CIERRA EN 2013 LA CENTRAL
NUECLEAR DE GAROÑA
La Audiencia Nacional ha fallado hoy a favor del cierre
de la central nuclear de Garoña (Burgos) en 2013. La sentencia del
tribunal da la razón al Ministerio de Industria y señala que ni
Endesa ni Iberdrola, propietarias la planta, deberán recibir
indemnización por el cese de actividad. Contra el fallo cabe recurso
de casación al Supremo.
El fallo es muy relevante porque supone, en la práctica, que el
Ejecutivo tiene las manos libres para cerrar una nuclear incluso si
la planta tiene el visto bueno del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN)
para funcionar más tiempo. El fallo de la sección primera de la sala
de lo contencioso de la Audiencia Nacional considera que "el titular
de una central nuclear no tiene un derecho indefinido y
temporalmente ilimitado a continuar explotando la misma, sino que al
solicitar su renovación siempre está expuesto a que la misma sea
denegada, y ello a pesar del informe favorable del CSN, que solo es
vinculante cuando tenga carácter denegatorio de la concesión".
La sentencia, de 52 folios y del que ha sido ponente la
magistrada Nieves Bautista, supone un respaldo en toda regla a la
decisión de Industria, ya que señala que sus argumentos para cerrar
la central no fueron "ni caprichosos ni irrazonables" y considera
que la orden ministerial de cierre incluye una "fundamentación
razonable y suficientemente extensa".
La Audiencia considera "especialmente trascendente" la
justificación de que hay que cerrar Garoña para potenciar las
energías renovables, ya que las nucleares no pueden regular su
potencia y en ocasiones hay que desconectar aerogeneradores porque
sobra energía eléctrica.
Toda la sentencia destila una idea: que la energía nuclear es
algo tan controvertido y debatible que un Gobierno tiene que tener
las manos libres sobre la energía atómica. La energía nuclear, dice
el fallo, "es muy controvertida, generadora de un gran debate
popular" y "debido a los riesgos inherentes de tal clase de energía
[...] puede intervenir una determinada dirección u orientación de la
política del Gobierno". La sentencia da la razón a la abogada del
Estado -que tuvo una actuación muy destacada en la vista de
conclusiones- al señalar que si es el Estado el que se va a hacer
cargo de los residuos nucleares debe poder decidir sobre la
generación nuclear.
El fallo no da la razón a ni uno solo de los argumentos de Endesa
e Iberdrola y considera que el cierre responde a "legítimas razones
de política energética del Gobierno, por lo que no es arbitraria ni
incurre en desviación de poder".
La central nuclear de Garoña, conectada en 1971, es la más
antigua de España. Con una potencia de 466 megavatios es además la
nuclear más pequeña. El 3 de julio de 2009, el Boletín Oficial del
Estado publicó la orden de cierre, fijado por el Ministerio de
Industria para el 6 de julio de 2013.
El programa electoral del PSOE prometió cerrar las nucleares
cuando cumplieran su vida útil, 40 años que en el caso de Garoña se
cumplieron el pasado marzo. Sin embargo, la división en el Ejecutivo
llevó a Zapatero a posponer el cierre hasta 2013.
La nuclear, propiedad al 50% de Endesa e Iberdrola, recurrió a la
Audiencia Nacional. Las eléctricas reclamaron funcionar al menos 20
años más o, en caso contrario, recibir casi 1.500 millones de euros
en indemnización: 951 por el lucro cesante y el resto por el
inmovilizado de la central. Las eléctricas consideraron que el
cierre era una decisión arbitraria, una expropiación encubierta solo
sustentada por una decisión política.
El caso ha tenido un interés especial porque el perito que
calculó el lucro cesante para Nuclenor fue Fabrizio Hernández,
fichado posteriormente por Miguel Sebastián para el cargo de
secretario de Estado de Energía.
Así, la Audiencia Nacional vio cómo la abogada del Estado se
dedicó con ahínco a desmontar el informe del que ya era número dos
del ministerio. Según la exposición que llevaba preparada a la vista
de conclusiones de la causa, el informe de Hernández (firmado junto
a otro experto) no era "ni realista ni fiable ni verosímil".
Hernández partía de la base de que había un 95% de probabilidades
de que Garoña siguiese abierta hasta 2029, aunque esta semana, ya
como secretario de Estado, admitió que podría cerrar incluso antes
de 2013 si no supera las pruebas de resistencia.
La central tocaba con los dedos su renovación hasta que llegó el
accidente de Fukushima, el pasado 11 de marzo. Garoña es una planta
idéntica al primer reactor de Fukushima I, que no solo no resistió
el tsunami que arrasó la costa japonesa, sino que además
sufrió una explosión de hidrógeno aún no aclarada.
Antes del accidente, el Gobierno llegó a ofrecer a los sindicatos
una prórroga de la vida de la nuclear pero rápidamente se desdijo.
El pasado abril, Garoña tenía previstos actos oficiales de
celebración de su 40 aniversario y fueron suspendidos. En Estados
Unidos hay plantas iguales con permiso para funcionar hasta los 60
años.
Organizaciones como Greenpeace y Ecologistas en Acción reclaman
desde hace años su cierre. Acusan a la planta de carecer de un
sistema correcto de refrigeración. A la puerta de la Audiencia esta
mañana Carlos Bravo, de Greenpeace, se mostraba muy satisfecho por
el cierre. Francisco Castejón, de Ecologistas en Acción, destaca que
esto da vía libre al Gobierno para cerrar cualquier central si tiene
voluntad política.
Los ecologistas y la CGT pedían el cierre inmediato en 2011, y
aunque la sentencia también desestima su recurso se encuentran muy
satisfechos con la decisión del tribunal, especialmente con la
decisión de que no haya ningún tipo de indemnización a Endesa e
Iberdrola.
El magistrado José Guerrero ha emitido un voto particular en el
que coincide con lo esencial de la sentencia pero discrepa en
algunos puntos del procedimiento, como la "falta de audiencia a la
comunidad autónoma" en la tramitación y en la falta de cumplimiento
de "los derechos de participación ciudadana". Fuente
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