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UN DIA COMPLETO
JUNTO A UNA PROSTITUTA
Estuvimos un dia completo junto a
una prostituta, te contamos como fue
Faltaban diez minutos para las 11 de la
mañana y el teléfono ya comenzaba a sonar. Al principio, las mismas
preguntas: “¿Cuál es vuestra dirección?, ¿cómo sois?, ¿a qué hora
puedo ir a veros?”. Las agencias de contactos trabajan las 24 horas
al día, los siete días de la semana, a la espera de una llamada
telefónica para concertar una cita con alguna de las chicas que
trabajan para ellas.
“Comenzar a trabajar en una casa de
contactos o agencia es bastante fácil. Sólo tienes que llamar a
algún teléfono de los muchos que se publicitan en los periódicos
buscando chicas para contactos. Incluso en algunos de ellos es
posible que te ofrezcan la posibilidad de alojamiento”, explica
Miriam, de 24 años, estudiante de Historia y que ejerce la
prostitución.
A Miriam no le gusta la palabra
prostituta. Prefiere utilizar eufemismos del tipo
las-que-nos-dedicamos-a-esto. Pertenece a la clase más
elitista, a un grupo de jóvenes que no están sometidas a las mafias,
sino que eligen acostarse con un hombre para sacar dinero rápido.
Aunque no existen datos oficiales,
Miriam y sus compañeras están seguras de que cada vez son más las
que alternan las aulas con la prostitución, un negocio que ya
engloba a más de 300.000 mujeres en toda España -la mayoría
extranjeras- y que mueve 18.000 millones de euros al año. Miriam
trabaja en una casa de contactos situada en la calle Infanta
Mercedes, en Madrid, en los aledaños del estadio Santiago Bernabeu.
Allí reciben a los clientes que desde por la mañana pasan por esta
casa para mantener algún tipo de relación sexual. Muchos de estos
clientes son directivos y funcionarios de la zona que hacen un hueco
en su jornada laboral para darse un respiro.
“La mayoría de nuestros clientes
trabajan cerca de aquí y entre reunión y reunión vienen a desfogarse
durante una hora. En ese tiempo, intentamos quitarle el stress con
un ligero masaje, un poco de juego amoroso para terminar en el
coito. Aunque la mejor hora para nosotras es la del almuerzo. Ellos
utilizan la hora de la comida para satisfacer sus fantasías. Pero lo
más anecdótico son los días que se juega algún partido importante de
fútbol: durante todo ese tiempo ni una sola llamada, pero luego
viene más de uno a celebrar la victoria de su equipo”.
En busca de nuevas
experiencias sexuales
Sin embargo, para asombro de muchos
que todavía tienen en mente el prototipo de macho ibérico,
las experiencias y exigencias que demandan cada vez más los clientes
de estos servicios son altamente excéntricas. “Por regla general,
por cada diez servicios más de la mitad solicita realizar un coito
anal (griego en el argot), pero no siempre practicado por
el hombre hacía la mujer, sino que sea la mujer quién utilice un
vibrador para que el hombre consiga el orgasmo mediante el coito
anal”. Los precios de mercado de estos servicios varían en función
del status que tenga la casa de citas, pero dentro de un nivel
medio-alto la media es de 300 euros la hora. Por supuesto, estos
precios van en función del servicio solicitado, donde prima más la
calidad que la cantidad.
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Para quienes se dan un capricho, de
vez en cuando, por alguna de estas casas de contactos, es de sobra
conocida la situada en la calle Juan Bravo, también de Madrid, un
ático cuyo deleite, para muchos, es el jacuzzi de la
terraza -que imita a una terma romana- donde se han dado cita varios
clientes famosos: ciertos presentadores de televisión han ido allí
buscando una chica para que les haga compañía en la soledad
nocturna. “Este jacuzzi es un rincón especial donde los
clientes dan rienda suelta a sus más íntimas fantasías. Te
sorprenderían los caprichos sexuales de muchos de ellos; cuando los
ves en televisión tienen una apariencia tan normal y seria, y luego
vienen aquí a comportarse tal como son en realidad”.
“Otras veces, no desean nada más que
hablar. Simplemente quieren que les acompañemos a su casa a tomar
algo y no paran de hablar de sus problemas personales. Algunos de
ellos, no pueden hacer nada debido a lo pasados que están
con ciertas drogas. Pero a nosotras estas situaciones nos vienen
bien ya que no te obligan a nada y, sin embargo, te pagan las horas
que estamos hablando al precio pactado”.
A precio de oro
En un sector donde cada vez hay más
mujeres extranjeras: colombianas, brasileñas o argentinas, los
hombres españoles demandan para este tipo de negocio mujeres
españolas que, aún teniendo el carácter latino, no sean demasiado
melosas.
Yolanda fue “puta”, como ella dice,
pero ahora ejerce como madame, es decir, encargada de una
agencia que ofrece servicios de escort (acompañamiento) a
clientes que sean capaces de pagar 3.000 euros por una noche: “Los
señores que vienen aquí buscan una chica de buen físico, pero que no
llame demasiado la atención. También piden que tenga cierta cultura,
que no les haga quedar en ridículo en una cena. Para ese trabajo,
las universitarias son ideales”, afirma.
Lidia comenta que “la agencia es la
que cuida de una, sobre todo en cuanto a la seguridad”. Y apunta:
“No nos envían a ningún sitio extraño sin antes comprobar que el
señor que solicita el servicio coincide con la persona que dice
ser”.
Este tipo de agencias no firman
ningún contrato con las chicas, pero la mayoría pide que se trabaje
con ellas en exclusividad, para que puedan trabajar todas las veces
que sean solicitadas por el cliente. Para la casa de citas, el
negocio es redondo. Normalmente, estos servicios se enmascaran bajo
la epígrafe de masajes o fisioterapeutas, pero no
pagan impuestos ni ofrecen ninguna garantía a las chicas que
trabajan con ellos. Todas sus ganancias son en negro y los
gastos de mantenimiento son una proporción muy pequeña para el
beneficio que obtienen.
La tarifa de estas chicas asciende
desde los 300 euros por un servicio de una hora, 2.000 por una noche
y 3.000 si esa noche la pasa de viaje con un cliente. “La media de
lo que saco al mes puede estar en torno a los 4.000 o 4.500 euros,
pero a la agencia le corresponde la mitad. Parece mucha pasta, pero
tienes que pagar el alquiler de un piso, así que 2.000 euros no es
tanto”. Arantxa cree que es justo que sus jefes se queden con el 50%
del dinero, “ya que ellos te proporcionan clientes, seguridad y
discreción”.
Pero las chicas no tienen tanta
libertad como parece, aunque ellas deciden si realizan el servicio o
no, las agencias les tienen hipotecadas. “Cuando trabajas
en una casa de citas, nos pagan una vez a la semana según lo que
hayamos trabajado. Pero a la hora de la verdad, nunca dan el sueldo
completo, siempre nos dejan una pequeña parte que, por un motivo u
otro, no nos pagan para no caer en la tentación de dejarlos colgados
de un día para otro”.
Este oficio no es tan sencillo como
parece, las chicas están sujetas a la demanda de los clientes. No
siempre hay trabajo para todas las que trabajan en la casa, y no
todos los días hay clientes dispuestos a relajarse por una suma alta
de dinero. Incluso, deben pasar por trances que dejan, a veces, sin
aliento. “A veces tenemos llamadas extrañas, como la de un personaje
conocido ya por estos lares, que suele llamar a distintas
casas pidiendo siempre lo mismo: pregunta si habría alguna chica
capaz de matarle. Él te explica como lo debe hacer, incluso queda en
venir a una hora determinada. Hemos tenido suerte y nunca ha
aparecido este individuo”.
Los gastos del sexo
En grandes líneas, el coste de una
casa de citas depende del nivel que se desee ofrecer a los clientes.
Lo más caro es alquilar una vivienda de varias habitaciones que
incluyan baños con jacuzzi. Este capricho hace subir de
manera considerable el servicio, sobre todo si se tiene en cuenta
que el baño va acompañado, normalmente, de una botella de champán.
Algo que se lleva casi todo el
capital es la publicidad insertada en los distintos periódicos.
“Todas las semanas contratamos varios módulos de publicidad en
diarios nacionales y locales, donde con mensajes ardientes
intentamos atraer a la clientela. Un truco es poner distintos
anuncios con números de teléfono, también diferentes, para que no
caigan en el aburrimiento. Los hombres al ver varios teléfonos de
contactos llaman a los más nuevos para probar lo que ellos creen
chicas nuevas”. El gasto en publicidad suele ser, aproximadamente,
2.000 euros a la semana.
Por último se encuentran los gastos
de manutención propios de la casa como son toallas, jabones,
zapatillas de baño, aceites para masajes y los distintos artilugios
necesarios para los juegos eróticos. Las chicas pueden realizar al
día entre diez o quince servicios a 300 euros cada uno y sólo se
llevan el 50% de este beneficio, el resto es para el dueño que no
aparece por allí ni para hacer caja.
Miriam desea matizar muchas de las
cosas que se han escrito sobre la prostitución de lujo en España.
“Esto es muy distinto a lo que te venden en la tele. No es verdad
que seamos adictas a la cocaína. No es verdad que estemos todos los
días de fiesta, ni que lo hagamos por comprar ropa cara, ni que
seamos unas ninfómanas. Yo termino de hacer mi trabajo y soy una tía
normal, igual que cualquier compañera de facultad”.
No es fácil, según dicen, ser
trabajadora del sexo y estudiar al mismo tiempo: “La doble vida te
exige discreción. Vives con el miedo pegado al cuerpo, a que te
descubran tus compañeros de facultad, a que te reconozca tu
familia... No es dinero fácil, ni mucho menos”. Lidia es de la misma
opinión: “Tengo que pensar en dos personas diferentes. Mi vida
normal y mi otra vida. Cuando necesito ropa compro de dos tipos: la
del día y la de la noche”
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