rápidamente. No miran el esfuerzo
financiero que tendrán que hacer posteriormente para pagarlo. De
hecho, las cuotas mensuales que deben pagar son, generalmente,
asumibles y los periodos de amortización lo suficientemente amplios
como para que el cliente no llegue a sentirse ahogado. No obstante,
las entidades reconocen que el riesgo que corren con la
comercialización de estos productos es más elevado que el que
presentan otros instrumentos, como créditos personales o hipotecas.
La tasa de morosidad en este segmento crediticio supera el 2%,
mientras que en el negocio hipotecario no llega al 0,5%. De hecho,
reconocen que algunos de sus clientes recurren a los préstamos
rápidos puesto que las grandes entidades no les conceden más
créditos, al considerar que su nivel de endeudamiento es ya
demasiado elevado. Además, otros perfiles de clientes destacados de
los créditos rápidos son amas de casa e inmigrantes que no están
todavía bancarizados y no tienen acceso a los canales tradicionales
de financiación.
En cuanto a la finalidad de estos productos, desde Santander
Consumer aseguran que el destino de estos préstamos es muy variado.
“Desde financiar un sofá, una joya, un viaje, hasta arreglar una
lavadora o refinanciar otra deuda. Cualquier capricho o gasto
inesperado puede financiarse con un préstamo de estas
características”, añaden desde esta entidad.
Crece la competencia
Hace una década, apenas tres entidades operaban de forma
significativa en este segmento. Hoy, ya hay más de seis firmas en el
segmento de los créditos rápidos. Y las previsiones apuntan que la
competencia seguirá creciendo. De momento, junto con Cofidis,
Eurocrédito o Banco Sigma, participan de este negocio grandes bancos
como Santander, con su Crediágil (comercializado por su filial
Santander Consumer), o Banco Popular, con su producto Optiline (que
distribuye su filial de internet Bancopopular-e). A ellos se unen,
entre otros, Imagine, de ABN Amro.
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