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LA PREPARACION DEL
VINO IDEAL
El sommelier es
normalmente el encargado de preparar y, en caso necesario, decantar
el vino. El sommelier no es el sumiller de cámara, sino el encargado
de la bodega. Quien se encarga de la bodega es el responsable del
cuidado de los vinos, es decir, de vigilar su humedad, su
temperatura, su iluminación, su aireación y el nivel de ruidos. El
vino, como ya hemos comentado, no debe sufrir sobresaltos durante su
conservación en la bodega.
Una
vez elegidos los vinos que han de servirse en la mesa, éstos deben
ser sometidos, según su condición, a ciertas manipulaciones. Si son
blancos o jóvenes, solamente hay que acomodarlos a la temperatura
mejor de servicio, que, por lo general, es inferior a la bodega. Sin
embargo, si son tintos de crianza pueden haber depositado un
sedimento, que no indica en absoluto falta de calidad, pero que
altera su aspecto y entorpece su disfrute. En este caso, es preciso
proceder a la decantación.
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La decantación consiste en verter
cuidadosamente el contenido de la botella en otro recipiente, sin
dejar pasar los posos. Ésta era, en tiempos pasados, la práctica
habitual en las grandes mesas. De ahí los bellos ejemplares de
botellas de cristal tallado que nos ha legado el siglo XVIIII.
Las botellas se hacían con esta rica ornamentación barroca porque
luego el vino no se iba a servir en la propia botella y, por tanto,
estos adornos no impedirían apreciar el color y la calidad del
caldo. Para la decantación existen también accesorios auxiliares,
que permiten mantener la botella inclinada en la mesa, sin agitar el
vino al servirlo. Nos estamos refiriendo a los utilísimos cestillos
de paja, metal o materiales acrílicos.
Es una operación a realizar con extrema precaución, ya que, en el
trasvase de un recipiente a otro, se pueden perder los aromas
terciarios, originados en la etapa de óxido - reducción en botella.
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