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MODELOS DE COPA
PARA VINO
Desde la creación
de los primeros envases destinados a degustar el vino, el número de
tamaños y modelos ideados para tal fin resultan imposibles de
cuantificar.
Durante
mucho tiempo, las vajillas destinadas a licores y vinos eran más
preciadas cuanto más sofisticadas y valiosas. Sin embargo, en los
últimos años se ha tendido a la pureza de formas y se han tomado en
consideración todos aquellos aspectos que redundan en un mejor
aprovechamiento de aromas y sabores.
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Cualidades necesarias
Antes, cada región vinícola solía adoptar un modelo de copa propio.
Ahora, existe una tendencia a la homogeneización de formas y
tamaños, amoldadas a las irrefutables conclusiones de los expertos.
Se impone una copa de cristal transparente y fino, que deje apreciar
el color del vino sin cortapisas, de forma tipo balón, ligeramente
cerrado por arriba, para evitar que los aromas se escapen y poder
agitar fácilmente el contenido, y un tallo esbelto que permita
sujetar la copa sin necesidad de posar ni un dedo sobre el líquido,
ya que ello podría dar lugar a que se marcase la huella o a que
transmitiese calor al caldo.
Éstas son las cualidades necesarias de una copa ideal. Todos estos
requisitos los cumple la copa “Oenologue”, procedente de Burdeos,
que está siendo adoptada por otras comarcas vinícolas. Es posible
que esta copa “Oenologue” acabe desbancando en la mesa a los modelos
más valiosos y sofisticados y, en las catas, al clásico catavinos
homologado “Afnor”, menos estético y de inferior tamaño.
Puede ser difícil de comprender, para los profanos, que una
variación de tamaño o un par de milímetros más en el grosor del
vidrio pueda afectar el resultado final de algo tan tradicional como
es el vino. Pero así es. La degustación del vino es un juego
sensorial en el que todas las percepciones, por livianas que sean,
van a resultar válidas. Por eso, el continente es necesariamente
determinante en ella. A este respecto, debemos saber que expertos en
la cata han hecho más de un experimento sobre este tema y han
comprobado que el mismo vino se expresa de forma muy diferente según
dónde se vierta.
Aparte de la copa para la cata, está la copa que se utiliza en los
restaurantes. En los últimos diez años se ha estandarizado una copa
típica para los restaurantes, que responde al modelo bordelés y que
ha supuesto un gran avance hacia la copa de vino ideal, pues su
diseño, a falta de algunos matices, se acerca bastante al definido
por los entendidos como el más idóneo.
Últimos diseños
Mención especial merecen los diseños del austríaco Georg Riedel,
quien, desde hace años, está experimentando con las formas y tamaños
que mejor se amoldan a cada tipo de vino. La colección Riedel está
compuesta por copas cuyo diseño se fundamenta en lo que podríamos
llamar estética de lo práctico. En ellas se impone la elegancia de
las formas y la finura y transparencia del cristal. Los diseños de
Riedel intentan lograr un modelo idóneo de copa para cada tipo de
vino (chardonnay, champán, cabernet – sauvignon, pinot – noir,
riesling, etc.). Configuran una colección muy loable y preciada por
los paladares más puristas, que cada día está más en boga.
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