CONSEJOS PARA TOMAR BUENAS
DECISIONES
Te contrataron por tu currículum e inteligencia, y te
despidieron porque no sabías nada de habilidades
emocionales. Si antes de la crisis no desarrollar la
inteligencia emocional (a la que se atribuye el 75% del éxito
laboral) tenía pocas probabilidades de acabar en un buen final,
ahora mismo el asunto se recrudece. Solo los buenos líderes sabrán
sacar lo mejor de los demás, y esta es una función clara y
esencialmente emocional. El problema es que el viejo
management sigue estando presente.
"Lo que marca la diferencia es la capacidad de razonar con las
emociones", dice la coach y profesora universitaria
Verónica Andrés. Y no le falta razón: es
dos veces más importante
que el coeficiente intelectual, según Harvard, para desempeñar la
alta gerencia. Tan fundamental ha resultado tener en cuenta nuestras
emociones que las últimas investigaciones han dejado claro que las
mejores decisiones se toman con la cabeza y el corazón. Al fin
logran estar unidos.
Actitudes tóxicas
La dificultad para aprender de los errores, la falta de habilidad
para las relaciones interpersonales; la ausencia de flexibilidad y
apertura a nuevas ideas y la huida de la responsabilidad cuando las
cosas salen mal. Estos son los errores más habituales del líder
tradicional, reconocidos por los expertos como los
males mayores de las empresas.
Todos ellos están relacionados con la falta de inteligencia
emocional, algo que, como demuestran los hechos, se puede aprender.
Y aún hay más, existen tres premisas, las consideradas más
erróneas: basta con ser inteligente para convertirse en líder;
quienes dirigen han de ser fuertes
todo el tiempo para resistir grandes presiones; y, por
último, las emociones no importan cuando se manda. Y ahora sí,
veamos dónde reside la clave del acierto.
Grandes aciertos
Además de saber situarse en el lugar del otro, abrir la puerta a
la empatía y comenzar a instaurar un orden que no sea
piramidal, sino circular, hay armas tan valiosas como el
reconocimiento; sin embargo, no vale con dar una palmadita
acompañada de un "muy bien" general. El asunto ha de ser concreto e
inmediato. Lo curioso es que seguimos sin reconocer los méritos: en
una encuesta, el 88% dijo que nunca recibió un agradecimiento.
Para completar esta rápida lista de aciertos, hay que nombrar la
importancia de dar una atención no
dividida. De nada sirve que el jefe nos reciba si mientras
le hablamos está frente al ordenador y atendiendo el teléfono. Puede
que solo tenga 5 minutos, pero si son plenos, valdrán mucho más que
toda una tarde dividida.
Y por último, un breve apunte: las emociones se contagian, y
entre el 50% y 70% del
clima laboral viene dado por las emociones del líder. ¿Alguien
necesita más para cambiar el concepto? Fuente
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