LA MODA DE NO VACUNAR A LOS
NIÑOS DISPARA EL SARAMPIÓN
Europa ha retrocedido una década en la lucha contra
enfermedades como el sarampión y la rubéola, casi erradicadas en el
cambio de siglo y que hoy vuelven a causar grandes brotes
comunitarios. España, que solo sufrió dos casos de sarampión en
2004, acumula más de 1.300 en lo que va de año, cinco veces más que
en todo 2010. El rebrote ha puesto en guardia a las autoridades de
gran parte del continente: en Francia, por ejemplo, han muerto seis
personas y más de 300 han sufrido neumonías graves entre los más de
5.000 afectados.
El descenso de la cobertura vacunal, espoleado por los grupos
antivacunas y abonado por la pervivencia de grupos de población con
riesgo de exclusión social, está en el origen del aumento de la
incidencia de las viejas enfermedades infecciosas, alerta el Centro
Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades, agencia de
la Unión Europea con sede en Estocolmo (Suecia).
Así, quienes se niegan a vacunar a sus hijos no son solo
población marginada; también familias bien formadas que secundan
estilos de vida pretendidamente naturalistas, que rechazan los
productos de la industria farmacéutica como gesto de militancia.
La triple vírica (sarampión, rubéola, parotiditis) se aplica en
dos dosis, una a los 15 meses y otra a los tres años de vida. Los
expertos estiman que para frenar su transmisión es necesaria una
cobertura vacunal infantil de más del 95%. En España, la cobertura
de la primera dosis es elevada, pero baja en la segunda: 87% en
Andalucía, 83% en Madrid o 92% en Cataluña. Esto facilita la
circulación del virus hasta las bolsas de población no protegidas,
formadas por dos grandes grupos. El primero lo forman los hijos de
familias que no les vacunan, por ideología o dejadez. El segundo, la
población adulta de 25 a 40 años, que creció cuando no existía la
vacunación universal y no enfermaron de pequeños.
Andalucía ha sido la región más castigada, con 541 casos de
sarampión. "El brote comenzó en Sevilla, en una comunidad marginal
con muchos niños sin vacunar", explica José María Mayoral, jefe del
Servicio de epidemiología. "Luego se extendió a los barrios de la
capital", sigue.
Ante la virulencia del brote, que ha causado unas 100
hospitalizaciones, las autoridades incorporaron una dosis de vacuna
a los seis meses allí donde ha habido casos y adelantaron la primera
dosis a los 12 meses para todos los niños, algo que también han
hecho Canarias y Cataluña.
En un colegio del Albaicín de Granada, la enfermedad se ensañó en
2010 con 35 niños cuyos padres se negaban a vacunarlos. Al final, un
juez les obligó a hacerlo en defensa de la salud pública.
En Cataluña, segunda en casos, los afectados se concentran en la
ciudad y provincia de Barcelona. "El brote surgió en la zona del
Vallès y pasó desapercibido", explica Pere Godoy, jefe de
epidemiología de la Generalitat. El retraso en la alerta facilitó
que los casos llegaran a Barcelona. Algo similar ocurrió en Tenerife
en marzo, cuando un niño de 14 meses que no estaba vacunado enfermó
en un viaje a Madrid y de vuelta contagió a personal del hospital
Nuestra Señora de la Candelaria y a pacientes de urgencias. Los
médicos tardaron en darse cuenta de que sufría sarampión. "La poca
familiarización de los médicos jóvenes con la enfermedad dificulta
su detección", dice Domingo Núñez, director del Servicio de
Epidemiología canario.
Alarmada por el aumento de enfermedades como el sarampión o la
tos ferina, la Generalitat de Cataluña hará firmar un documento a
los padres que no vacunan donde conste que conocen los riesgos a los
que someten a su prole. Aunque en España son una minoría, en países
como Reino Unido estos padres han tenido un gran impacto en la salud
pública.
La publicación en 1998 de un artículo científico que vinculaba la
triple vírica con el autismo provocó un descenso de la tasa de
cobertura de la vacuna por debajo del 80% en 2004. Aunque la propia
revista The Lancet, una de las más reputadas en el mundo
científico, retiró el artículo porque el autor había falseado datos,
los activistas lo siguen citando para alertar contra las vacunas.
Para Lua Català, pediatra, homeópata y simpatizante de la Liga para
la Libertad de Vacunación, la retirada del artículo de Andrew
Wakefiled no es más que una prueba de "los intereses oscuros" que
defienden las empresas farmacéuticas.
A pesar de que los grandes brotes acaban siempre con
hospitalizaciones (y fallecimientos en algunos casos), Català
defiende que las enfermedades infantiles prevenibles son "benignas".
Añade que "las vacunas hacen enfermar y causan síntomas más graves
que las enfermedades que se intentan prevenir".
David Moreno, de la Asociación Española de Pediatría, refuta esta
idea: "En solo un 5% de los casos, la vacuna del sarampión produce
fiebre moderada que dura uno o dos días. La enfermedad dura una
semana, con 39 o 40 grados de fiebre. En el 5% de los casos produce
neumonía, y en el 10% otitis. En países pobres, la mortalidad está
entre el 5% y el 10%.
Marcel Bartomeus y su pareja, Gemma Solanas, han decidido no
vacunar a su bebé, de siete meses. Mientras da al niño la papilla
(ecológica), Bertomeus opina que las enfermedades infantiles
transmisibles "refuerzan el sistema inmunitario", y por tanto no hay
razón para intentar prevenirlas. "Yo corro un riesgo al no vacunar,
pero los que vacunan también, y nadie les explica esto", afirma este
catalán de 35 años.
Para José María Bayas, presidente de la Sociedad Española de
Vacunología, la gente como Marcel está provocando "un retraso
importante en la eliminación de enfermedades como el sarampión". Fuente
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