Este órgano, del que informa este viernes el periódico
The Times, tiene una carcasa de metal que se mantiene
en su lugar por una barrera de gel y éste responde a los niveles de
azúcar en la sangre, ya que genera insulina cuando es necesario. El
órgano podría ser implantado entre la última costilla y la cadera y
rellenado de insulina cada pocas semanas.
"Me di cuenta que podía utilizar
una cierta proteína (que no especifica) para crear un gel
que pudiera reaccionar a la glucosa -dijo Taylor-. Cuando es
expuesto a los fluidos del cuerpo alrededor de los órganos internos,
el gel reacciona de acuerdo con la cantidad de glucosa presente".
"Los altos niveles hacen que el
gel se ablande y libere insulina en el torrente sanguíneo",
agregó. Según The Times, si las pruebas resultan exitosas,
el páncreas artificial sería una solución simple y barata para los
diabéticos. La científica dijo que el órgano no tiene pilas y no
sería visible en la superficie de la piel.
Taylor y su equipo de colaboradores confían en pasar a las
pruebas clínicas en los próximos años y, de tener éstas buenos
resultados, el órgano artificial
estaría disponible dentro de entre cinco y diez años.