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Un día en la
vida de un 'campusero'
Se
acuesta y levanta tarde, chatea, juega 'on line' durante las horas
que haga falta, come en el tiempo que le sobra y, mientras tanto, su
ordenador descarga todo tipo de material a velocidades que —salvo
excepciones— no puede alcanzar desde casa. Así es, al menos por una
semana, la vida del 'campusero' medio, un aficionado a la
informática de entre 15 y 25 años al que algunos desde fuera
consideran un bicho raro.
Como cada año, los participantes de la
Campus Party —5.000 en esta
octava edición— vienen a Valencia a aprovechar al máximo las
posibilidades que ofrece la Red, conocer gente, disfrutar de la
fiesta y, en ocasiones, a demostrar lo 'geeks' o 'freaks' que pueden
llegar a ser.
En la carpa instalada en la
Ciudad de las Artes y las Ciencias
pueden verse decenas de ordenadores retocados a base de 'modding',
una afición que consiste en personalizarlos física y estéticamente
para diferenciarse de los demás y optimizar su rendimiento.
Así, como ocurre en la calle con los coches
'tuneados', en concentraciones informáticas como ésta no es difícil
encontrarse con máquinas prácticamente irreconocibles,
modificadas a fondo con el esfuerzo y dinero de sus dueños.
Delante de ellas —y de las que siguen como el día que
salieron de la tienda—, los 'campuseros' pasan casi todo el día
jugando y 'bajándose' decenas de gigabytes de música,
películas y otros contenidos para volver a casa cargados hasta
arriba después de haberlos grabado en CD o DVD cuando los discos
duros están ya a reventar.
Y precisamente al 'tostar' sus discos vírgenes es
cuando más se acuerdan de la polémica que desde hace tiempo les
enfrenta a la SGAE, causante de una
subida de temperatura en la
Campus Party durante una conferencia sobre las redes P2P y el
canon sobre soportes digitales, que los usuarios critican por
considerarlo un "robo" inaceptable.
Por este motivo, desde el primer día hay una caja
instalada en el pasillo para que los participantes puedan depositar
sus CD dañados —"petados", dice el cartel— y recordar así a los
autores la injusticia que, desde su punto de vista, supone esta tasa
por copia privada.
Cuando vuelvan el domingo o lunes a sus habitaciones,
recuperarán su ritmo de vida normal —o no—, dejarán de indignarse
cada cierto tiempo por los apagones y tendrán que sufrir de nuevo la
lentitud de las conexiones españolas, pero ésa será otra historia.
Fuente : elmundo.es
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