Y, estos datos no pasan
inadvertidos a los internautas, puesto que los
casinos online bombardean con agresiva
publicidad entre la que es fácil perderse. Saber
identificar los lugares fiables es tan
imprescindible como tener claro que es más fácil
perder que ganar, y que por tanto el juego
online es, en todo caso, un divertimento, no
una forma de 'salir de pobre'.
La Red ofrece
innumerables webs que se dedican a los
juegos de azar, apuestas, quinielas, loto, casinos
virtuales... Pero dentro del juego online
hay un fenómeno especialmente en auge: las apuestas
deportivas, aunque también permiten en ocasiones
pujar por otro tipo de eventos, por ejemplo, el
ganador de concursos televisivos como Gran
Hermano. Están teniendo un éxito destacable
sobre todo en países anglosajones, desde siempre más
dados a esta práctica, pero que ya han echado raíces
en España.
“Tanto es así que ya
en Reino Unido, muchos brokers que se
dedicaban exclusivamente a invertir en Bolsa han
decidido convertirse en apostadores profesionales,
totalmente reconocidos por la Administración
inglesa. Nuestra compañía gana entre un 2% y un 5%
sólo de las apuestas ganadoras, no de las
perdedoras. De ahí, que de igual si pierden o ganan
lo que queremos es que jueguen”, afirma
Sasha Michaut, director para España de la
empresa Betfair.
¿Quién
apuesta?
Los sitios de
apuestas deportivas suelen cobrar una comisión sobre
las ganancias y también es habitual que no permitan
retirar el dinero hasta que no se haya alcanzado una
cantidad mínima estipulada previamente.
En España, el cliente
habitual de estos servicios son los hombres, en un
92%, de 31 años de edad media. De ellos, el 85% hace
apuestas, el 12% se meten en el casino y el 3%
juegan exclusivamente al poker. Cada usuario se
gasta una media de 200 euros al mes.
Los analistas
expertos creen que el mercado del juego en Internet
todavía no ha llegado a su cénit, ni ha tenido un
boom, “aunque nosotros lo esperamos para un
futuro muy próximo. Para abrirnos paso en el mercado
español, lo que hemos hecho ha sido plantear un
juego sencillo y ágil. La forma de apostar es la que
se conoce como ‘porra’. Ponemos el precio de la
apuesta, valorando el riesgo, en ese precio ya está
metida nuestra comisión”, explica Jordi Muro,
director de Operaciones para España de
Miapuesta.com.
El mercado español
tiene mucho interés para estas empresas ya que el
alto interés por el mundo de los videojuegos, los
juegos online, los deportes, así como el
alto nivel de gasto de la gente en las quinielas,
loterías, bingos y otro tipo de máquinas recreativas
hacen de España un pastel muy apetitoso.
Regulación
del sector
La European Betting
Association (EBA), organización que agrupa a 14
casas de apuestas en la Red, con una cuota de
mercado del 80% en Europa, ha llevado a España ante
la Comisión Europea por lo que considera una
vulneración de la normativa comunitaria.
Según esta
organización, el juego en España es, en la práctica,
un monopolio en manos del Estado, que impide a los
operadores privados y a las casas de apuestas de
otros países competir en igualdad de condiciones.
“En España, sólo
Loterías y Apuestas del Estado (LAE), la
Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) y
las comunidades autónomas tienen derecho a
gestionar, explotar y comercializar juegos de azar,
dentro y fuera de la Red. Nosotros pedimos la
liberalización de este sector, como pasó en su día
con los combustibles y la energía. Este mercado
debidamente regulado puede estar en manos privadas,
y así podríamos abrir tiendas físicamente en las
calles de España, como lo hacemos en Reino Unido.
Esperamos que se aclare pronto esta situación”,
comenta Muro.
Por otra parte, la
última tendencia es llevar el juego online
a los dispositivos móviles, como computadoras de
mano o teléfonos móviles de tercera generación.
Según informa Telecoms & Media, este
mercado moverá 1.200 millones de dólares durante el
presente año, que se convertirán en 7.600 millones
en 2010. Para entonces calculan que habrá 200
millones de jugadores que empleen sus móviles y PDA.
No obstante, reconocen que hay aún mucho que andar
en materia legislativa y tecnológica