¿ES INEVITABLE SUFRIR?
Aunque crea malestar, muchas personas pueden
convertirse en adictas al sufrimiento. La mejor opción es no temer a
mirar en uno mismo, aceptar los cambios y poder observar desde el
desapego para tener una perspectiva clara que ayude a ver la
dirección correcta.
El dolor y el placer nos impulsan a la acción, al deseo y al
cambio. Ambos pueden crear adicción. El dolor lo sentimos en el
cuerpo. A nivel emocional y mental experimentamos sufrimiento. Un
sufrir que surge en la mente por pensar negativamente de uno mismo,
de los demás y de la vida misma, viviendo con rabia, en la
frustración y sumergido en las quejas.
Cuando uno se vuelve adicto a estas formas de sufrir llega a
identificarse con ellas. Intentar superarlas puede sentirse como una
amenaza hacia su propia identidad. No se ve a sí mismo dejando de
sufrir. Muchas personas no quieren o no saben cómo salir de ese
estado.
Hay personas que se aíslan en su tristeza y dolor. Exclaman: "No
me entiendes". Se separan de las personas que pueden ayudarle. En el
fondo quieren su cariño y ayuda. Pero se encierran dificultando e
incluso impidiéndose ese apoyo. Quieren ayuda, pero bloquean la
posibilidad de aceptarla. Estas emociones negativas se transforman
en rasgos comunes del paisaje de nuestra vida cotidiana. Rechazamos
la idea de eliminarlos, con la creencia de que es natural sufrir y
que eso es la realidad, y somos incapaces de imaginar la vida sin
nuestra dosis diaria de negatividad y de adrenalina.
SIN MIEDO
"Dile a tu corazón que el miedo a sufrir es peor que el
sufrimiento mismo" (Paulo Coelho)
Impartí un curso de pensamiento positivo y meditación a un joven
entusiasmado con sus aprendizajes en clase. Su madre, al verle tan
satisfecho, también se apuntó. En pocas sesiones se sentía mucho más
tranquila. Aun así, decidió dejar de meditar y abandonó el curso a
medias porque estaba dejando de sufrir y de tener miedo por lo que
les podía pasar a sus siete hijos. La meditación estaba despertando
en ella un amor libre de miedos que le provocó un choque interno:
creía que amar a alguien es sufrir por él.
En nombre del amor sufrimos. En vez de amar desde un espacio de
libertad, intentamos ayudar desde la preocupación y el miedo, y así
agobiamos, controlamos y dependemos. No dejamos ser.
Cuando hay demasiado dolor no podemos asentarnos en nuestro poder
verdadero y experimentar nuestra energía de amor. El miedo al amor y
a la grandeza de lo que puede conseguir con su poder le impide
levantarse para recuperar su potencial. Tememos nuestra grandeza, y
este miedo nos mantiene en un estado restringido y doloroso. Solo el
poder del amor verdadero puede ayudarnos a sacar el sufrimiento
reprimido del subconsciente a la conciencia consciente. El amor no
se aferra a las cosas: libera el pasado y desbloquea la energía.
SOLO SI LO PERMITE
"Nadie puede herirte sin tu consentimiento" (Eleanor
Roosevelt)
Lo que nos daña, mucho más que lo que nos ocurre, es nuestro
consentimiento a lo que nos sucede. Nadie le puede herir, excepto si
usted lo permite. ¿Cómo lo permite? Siendo una aspiradora que hace
suyo todo lo del otro, lo bueno y lo malo. Sus expectativas y su
insatisfacción constante le llevan a esperar del otro. Y esto le
abre a sufrir, sus deseos se multiplican y permanece el vacío
interior.
Revise sus expectativas, sus deseos, sus proyecciones, y entre en
su silencio interior para aprender a soltar. Abra su corazón y deje
que salga el dolor. No lo necesita. No lo justifique. No acumule más
sufrimientos.
Un estado emocional, mental y espiritual sano rebosa de paz, amor
y bienestar. El estado normal del cuerpo es de salud. Cuando
enferma, siente malestar y/o dolor. El dolor viene como una señal,
para informarnos de que algo se ha desviado de la normalidad y
requiere de nuestra atención. Por tanto, aunque pueda parecer que el
dolor causa sufrimiento, la paradoja es que está sirviendo como una
señal para prevenir complicaciones mayores y para que pueda dar
tratamiento inmediato al mal.
El sufrimiento es un mensajero. Nos señala que tenemos los ojos
cerrados frente a nuestra verdadera naturaleza espiritual. Lo que
ocurre es que en lugar de escuchar, con frecuencia tapamos y negamos
que el problema existe o lo justificamos, con lo que no permitimos
que se disuelva. Lo importante es percibir que se puede convertir en
un estímulo para la transformación.
Cuando sufrimos, buscamos el origen del malestar. Pero la
tendencia es buscar culpables fuera de nosotros. Para sanar el dolor
hemos de ir hacia el interior. Solo así nos daremos cuenta de que
quizá las causas están en nuestra manera repetitiva de pensar, en
nuestras actitudes defensivas o en nuestra incomprensión de nuestras
relaciones y del mundo que nos rodea. Aceptar y tolerar nos sana, y
una parte consiste en ver el sufrimiento como un proceso de
aprendizaje. Tolerar no es aguantar, sino comprender y amar. Desde
ahí crece la compasión.
LA MENTE COMO CALMANTE
"El sufrimiento deriva del apego" (Julio César)
El dolor físico, emocional o mental invita a incrementar el poder
interior y a desapegarte. En el dolor físico, el aprendizaje del
desapego facilita soltar el "nudo" y calmar la sensación de dolor.
Este entrenamiento empieza por concentrar la energía en el interior
del centro de la frente, detrás de los ojos, tener pensamientos de
paz y desde este punto, considerado como el tercer ojo, irradiar
rayos pacíficos por todo el cuerpo. Después de enfocar la energía en
el centro de la frente, te desapegas del cuerpo, te centras en crear
paz. Con tu mente calmas el dolor.
La solución espiritual es impedir que aparezcan las emociones que
nos llevan al sufrimiento extrayendo del núcleo de nuestra
conciencia cualidades de amor y paz, empleándolas en pensamientos y
actitudes con motivación de entrega dirigidas al mundo que nos
rodea. Se trata de concentrarnos en nuestras cualidades positivas
naturales y no obsesionarse ni dar espacio a las negativas para que
estas se vayan disolviendo.
Cuando vive una situación que le está provocando dolor,
estabilícese entrando en el silencio. Observe de dónde viene ese
dolor para soltarlo. La respuesta suele estar relacionada con la
forma en que los demás actúan con usted. Sus deseos y expectativas
le atrapan en el dolor. No acepta lo que es tal como es.
En situaciones de relaciones o circunstancias difíciles, la
práctica del desapego reduce e incluso termina con el dolor. Puede
estar involucrado cuando las cuerdas emocionales están enredadas o
en manos de otro. O bien puede ser un observador desapegado con una
perspectiva clara que le ayude a dar los pasos necesarios en la
dirección correcta, la que le desenreda emocionalmente y clarifica
su mente. Si está atrapado emocionalmente, el sufrimiento permanece
y el dolor crece, provocándole amargura y malestar. Reacciona desde
la angustia en vez de la compasión.
En silencio, con desapego, verá con claridad cómo en algunos
casos ha sido su ego el que se ha dolido. El ego y el apego crean
ataduras e imposiciones hacia otros, le coaccionan a actuar en
contra de sus valores y le quitan libertad. Es necesario darse
cuenta y aceptar la causa para pasar a fortalecer su poder de
transformarlo. Para disolverlo se puede involucrar en acciones
elevadas, sirviendo o cuidando a otros. En vez de sentir el dolor
como un martirio, veamos cómo nos invita a escuchar su llamada; a
comprender con aceptación, tolerancia y compasión; a soltar y a
desapegarnos; a amar con libertad dejando ser y hacer sin
expectativas; a ser solidarios y a servir al prójimo. Fuente
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