Asesores
reales dijeron que la decisión pretendía respetar los deseos de
Carlos y Camilla Parker Bowles, que quieren una ceremonia discreta
el 8 de abril.Sin embargo, los tabloides británicos obsesionados
con la monarquía coincidieron en considerarlo un "desaire colosal"
por parte de una Reina convencida de que su presencia en el evento
rebajaría a la monarquía.
"Este debería ser el día más feliz en las vidas de Carlos y
Camilla", dijo el Daily Mirror en un editorial. "En lugar de ello,
se está convirtiendo en una pesadilla".
La decisión de la Reina supuso el último giro de unos preámbulos
cada vez más caóticos a la boda entre el heredero al trono, Carlos,
de 56 años, y la divorciada Camilla Parker Bowles, de 57.
Desde el anuncio de la boda el 10 de febrero, el palacio ha visto
cambiado el lugar de celebración y han aumentado las dudas sobre la
legalidad de los matrimonios reales en una ceremonia civil.
"Ha pasado de una operación sin problemas a un alboroto y ahora
una farsa", dijo el experto constitucional David Starkey a Reuters.
Bajo el titular "Bomba real", el diario Sun dijo que sería la
primera vez que un monarca británico se pierde la boda de uno de sus
hijos en 142 años.
"Más humillación para el príncipe", dijo en primera el Daily Mail
sobre un artículo que calificó la decisión de la Reina de
"destructora y sin precedentes".
"Las madres siempre van a tu boda quienquiera o dondequiera que
estés", dijo el fotógrafo real Arthur Edwards a Sky News.
El Palacio de Buckingham rechazó sugerencias de una discusión,
subrayando que la Reina asistiría a una bendición religiosa de la
pareja por parte del arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, que se
celebrará después de la ceremonia en el Ayuntamiento de Windsor.
"La Reina no asistirá a la ceremonia civil porque tiene presente
que el príncipe y la Sra Parker Bowles querían que la ocasión se
mantuviera de bajo perfil", dijo el palacio en un comunicado.