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Demuestran por qué
la venganza produce sensación placentera
Se
puede fruncir el ceño ante ella, se la puede considerar moralmente
baja. Sin embargo, los actos de venganza personal reflejan un
sentido de justicia con raíces biológicas. "La mejor manera de
comprenderla no es considerarla una enfermedad, una falla moral o un
delito sino una conducta profundamente humana y a veces muy
funcional", dice el doctor Michael Mc Cullough, psicólogo de la
Universidad de Miami.
.
Durante mucho tiempo los antropólogos argumentaron que los actos de
represalia mantienen a la gente controlada en aquellos lugares donde
no existen leyes formales o éstas no se imponen. "Recientes
investigaciones determinaron que las comunidades estables dependen
de las personas que tienen una inclinación nata hacia el castigo de
quienes violan las normas de la comunidad", sostuvo el doctor Joseph
Henrich, antropólogo de la Universidad de Atlanta.
La
mesa está servida
Utilizando la tecnología que estudia las ondas cerebrales, el doctor
Eddie Harmon-Jones, un neurocientífico de la Universidad de
Wisconsin, descubrió que cuando a la gente la insultan se produce
una gran actividad en la corteza prefrontal izquierda, que también
se activa cuando se prepara para satisfacer el hambre y otras
necesidades. Esta actividad parece reflejar, según Harmon-Jones, no
tanto la sensación que produce el hambre sino la preparación para
expresarla, es decir, la presteza para responder a esa sensación.
"Se ha
demostrado que el manifestar la ira a menudo hace que aumente y
lleve a mayor agresión", dijo el doctor Brad Bushman, psicólogo de
la Universidad de Michigan, "pero la gente la expresa por la misma
razón por la que come chocolate."
Saborear el gusto puede ser suficientemente satisfactorio. Cuando a
Kurt Raedle, 40, vendedor de la Ciudad de Kansas, Mo., le robaron su
saco de cuero nuevo en una fiesta, fantaseaba con la idea de poner
sus manos encima del ladrón. Un mes más tarde, un amigo suyo vio al
ladrón en un bar usando su saco y avisó a Raddle, que lo llamó por
teléfono.
"Se
sintió culpable y quería enviarme el saco por correo, pero yo no
acepté, quería que me lo devolviera personalmente, en la casa de mis
padres". El castigo: media hora de discurso sobre moral y lecciones
de vida por parte del padre del señor Raddle, con su 1,90 metro y
sus 100 kg. Esta clase de represalia está cerca de lo que los
sociólogos y filósofos llaman retribuciones merecidas.
El
doctor John M. Darley, profesor de psicología y asuntos públicos en
la Universidad de Princeton, afirma que tales acciones involucran un
esfuerzo deliberado para obtener una retribución a la medida del
delito, a menudo teniendo en cuenta tantos detalles importantes
sobre el transgresor y el delito como sea posible.
En
algunos casos la gente mitiga sus sentimientos de ira haciendo
pública su protesta. En un estudio realizado en 2003, el doctor
Harmon-Jones estudió los patrones de las ondas cerebrales en
estudiantes a quienes se les había dicho que la universidad
aumentaría mucho sus cuotas. Todos se enojaron, pero firmar un
petitorio para detener los aumentos dejó satisfechos a muchos.
Sin
embargo, la naturaleza de este seudo apetito nos inducen a caer en
el exceso: aquellos que se sienten víctimas de una mala acción a
menudo la magnifican y sueñan sensuales fantasías de revancha, como
la destrucción de una casa o el bailar sobre una tumba.
.
Pensemos en esta urgencia como si fuera hambre, codicia, una
carencia que el cerebro está tratando de llenar, "y de esta manera
-dijo el doctor Mc Cullongh-, podremos comprender por qué las
fantasías de venganza pueden ser tan deliciosas". Pero también,
dicen los investigadores poca gente quiere parecer vengativa. "Lo
ideal," dijo el doctor Robert Baron, un psicólogo de la escuela de
gerenciamiento en el Instituto Politécnico Rensselaer en Troy, Nueva
York, "es arruinar a otro sin que ni siquiera se dé cuenta de lo que
ha pasado." El doctor Baron estima que la diferencia entre los actos
de venganza indirectos y los directos es de 100 a 1. La forma
indirecta protege a la gente, pero le da un falso sentido de
control. Una persona que se siente profundamente ofendida puede
responder con una venganza a medias, faltando a una cita, sumiéndose
en el silencio por un corto período.
Pero
el doctor Rosen afirma que esta táctica tan común le permite creer
que ha mantenido su moral en alto. Concientemente o no, se dan a sí
mismos espacio para exigir más revancha. El problema, dicen los
psicólogos, es que la respuesta reprimida de un hombre es el golpe
dado a otro. Muchas de las personas que el doctor Baron estudió
esperaron años para ponerse en igualdad de condiciones con otros.
Durante las entrevistas, algunos hasta se frotan las manos ante el
recuerdo, como los villanos de los dibujos animados.
Pero hay otras opciones, dice John Sawyer, 44, un
hombre de negocios de Denver que vivía diariamente pensando en
vengarse después de haber sido herido durante un intento de robo. Le
llevó seis meses recuperarse físicamente y alrededor de un año
superar su enojo con los tres hombres que lo habían herido. Pero los
perdonó. "Y creo que perdonarlos fue mi propio modo de vengarme"
dijo. "Fue una demostración de que no me habían vencido; como
elevarme por encima de lo que había sucedido y por encima de ellos."
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