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¿Qué pasaría si usted no existiera?
Los libreros han lanzado una
pregunta que nos deberíamos hacer todos. ¿Cómo cambiaría el mundo si
no existiéramos, es decir cada uno de nosotros? La respuesta en su
caso no es metafísica, sino que la aporta el mercado.El papel de los
libreros independientes es convertirse en los árbitros del gusto
literario. 'Eso no es trascendente?
n un interesante artículo reciente de
La Vanguardia E firmado por Xavi Ayén y titulado Los nuevos
reyes del libro se trataba el fenómeno de la concentración de
ventas de libros (51% de las ventas) en apenas media docena de
enseñas: El
Corte Inglés, Fnac,
La
Casa del Libro, y los hipermercados de Carrefour, Alcampo y
Eroski. De hecho, el primero de éstos, Carrefour, se ha convertido
en el segundo librero de España. Este proceso en el que el poder se
traslada de muchas man "ha conducido a libreros y editores a lanzar
un SOS por la supervivencia del ecosistema de pequeñas librerías".
Aquí hay que matizar.
Para empezar, cabría decir que tras todo esto subyace la paradoja
del desgaste de uno de los eslabones más críticos del sector. Así,
el responsable de un editor importante arguye en dicho artículo que
"nosotros estamos por el mantenimiento de la red de pequeños
libreros" mientras que el representante del gremio esgrime que
"asumimos la obligación moral -que no empresarial-de mantener un
buen fondo editorial, plural y diverso y vendemos el 90% de los
libros en catalán", y añade una pregunta de comprometidísima
respuesta: "¿Qué pasará cuando no estemos?"
Su dilema no es un caso exótico aunque tenga aspectos particulares.
Los procesos en los que un grupo pequeño de grandes jugadores se
apropian de todo, o de casi todo, se dan en muchos sectores. Han
sucedido en alimentación, en juguetes, en electrónica, o en material
deportivo. Se dan en mercados modestos en talla, como el de los
trajes de novia o los colchones de látex. Se dan en otros de tamaño
colosal, como en los sistemas operativos de PC´s. Al sector de
productos culturales tampoco le son ajenos. Se dan en el cine; donde
apenas un 3% de las películas es responsable del 70% de las ventas
en taquilla, y en el mercado discográfico, donde hace 50 años ya se
inventó un sistema para que el potencial comprador buscara
exclusivamente entre la lista de éxitos.
El sector de productos culturales, y el de libros en particular es,
sin embargo, muy diferente a esos otros mercados. Los libros son
productos diferenciados. Están cargados de significado. Descubrir un
éxito mientras es un durmiente produce más satisfacción que
cuando ya lo conoce todo el mundo. Recomendar a Ruiz Zafón en su
semana 21 no es lo mismo que hacerlo en la 120. Grisham, Danielle
Steele o Pérez Reverte no pueden producir ese placer porque ganan
desde la primera semana.
En películas, pero también entre los libros, se distingue entre
sleepers y blockbusters,algo así como éxitos
durmientes y los taquilleros.Por poner un ejemplo, entre
las películas un sleeper es Mi gran boda griega,que
con un presupuesto ínfimo (menos de 5 millones de dólares) tardó
casi 6 meses en despegar pero llevaba recaudados 225 millones un año
después. Un blockbuster es Titanic o Matrix2.Entre
libros, Desde mi cielo es un sleeper,y cualquier
Grisham, Danielle Steele, o los Terenci Moix de hace años, son
blockbusters.Los primeros se basan en la recomendación personal
del amigo entendido, la prescripción del profesional, y siguen
caminos impredecibles y poco replicables por el editor más avezado.
El éxito de un durmiente no se crea a través de los medios
masivos. Malcolm Gladwell, un ensayista americano, afirma que "el
camino a través del que un sleeper te alcanza es lento y
casual:… tienden a emerger del mundo del librero independiente,
porque estos son lugares donde los lectores formulan la pregunta que
dispara los éxitos sleepers:¿qué libro me puede recomendar?".
Muchos pre-sleepers se convierten en éxito a través de su
conversión en guión cinematográfico, de los clubs de lectores, o de
la recomendación de un prescriptor líder de opinión.
El blockbuster es otra historia. El autor renombrado es un
valor ineludible para ese gran comercio no especializado que
controla más de la mitad del mercado español. Una inspección de los
sitios de internet en los que se venden libros en el mundo (8% de
todo el comercio electrónico en nuestro país se destinó a la compra
de libros y revistas) permite constatar que muchos de esos
especialistas en ganadores ni siquiera dedican espacio a los
libros en sus lugares en la web. La prescripción que hacen está
sorprendentemente (¿deliberadamente?) saturada de títulos infantiles
y juveniles (¿será por las fechas?). Mucha de la prescripción que se
ve entre esos líderes del producto de consumo masivo carece de
criterio y está claramente dirigida a reducir el riesgo de
equivocarse del consumidor que regala libros a otros.
Una aguda observadora del sector apunta que el futuro del
blockbuster está presente en la lista de bestsellers de CNN. En
el top 10 hay 3 libros de dieta, dos de Dan Brown, uno sobre cómo
retener maridos, un Grisham de hace un año, 100 años de Soledad y
dos títulos más de valores seguros. Es como McLibro, me dice.
Así las cosas. ¿cómo se les ocurre a los libreros independientes
emitir un SOS ante las oportunidades que tal situación les brinda?
¿Qué pasará cuando no estemos? se preguntaba el presidente del
Gremio de Libreros. Es una excelente pregunta con una respuesta muy
dolorosa si se lleva a sus términos más literales. También depende
de cuándo se responda. Si desaparecieran hoy, el impacto sería grave
ahí donde constituyen la única oferta, pero sería asumible donde
hayan alternativas. Si desaparecen todos, absolutamente todos, aún
más seria. Si sólo lo hacen muchos, los que se queden estarán muy
bien. Pero así y todo deberán cambiar.
Tienen que asumir su rol en crear hits a partir de
durmientes.Para ello deben coordinarse con otros. No es tanto
mejorar su poder de compra. Es coordinar su poder de prescripción
sobre quién triunfa, y por qué. También la necesidad de simplificar
la oferta, tematizarla, recuperar la recomendación. Organizar a sus
lectores y que descubran el placer de la discusión sobre lo que se
ha leído.
Amime gusta más el librero independiente porque no es un múltiple
cadenizado y porque. a mi juicio, la independencia es la única razón
por la que vale la pena hacerse librero. No me fiaría de alguien que
me llame red,porque suena a pescado, ni me dejaría llamar
ecosistema, no sea que acabe desapareciendo junto con otras especies
poco adaptadas ni dispuestas a cambiar.
Es posible que el problema más serio que tienen hoy los
independientes no sean los hipermercados. El más grave es su actitud
ante el cambio al que se enfrentan: clientes que no están siendo
educados para leer; desorientados y sobresolicitados por
alternativas más entretenidas; lectores serios u ocasionales ávidos
de prescripción.
Esta falta de recomendación está propiciando el que aparezcan sitios
de internet como Ratingzone. com, con potentes herramientas
interactivas que proporcionan recomendaciones de lectura a partir de
preferencias reveladas por lectores serios que se ven obligados a
recurrir a la red ante la desaparición o la masificación de libreros
independientes.
Los libreros pueden crear opinión y preferencia, crear y apoyar
valores emergentes. Deben hacer la compra más parecida a cómo quiere
comprar ese lector abrumado por una variedad excesiva de hoy que
necesita especialización, tematización, presentación amigable y
sobre todo consejo. Por ello, los independientes tienen primero que
cambiar y, a continuación, formular las preguntas metafísicas. La
respuestas serán muy diferentes
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