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A sus 28 años, este
ovetense aunque residente en Gijón, se presentó a
las pruebas para crupieres de "pura casualidad"
y ahora sabe que su futuro está en el casino. A
falta de cuatro asignaturas para acabar la
licenciatura de Física, no tenía experiencia en el
sector --sólo visitó una vez el casino de
Santander-- se ha especializado en ruleta francesa y
está encantado. "Me gusta mucho. Me lo voy a
tomar como una profesión a largo plazo. Tengo que ir
habituándome al horario de noche. Todavía no he
estado dentro del edificio pero mis profesores ya
entraron y me dijeron que está muy bien", dijo.
Durante los últimos
seis meses, el tiempo que duró el curso, Carlos
López ha pasado continuos ejercicios de agilidad
mental y agudeza visual y manual. Entre otras
actividades, los aspirantes a trabajar en las mesas
del casino debían cortar 20 fichas en cinco, cuatro
y tres bloques durante 45 segundos. Otro de los
ejercicios consistía en recoger 40 fichas de dos
colores y clasificarlas en bloques de 20 durante 23
segundos. Pero su formación también se ha centrado
adquirir criterios básicos para marcar el ritmo de
juego, recibir apuestas con claridad y mantener un
orden.
"Nos dieron
también alguna directriz para detectar tramposos.
Hay cosas muy curiosas como el acento canario que
mucha gente imita para confundirnos al pedir los
números, apuestas ambiguas", reconoció este
joven. Otra de las nociones que tienen los futuros
trabajadores del centro de juego es conocer el
idioma inglés, a nivel básico, y los números en
francés para entenderse con los turistas que acudan
al antiguo cine. Según López, los nueve profesores
que impartieron el curso eran todos crupieres y
ahora la mayoría se convertirán en jefes de sector
del casino. El curso de formación para los
profesionales del juego que trabajarán en el futuro
casino ha contado con una subvención de la
consejería de Educación por importe de 210.000
euros. |