Séptimo y rápido
encierro de Sanfermines
El séptimo y penúltimo encierro de
los Sanfermines, corrido por la ganadería debutante de Fuente Ymbro,
ha resultado el más rápido de los Sanfermines 2005 con alrededor de
dos minutos y medio de duración, y ha registrado numerosas caídas de
toros y mozos, aunque al parecer ninguno de ellos herido por asta,
informó EFE.
Tras sonar las ocho campanadas en el
reloj de la iglesia de San Cernin, la manada partió de los corrales
de Santo Domingo agrupada y encabezada por los cabestros y así
enfiló la cuesta hasta el encuentro con los mozos, que pronto vieron
cómo, por la izquierda del grupo de astados, uno de ellos realizaba
continuos derrotes pero sin llegar a alcanzar a ninguno.
En este tramo, donde la gran velocidad que tomó el grupo hizo que se
estirara condos mansos y cinco toros en cabeza, se registraron las
primeras caídas de corredores.
Caída de cinco toros
Por la plaza del Ayuntamiento y por la calle Mercaderes, uno de los
de Fuente Ymbro se adelantó, aunque sin que todavía la manada se
rompiera, una circunstancia que sí se dio en la curva, donde cinco
toros resbalaron y chocaron contra el vallado, pese a lo cual
continuaron enseguida la marcha.
El sexto se detuvo en el arranque de Estafeta y se volvió
peligrosamente, pero sin consecuencias debido a que llegaron los
mansos de cola y se lo llevaron tras sus hermanos, aunque sin llegar
a alcanzarlos ya en todo el recorrido.
En la primera parte de esta calle, la manada se organizó con un toro
por delante, seguido por dos cabestros y tres astados más y el
quinto cerrando el grupo, con el último de los Fuente Ymbro a unos
50 metros por detrás.
Lucimiento ante las astas
La presencia de muchos menos corredores que otros días permitió a
los que se dieron cita lucirse ante las astas, aunque también en
este tramo hubo numerosas caídas de mozos, alguno de los cuales fue
pisado por la manada.
Ya por Telefónica, el grupo pasó veloz con cuatro toros y dos
cabestros en cabeza, que se trompicaron al entrar en la plaza, a
donde instantes después accedieron los otros dos astados.
La manada enfiló poco a poco el camino a los chiqueros, excepto el
último de los bureles, que se resistió hasta que el buen hacer de
los dobladores le condujo con sus hermanos.
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