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Consejos prácticos
para romper la baraja y forrarse definitivamente con la propiedad
intelectual.
David Bravo
da una lista de directrices a la industria discográfica para que
esta continúe forrándose definitivamente con la propiedad
intelectual.
La industria
tomará las medidas que hagan falta para protegerse a sí misma y a
sus beneficios. No perderá esa entrada de dinero pase lo que pase”
Steve Hackler, Vicepresidente de Sony
Cuando leí esta declaración quedé impresionado por su sinceridad.
¿Conservar los beneficios pase lo que pase? Si ese es el objetivo y
realmente se ha de conseguir caiga quien caiga, ¿por qué la
industria no va a por todas? Por ello, y haciéndome pasar por un
ejecutivo de una discográfica, lancé estas útiles directrices:
1.- Detengan de una vez a los imbéciles que cuentan el final de
las películas.
Cuando fui a ver en su estreno la película “Los Otros” un gracioso
salió del cine contando el final y desvelando la sorpresa a toda la
cola que esperaba la siguiente sesión. Muchos perdimos gran parte
del interés y decidimos no entrar a la sala. No hace falta ser muy
avispado para darse cuenta de que esa escena que se repite en todos
los cines de todas las ciudades del mundo causan considerables
perjuicios económicos que no tienen porqué tolerarse. Y no solo eso,
Internet está contaminada de tipos que se dedican a destripar todas
las películas sin ningún reparo y para colmo el otro día vi que
Javier Coronas en “Lo + Plus” desvelaba el sorprendente final de “El
Sexto Sentido”, algo que en pleno apogeo comercial de esa película
ya hizo Javier Sardá en el programa más visto de la televisión.
¿Cuántas entradas se dejaron de vender por esas gracietas? Detengan
a esos enemigos de la cultura, ya está bien de ir de buenos. Con los
piratas: tolerancia cero.
2.- Encerremos a los protestones.
El otro día la cantante de Tahúres Zurdos llamó a las cosas por su
nombre y calificó a los usuarios de P2P como “gentuza” y “ladrones”.
Seguro que más de un llorica irá de ofendido y se creerá que tiene
derecho a la réplica. La libertad de expresión hoy en día no es como
antes donde solo hablábamos los señores que teníamos acceso a los
medios de comunicación. Hoy cualquier pendejo electrónico puede
decir lo que le de la gana en Internet. No se confundan, estoy de
acuerdo con la libertad de expresión, pero una cosa es libertad y
otra libertinaje. Para dejar las cosas claras tenemos que contratar
un ejército de abogados que rastree Internet y plante denuncias a
todo aquél que tenga el teclado demasiado ligero. Ya verán como
cuando caigan tres de ellos los demás dejan de hablar y se van otra
vez al chat de ligue del que nunca debieron salir.
3.- Hagan la lobotomía a los artistas.
Va en serio: los que piensan por si mismos son un engorro y terminan
mordiendo la mano que les da de comer. Algunos han olvidado que su
trabajo consiste en crear productos que nosotros vendemos y no en ir
de intelectuales dando sus opiniones sobre cualquier cosa y mucho
menos sobre nuestra industria. Es cierto que cuando abran la boca
siempre podemos retirarles los discos de las tiendas hasta que se
retracten de sus declaraciones como hicimos con Alaska, pero esto,
además de ser muy molesto, es un sistema lento y anticuado. ¿Qué tal
si directamente contratamos a los que no piensan o a los que solo
saben largar todas esas cosas que se nos ocurren en los despachos?
Si han escuchado a Natalia de Operación Triunfo hablar sobre la
piratería saben exactamente a lo que me refiero. Se me cae la baba
cada vez que la escucho decir que su lema es “Di no a la piratería,
di sí a la música”. ¡Ese es definitivamente el camino!
4.- Acaben de una vez con los directores de las malas películas.
¿Alguien ha visto “Kárate a Muerte en Torremolinos” o “Slam”? ¿Hay
algo que perjudique más a la industria que películas como éstas?
¿Existe alguna razón de peso para justificar que los directores de
productos como estos continúen todavía en libertad? Propongo su
busca y captura. La salud de la industria lo agradecerá.
5.- Acaben también con los directores de las buenas películas.
Seamos sinceros de una vez: aquí estamos para ganar pasta. Ya vale
de hablar de cultura porque no es de eso de lo que se trata. No
queremos películas de grandes autores para que vayan a verlas los
cuatro gafotas intelectuales de siempre, aquí lo que queremos es a
Will Smith sin camiseta y matando marcianos a hostias. Queremos
llenar cines, vender muchas entradas y forrarnos, así que ya está
bien de dar dinero a esos supuestos genios cuyas películas solo ven
los que se han creído que el cine puede ser algo elevado. Las buenas
películas son sencillamente perjudiciales para la taquilla. Dejemos
de producirlas de una vez. No seamos acomplejados incapaces de
comprender que el cine es solo una mercancía. Mi lema es: “Adiós
Woody Allen, bienvenido Vin Diesel”.
6.- Ha llegado la hora de despedir a los buenos músicos.
Por supuesto lo anterior se hace extensivo a la música. ¿Se puede
saber por qué existen todavía los cantautores cuando tenemos a
Malena Gracia? ¿Dónde van a estas alturas con la guitarrita a
cuestas? ¡Por el amor de Dios que estamos en el siglo XXI!. Además
¿qué tiene de pegadizo un estribillo que diga “un muerto encierras”?
Es deprimente y nadie sabe lo que significa. ¿Que yo encierro un
muerto? ¿Dónde? Compárenlo con “chachi que si, chachi que no”. ¡No
hay color! Es claro, directo y solo con escribirlo me entran ganas
de ponerme a bailar. Esos trasnochados de los cantautores pueden ir
haciendo las maletas, que den la plasta con sus neuras ideológicas y
sentimentales a los familiares y amigos. Aquí a lo que se viene es a
vender discos. Aquí a lo que se viene es a ganar pasta.
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