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CUANTO TIEMPO SE
CONSERVA UN VINO
El consumidor,
ante un vino, muchas veces se plantea si se trata de un caldo para
beber en el momento o ese mismo año, o bien si éste debe envejecer y
esperar su momento óptimo para ser degustado.
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Y en verdad se encuentra ante una duda
compleja. No obstante, existen algunas normas generales que pueden
aplicarse a este peculiar dilema. La gran parte de vinos blancos
secos y frescos, así como los rosados y los tintos ligeros deben
beberse jóvenes, es decir, a partir del mes de noviembre que sigue a
la vendimia.
Pero, cuidado, existen algunas excepciones en este caso, como los
grandes vinos blancos. Los tintos que han pasado por una crianza
necesitan, en general, un envejecimiento más largo para alcanzar su
plenitud. Este envejecimiento se efectúa en botellas, aunque suele
estar precedido por un período en barrica.
Por otro lado, hay que saber que los champanes y cavas, como los
vinos de aguja, no ganan nada en botella, una vez comercializados,
y, en cambio, si se los guarda en la bodega mucho tiempo pueden
perder todas sus cualidades: aroma, perfume y frescor. El momento
más favorable para su consumo será precisamente el de su puesta en
el mercado. Los chacolís o vinos enverados de baja graduación (entre
8 y 10º) rara vez conservan sus virtudes y cualidades pasado el
primer año.
Lo contrario sucede con los vinos generosos y con los vinos dulces
licorosos, que tienen una larguísima vida, dependiendo de las
condiciones de conservación.
En este último capítulo de vinos de larga duración entran también
las mistelas y los vinos rancios, tanto blancos como tintos, las
malvasías, los vinos de vendimias tardías de Sauternes, Alsacia y
Alemania, los Oportos y Madeiras, los Moscateles Mediterráneos, etc.
En general, se puede establecer que la duración de un vino será
mayor cuanto mayores sean su graduación alcohólica, su acidez y su
astringencia, característica esta última aportada por los taninos
procedentes de la uva y, en los casos de crianza, por la madera de
roble. Así se explica la mayor duración de los vinos tintos. El
tinto envejece muy bien en botella, pero su evolución en el vidrio
es más lenta que en la madera.
En la botella, al cabo de un cierto tiempo, el vino cesa de
desarrollar su bouquet y se gasta. Cuando ocurre esto, la impresión
sedosa o aterciopelada que un buen tinto deja en el paladar se
degrada, sus aromas se apagan y el color se vuelve tostado y opaco.
Es el punto en el que el vino ha comenzado a deteriorarse y, por lo
tanto, ha emprendido el camino hacia su destrucción, hacia su
muerte.
En cualquier caso, debemos saber que, siempre y cuando tengamos
cuidado de no dejarlo envejecer en exceso, el vino conservado en
botella, con el paso del tiempo, irá perdiendo sus aromas primarios
de uva y desarrollando sus aromas secundarios y terciarios, hasta
volverse más redondo y delicado.
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