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El ocaso del Rock & Roll.

José Cervera reflexiona acerca de que es lo que pasa cuando los viejos rockeros piden más policía.

Así que en esto acaba la rebeldía del Rock and Roll: en pedir más policía. El cantante español Miguel Ríos publica hoy en el diario madrileño El País un apasionado alegato (suscripción de pago) en el que llama a una huelga de músicos para castigar a un gobierno que considera no hace lo suficiente para proteger sus derechos y a una sociedad que hace demasiado por violarlos.

Ausentes de sus reivindicaciones están sus patronos, la industria fonográfica y los intermediarios de derechos de autor, por inferencia inocentes damnificados, como el propio Miguel Ríos, del ataque de una sociedad que viola la ley tolerando y usando el "top manta" sin bastante respuesta policial. No se le ocurre al rockero que la falta de alternativas ofrecidas por su industria y el empecinamiento en la vía judicial como única respuesta puedan tener algo que ver con el problema. Ni que pedir más policía no sólo vaya contra la tradición del Rock & Roll, sino que pueda tener consecuencias sociales indeseables.

Hay que distinguir, y Miguel Ríos lo hace, entre "top manta" y redes P2P. El veterano músico incluso se declara partidario de la copia privada, y de la diseminación de su obra por esta vía. Nada que objetar a su opinión a este respecto, salvo que algunos políticos que trabajan en conceder a Ríos sus deseos no se paran en distingos y tienden a meter en el mismo saco a unas y a otras. Lo cual acaba en policías persiguiendo "fans"; al final acaba en personas que adoran su música encarceladas por el delito de escucharla.

Lo más llamativo de la diatriba es una clamorosa ausencia entre los objetivos de las reivindicaciones de Miguel Ríos. El cantante apunta el arma de la huelga contra "el Gobierno y la sociedad"; el gobierno porque no hace lo bastante y no se da suficiente prisa, la sociedad... no está claro, aunque parece que debido a su empeño en cambiar, en reemplazar los modelos existentes de disfrute de la música y sus beneficiarios.

Sin embargo la industria fonográfica, sus patronos, no están entre los blancos de la ira de Ríos, sino más bien entre las víctimas. Todo el mundo es culpable de lo que les ocurre, excepto precisamente quien más cerca está y más podría haber hecho, y no ha hecho, para proteger el negocio de la música. Todos somos culpables (gobiernos, sociedad, "fans"), pero la industria del disco y los intermediarios culturales no tienen culpa alguna.

En todo esto hay mucho de lo que quejarse. Pero Miguel Ríos no se queja de que sus patronos (o socios, o co-damnificados, como prefiera) amenacen con meter en la cárcel a la gente por algo que él mismo considera legítimo (La posibilidad de clonar nuestro esfuerzo en "copias privadas" nunca me pareció mal. Que alguien se copie mis discos y los regale a quien quiera me halaga.). No se queja del abandono de una industria que ha permitido que gentes ajenas al gremio se les coman la merienda, que está dispuesta a defender los derechos de los autores aunque salgan perjudicados, que no se para en barras (como derechos básicos) a la hora de hacerlo, que ha demostrado reiteradamente su capacidad de abusar de sus derechos, y que sólo ahora (cuando probablemente sea ya tarde) ha empezado tímidamente a adaptarse al futuro.

No se queja de la interesada confusión entre "top manta" y redes de intercambio de ficheros a la hora de legislar. No se queja de que sólo se escuche a una parte cuando se hacen las leyes, o de la ausencia de representación de los aficionados a la música en el proceso. No se queja de que estas leyes amenacen derechos fundamentales, y lo justifiquen en nombre de los autores. No se queja de que no se potencien alternativas reales al "copyright", capaces de proteger la cultura. No se queja siquiera de los bien documentados abusos que las fonográficas perpetran rutinariamente a los músicos.

No. Miguel Ríos se queja de que la sociedad quiere cambiar y las leyes y la policía no lo impiden.

Cuando los viejos rockeros, antaño vanguardias de la rebelión y la novedad social, se dedican a defender el endurecimiento de las leyes y la intervención del ministerio del Interior es que algo se ha roto. Éste no es el espíritu del Rock & Roll. Éste no es el espíritu de Internet.

Las simpatías de la Red están con los oprimidos, con los damnificados, con los abusados. Pocos condonan el "top manta" como solución a los problemas de la música; la mayoría lo consideramos un (grave) síntoma de una enfermedad que puede llegar a ser mortal para una industria y un modelo de negocio, e incluso podría dañar el mismo espíritu de la música. Hay que curar esa enfermedad, y hay que acabar con ese síntoma.

Pero la vía para hacerlo no es matar al paciente a base de un (aún más) draconiano endurecimiento legal y una mayor persecución policial. El P2P y la música digital no son parte de la enfermedad, sino una posible cura. No se puede salvar al Rock & Roll a base de más policía, pero sí se puede trabajar en salvarlo con la colaboración de quienes disfrutamos de la música y queremos que siga sonando.

Hace falta una huelga, sí. Pero no contra la sociedad, sino a favor de ella y en contra de los oscuros intereses que están conspirando para dañar al público, a los músicos y al mismo Rock & Roll

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