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LA FORMA DE LA
BOTELLA DE VINO
Algo similar ocurre con las formas
de las botellas. Siempre son concebidas con criterios enológicos y
no fantasiosos, es decir, que si las botellas de vino tienen una
forma determinada no es por puro capricho del fabricante, sino para
mejorar la conservación del vino
Aparte,
siempre existe también un componente estético, pero nunca se debe
olvidar que la maduración del vino continúa en la botella. En la
botella bien tapada, con un corcho sano, se produce una reducción
que desarrolla el bouquet del vino, armonizándolo y redondeándolo.
Desde el siglo XVIII, el sentido de la funcionalidad, la costumbre y
la manejabilidad han jugado también en detrimento de formas más
barrocas y han ido definiendo unas líneas prácticas y lógicas para
las botellas que se comercializan.
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Reproducimos a continuación un cuadro
que incluye una descripción de los perfiles de botellas más
característicos y famosos del mundo entero. En lo que respecta a la
capacidad de las botellas, los tamaños más corrientes son los tres
octavos y los tres cuartos de litro, así como la botella de litro y
medio. La imagen más extendida es la de 75 cl., de estética
equilibrada, práctica y manejable.
# No obstante, cuando el vino es envasado con la intención
premeditada de dejarlo envejecer en la botella, se pueden usar
tamaños más grandes. Los franceses han creado distintos tamaños de
botellas, con volúmenes oficializados. En el caso del champán, estos
tamaños son los siguientes: Magnum (1’5 litros).
# Jeroboam (3 litros).
# Réhoboam (4’5 litros).
# Matusalem (6 litros).
# Salmanazar (9 litros).
# Baltasar (12 litros).
# Nabucodonosor (15 litros).
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