LOS SECRETOS DE LA REALEZA
Luis IX, el único rey francés que ha sido canonizado,
ordenó quemar con un hierro incandescente la lengua de quienes
juraran en nombre de Dios. Las esposas infieles de los sultanes
turcos eran metidas en sacos con piedras y arrojadas al vacío desde
los muros de palacio.
Se dice que Felipe II el Prudente, rey
de España, murió en 1598 de ptiriasis rosada, es decir, una invasión
excesiva de piojos.
Algunos científicos sugieren que las debilidades mentales de
ciertos emperadores romanos, como Nerón y Calígula, podían haber
sido agravadas por la ingestión del plomo residual procedente de las
soldaduras de platos y vasos.
Cayo Julio César Germánico Calígula (12-41) comenzó a reinar
ganándose la aprobación del pueblo con amnistías y fiestas, pero
poco después mandó matar a su coheredero Tiberio Gemelo y a Macrón,
que le había impulsado al trono; violó a una de sus hermanas, con la
que mantuvo posteriormente relaciones incestuosas, mientras a las
otras las convertió en prostitutas; nombró cónsul a su caballo "Incitatus".
También obligaba a mujeres casadas de su corte a mantener relaciones
sexuales con él y después iniciaba en nombre del marido los trámites
de divorcio por adulterio.
Para cumplir el mandato que impedía la ejecución de mujeres
vírgenes, Tiberio ordenó que antes fuesen violadas por el verdugo.
La reina de Babilonia Semiramis tenía 50 esclavas que se
dedicaban exclusivamente a los cuidados de su belleza.
Para disimular su notoria calvicie, la esposa de Carlos I, Isabel
de Baviera se hacía un peinado que remataba en un largísimo cono del
que colgaban finísimas gasas. El peinado hizo furor entre las nobles
damas del siglo XIV, de manera que el cono era más alto cuanto más
aristócrata era la cabeza que lo llevaba.
Enrique I de Castilla murió en 1217 de un golpe en la cabeza con
una piedra, arrojada por unos niños que estaba jugando.
El duque de Wellington (1769 - 1852) era adicto al opio, que
ingería para recuperarse de las resacas.
Pirro, rey de Epiro, falleció en el sitio de Argos por una teja
lanzada por una anciana desde una azotea, en el año 272.
Luis el Gordo (1081 - 1137) prohibió que los cerdos circularan
libremente por las calles de París. Esta decisión se debe a que su
hijo murió al caerse del caballo por culpa de uno de estos animales.
Cuentan los cronistas que el rey Fernando el Católico era un gran
consumidor de criadillas de toro, para fortalecer - según él - su
virilidad.
Catalina envenenó las páginas de un libro que regaló a Enrique IV,
para que este muriera al pasar las paginas mojando el dedo en
saliva. Sin embargo, se equivocó ya que su propio hijo, Carlos IX,
fue quien lo hizo y murió.
En cierta ocasión, Mohamed II, para descubrir cuál de sus pajes
se había comido unos melones que había reservado, mandó que se les
abriera el estómago en vivo y de uno en uno. Al llegar al
decimocuarto, apareció el culpable.
Napoleón Bonaparte se excitaba acariciando con disimulo a los
soldados en campaña...
A los 12 años de edad, el futuro zar de Rusia Iván IV el Terrible
empezó a torturar animales por divertimento, y arrojaba perros y
gatos al vacío desde las almenas del Kremlin para observar cómo se
estampaban contra el suelo. Con 13 años empezaron ordenó que
capturaran al príncipe Andrey Shúisky para arrojarlo a una jauría de
perros.
Cayo Antistio, político romano aficionado a la medicina, era dado
a practicar sangrías a sus pacientes. El inconveniente de ponerse en
sus manos es que llegaba a desangrarlos por completo.
Se dice que la amante de Luis XV, Jeanne Antoinette Poison,
marquesa de Pompadour, gastó durante su vida más de seis millones de
francos de los de entonces en perfumes.
El sultán de los turcos Bayaceto I, elevado al trono en 1389,
ordenó decapitar a 2.000 halconeros por no haber entrenado a sus
rapaces adecuadamente para la caza.
Cuando murió Juan II de Portugal, en 1495, se prohibió que los
ciudadanos se afeitaran durante seis meses.
Jahangir, gran mongol de la India (1569 - 1627), tenía un harén
que estaba compuesto por 300 esposas, 5.000 mujeres sirvientes y un
millar de jovencitos que satisfacían todos sus caprichos.
El temido Atila, rey de los hunos, no murió en el campo de
batalla, sino en el lecho conyugal, haciendo el amor con su esposa
número 453 en la noche de bodas.
El rey Salomón tuvo 700 mujeres y otras tantas amantes...
El emperador germano Maximiliano I, padre de Felipe I el hermoso,
medía casi 2,60 m. de altura, y las pulseras de su mujer encajaban
perfectamente en sus pulgares, motivo por el cual solía utilizarlas
como anillos. Murió con 60 años, a causa de una indigestión de
melones.
Pedro I el Grande impuso a los boyardos (nobles) la lectura de un
libro que enseñaba las normas más elementales de educación, entre
ellas, no utilizar la punta del cuchillo para limpiarse los dientes
ni tampoco el dedo índice para hacer lo mismo con la nariz. Este
mismo rey ordenó cortar la cabeza al amante de su esposa y que la
metieran en un frasco con alcohol. Obligó a la reina a ponerlo en un
lugar visible de su dormitorio.
Catalina de Medicis llenó de " regalitos " a todo su entorno. A
la primera que envenenó fué a la reina de Navarra Juana Albret,
ofreciendole unos guantes envenenados que provocaron la muerte de
Juana al ponérselos.
Tras la ejecución de Luis XVI, todos sus sirvientes, la florista
y su leal montero se quitaron la vida.
Uno de los caprichos del emperador romano Heliogábalo (204 - 222)
era servir a sus invitados manjares de cera que imitaban a los
platos que él degustaba ante los presentes. Éstos eran obligados,
bajo pena de muerte, a simular que estaban comiendo.
La condesa húngara Elisabeth Bathory fue emparedada en 1611,
acusada de practicar la magia roja y asesinar a más de 650
jovencitas y bañarse en su sangre, para con este método mantener
eternamente la juventud. La acusación se concentró en los asesinatos
de jóvenes nobles, pues los de las siervas carecían de importancia.
Su historia coincide con la de Juana de Arco, que también fue
acusada de brujería cuando su poder
Pipino el Breve (715 - 768) portaba una espada casi medio metro
más alta que él, de 1,83 metros de longitud. Este rey de los francos
tenía una estatura de 1,37 metros, pero era temido por su valor y su
maestría con el hierro.
Carlomagno, hijo de Pepino el Breve, fundó el considerado Imperio
Romano de Occidente pero fue incapaz de aprender a escribir.
La princesa Isabel, hija de Catalina I de Rusia (1684 - 1727),
asistía junto con otras muchachas de la corte a bailes de
travestidos para emborracharse. En aquella época, las mujeres no
podían beber alcohol en las fiestas. Fuente
Comparte este articulo :
/
Compartir en Facebook
|