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Armstrong
derriba la última barrera
Lance Armstrong ya es el más
grande del Tour. El impresionante atleta tejano escuchó el himno de
Estados Unidos en los Campos Elíseos por sexto año consecutivo. Ha
dejado a sus espaldas a Miguel Induráin, Bernard Hinault, Eddy
Merckx y Jacques Anquetil. Y su récord de victorias todavía puede
crecer con un séptimo el año próximo.
Vistió a su equipo con bandas y ribetes amarillos en los maillots y
se montó en una bicicleta dorada para recorrer los últimos
kilómetros de su grandiosa victoria. En la meta de los Campos
Elíseos le esperaban su amigos, su novia, Sheryl Crow, y su madre,
la persona que le inculcó el afán de superación como norma de
cada segundo de su vida.
Dijo
Armstrong en las vísperas que el gran momento de este Tour sería la
llegada a París. Que no recordaría nada más importante a lo largo de
los últimos 21 días de competición. Que romper la barrera con la que
no pudieron los más grandes de la historia del ciclismo iba a
suponer para él el capítulo inolvidable de una historia que
comenzó en 1999, cuando "por sorpresa" se subió por primera vez al
gigantesco podio de los Campos Elíseos.
Pero el
sexto Tour ha sido, como los cuatro anteriores, fruto del estudio
y la preparación milimétrica de todas las facetas que componen
la carrera más dura y más complicada que existe. Armstrong lo llama
"una mezcla de talento y de trabajo". "El secreto es una atención
permanente durante todo el año, incluso en Navidad. Pero no sólo yo,
sino todo el equipo", explica.
Todos
los grandes hombres-Tour de la historia fueron meticulosos y
trabajadores. La diferencia abismal entre ellos y Armstrong es el
tipo de liderazgo que ejerce en su formación. Es más que un líder,
es más que el mejor ciclista. Es prácticamente el patrón, quien
paga, quien extiende los cheques, quien negocia los patrocinios,
quien elige a su compañeros.
·
El
jefe de los caníbales
Las
marcas logradas este año 2004 por el increíble ciclista de Plano,
Tejas, eran inimaginables. Ganar cinco etapas en una misma carrera
no es tan extraordinario, pero sí lo es que sean de tan diferente
estilo, que sea tan fuerte en el llano o en el pavés como en montaña
o en la contrarreloj. Sólo Eddy Merckx era así y lo llamaban
Caníbal.
Los
gregarios han estado a la altura de los líderes rivales, mejor en
muchos casos. El US Postal ha bloqueado la carrera y la ha dirigido
justo hacia el punto de su propio interés en cada instante.
Armstrong no ha sido el único antropófago, sino el jefe de una banda
de nueve caníbales hambrientos.
·
Una nueva filosofía
De
entre todos los campeones, Armstrong ha aportado una filosofía del
ciclismo diferente y por tanto incomparable. Se criticó mucho a
Miguel Induráin porque sólo preparaba el Tour. No disputar la Vuelta
a España parecía pecado mortal y ganar dos veces el Giro y la ronda
francesa en un mismo año parecía demasiado poco.
Miren a
Armstrong: su palmarés sólo engorda durante tres semanas de julio.
De aquí a la primavera próxima no esperen verle competir. La
pregunta, que él no ha querido contestar, es si estará de vuelta en
2005 para subir el listón al séptimo cielo. Pero todo indica que con
el patrocinio firme de Discovery Communications por tres años y las
renovaciones de hombres clave como Chechu Rubiera o José Azevedo, el
futuro pasa de nuevo por el Tour de Francia.
Fuente : elmundo.es
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