PAUTAS PARA UNA LECTURA ADECUADA DE
LAS ESCRITURAS
Según el
concilio Vaticano II hay unas leyes necesarias para leer
adecuadamente la Biblia como revelación viva de Dios. Más
concretamente, en su decreto Dei Verbum, apartado 12 expresa:
Habiendo, pues,
hablado Dios en la Sagrada Escritura por medio de hombres y a la
manera humana, el intérprete de la Sagrada Escritura debe investigar
con atención qué pretendieron expresar realmente los hagiógrafos y
plugo a Dios manifestar por sus palabras, para comprender lo que Él
quiso comunicarnos. Para descubrir la intención de los hagiógrafos,
entre otras cosas hay que atender a "los géneros literarios",
porque la verdad se propone y se expresa de una manera o de otra en
los textos de diverso modo históricos, proféticos, poéticos o en
otras formas de hablar. Conviene, además, que el
intérprete investigue el sentido que intentó expresar y expresó el
hagiógrafo en cada circunstancia, según la condición de su
tiempo y de su cultura, por medio de los géneros literarios usados
en su época. Pues para entender rectamente lo que el autor sagrado
quiso afirmar en sus escritos, hay que atender cuidadosamente tanto
a las acostumbradas formas nativas de pensar, de hablar o de narrar
vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella
época solían usarse en el trato mutuo de los hombres. Y como hay que
leer e interpretar la Sagrada Escritura con el mismo Espíritu con
que se escribió para descubrir el sentido exacto de los textos
sagrados, hay que atender con no menor diligencia al contenido y
a la unidad de toda la Sagrada Escritura, teniendo en cuenta la
Tradición viva de toda la Iglesia y la analogía de la fe. Toca a
los exegetas esforzarse según estas reglas por entender y exponer
más a fondo el sentido de la Sagrada Escritura, para que, como con
un estudio previo, vaya madurando el juicio de la Iglesia. Porque
todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura
está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el
mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la
palabra de Dios.
De este texto se pueden entresacar
las siguientes pautas:
1ª.- Acercarse a la lectura de la Biblia como a un
don inmerecido e inesperado
2ª.- La Palabra hecha libro contiene y es la Palabra
hecha carne
3ª.- Actitud proclive a la interpelación que supone
la Biblia
4ª.- Debo estar preparado para aplicar la Palabra a
hechos concretos y cotidianos
5ª.- La Biblia, por su historicidad, exige un
acercamiento a hechos, aunque a hechos que hablan
6ª.- Leer La Biblia en la Iglesia y con la Iglesia
Por ejemplo,
aparecen más abajo, algunos textos entresacados de las Escrituras y
se comenta su inserción en las correspondientes pautas de lectura e
interpretación. Los textos están referenciados pues, para apreciar
mejor su calidad y tipología, hubiera sido necesario transcribirlos
al completo, haciendo innecesariamente amplio este pequeño artículo.
Juan 1, 1-14: En el principio era el Verbo, y el
Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios… Y para eso el Verbo se
hizo carne y habitó en medio de nosotros: y nosotros hemos visto su
gloria, gloria cual el Unigénito debía recibir del Padre, lleno de
Gracia y de Verdad.
Estos versículos se relacionan con el comienzo de
este capítulo de Dei Verbum -Del
Verbo, o De Cristo-, por varias razones. El Verbo, la Palabra,
constituyen el núcleo de la Revelación que Dios muestra a los
hombres. Esa Revelación, por el mensaje y por los hechos, es dada a
conocer, la mayoría de las veces, por personas físicas, hombres y
mujeres que viven en un contexto personal (1), social y cultural
concreto, contexto que proporciona un matiz determinado a su modo de
comunicar. Estos versículos, además, muestran un ejemplo concreto de
Revelación y profecía en el caso de Juan el Bautista, precursor de
Jesucristo.
Salmos (2) 105: “Alabad al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia… Bendito sea el Señor Dios de
Israel por los siglos de los siglos: y responderá todo el pueblo:
¡Así sea! ¡Así sea!”
Este capítulo del Libro de los Salmos aporta ejemplos
de profetas a los que Jehová envía para dar a conocer su Palabra,
desde Abraham hasta Moisés, personas a las que se les considera
cercanas a Dios por su mensaje y por sus hechos, es decir, por su
Palabra y por su Obediencia. Por otro lado, el salto temporal tan
importante que supone esa saga de profetas aporta una visión de
conjunto que es indispensable para entender esos magníficos casos de
maestros próximos a Dios, así como para comprender su mensaje y el
carácter del mismo.
Primer Libro de Samuel (3) 3, 1-10: “Entretanto el
joven Samuel proseguía sirviendo al Señor bajo la dirección de Helí;
y la palabra del Señor o revelación era rara y, por consiguiente, de
mucha estima; no era común en aquellos días la profecía… Vino
entonces el Señor, y llegándose a Samuel, le llamó como las otras
veces: Samuel, Samuel. A lo que respondió Samuel: Hablad, Señor, que
vuestro siervo os escucha”.
En este caso Dios intenta revelarse a Samuel, lo que
no consigue porque Samuel no acierta a dar el carácter adecuado a
ese signo. Así ocurre que sólo con el consejo del profeta Elí
aprende la Palabra de Dios. El magisterio es un elemento importante
en la asunción de la Revelación de Dios, pues no siempre estaremos
preparados para escuchar, entender y comprender el mensaje divino.
En nuestra época ese magisterio está representado por la Santa
Iglesia.
Hechos de los Apóstoles (4) 15, 22-29: “Oído esto,
acordaron los apóstoles, y los presbíteros, con toda la iglesia,
elegir algunas personas de entre ellos… de las cuales cosas haréis
bien en guardaros: Dios os guarde”.
Se trata de adecuar el mensaje que reciben los fieles
a la Tradición de la Iglesia y, además, someter ese magisterio a la
propia Iglesia, de manera que lo que aprendieren los cristianos esté
acorde con la Tradición y tengan, así, oportunidad de comprender la
Palabra de Dios. Esa circunstancia era problemática pues se trataba
de predicar entre los gentiles, es decir, habitantes de zonas ajenas
a la cultura y religión hebreas, y ajenas, también, a los hechos que
dieron nacimiento al Cristianismo.
Mateo 14, 15-21: “Al caer de la tarde, sus discípulos
se llegaron a él diciendo… El número de los que comieron fue de
cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños”.
El escritor de este pasaje, Mateo (5), probablemente
de origen hebreo, utiliza un lenguaje alegórico para mostrar la
manera que tenía Jesucristo de alimentar las almas que se acercaban
a él. Comprender el simbolismo, el signo, y el lenguaje empleado en
las Escrituras, teniendo en cuenta el Espíritu que sobre ellas cae,
es un requisito necesario para comprender el significado de las
palabras allí expresadas.
NOTAS
1.- Juan era natural de Betsaida, en Galilea, próximo
a la orilla del lago o mar de Galilea o Tiberíades –llamado así en
honor de Tiberio-. Era hijo de Zebedeo y de Salomé, y hermano de
Santiago, el Mayor, con quien luego fue al Apostolado. Siendo obispo
de Efeso fue llevado a Roma en la persecución iniciada por
Domiciano. Echado en una caldera de aceite hirviendo, salió de ella
más fresco. Desterrado por el emperador a la isla de Patmos,
escribió allí el Apocalipsis. Al morir Domiciano, volvió a Efeso y,
a petición de los obispos de la ciudad, escribió el Evangelio contra
Cerinto y otros herejes, especialmente para combatir el error de los
ebionitas que negaban la divinidad de Jesucristo. Esa obra data de
finales del siglo I y en ella aparecen muchas informaciones que no
se dan en los otros tres Evangelios. Permaneció siempre virgen y
murió, a edad muy avanzada, en la época del emperador Trajano.
2.- Los Salmos constituyen una colección de himnos,
canciones y alabanzas dedicadas al Señor. Era costumbre antigua,
entre los hebreos, el transmitir la memoria de los grandes sucesos,
moralidades y conocimientos, a la posteridad, mediante
versificación, que resultaba a tono con el contenido y facilitaba su
memorización. En esta colección se encuentran todas las verdades que
se aprecian como fundamento de la Tradición cristiano-hebrea. Como
dice San Ambrosio –en la introducción de su Comentario a los
Salmos-: “Cuanto se enseña en la Ley, cuanto leemos en la Historia
Sagrada, cuanto anuncian los profetas, y cuantas instrucciones,
avisos y correcciones se hallan en la moral, otro tanto se
encuentran en los Salmos. Por esta razón, cuando los leo, registro
en ellos todos los misterios de nuestra santa religión y todo lo que
vaticinaron los profetas: veo y reconozco la gracia de las
revelaciones, los testimonios de la resurrección de Jesucristo, los
premios y castigos de la otra vida, y aprendo a confundirme y a
avergonzarme de mis pecados, y a detestarlos y evitarlos
enteramente. El ejemplo de un rey y profeta tan grande me sirve de
modelo para que procure arrepentirme muy de corazón de todos ellos,
llorarlos con amargas lágrimas y precaverme en adelante para no
volver a cometerlos”.
3.- Se cree que estos dos libros formaban
inicialmente uno solo, junto con los dos libros de Reyes. Con el
tiempo, en la traducción griega, se dividieron en dos: Libro de
Samuel y Libro de los Reyes. Más tarde, se estima que sobre el siglo
XIV, se dividieron en dos libros de Samuel –Samuel I y II- y en dos
de Reyes –Reyes I y II-. Esta forma de tratarlos es la que ha
prevalecido hasta la actualidad, y se debe al carácter muy diferente
que impregna a cada libro con respecto a los demás. Los dos libros
de Samuel tratan del origen de Israel como pueblo y hablan de tres
personajes: Samuel, Saúl y David. Se llama Samuel el libro por que
ese personaje es un profeta del pueblo, ocupa la mayor parte del
libro primero y, además, unge a los otros dos reyes: Saúl y David.
No se puede asumir que Samuel escribiera toda la obra, pero sí una
buena parte del libro primero, tal como se desprende de lo
establecido en 1 Crónicas 29, 29.
4.- Escrito por San Lucas, acompañante de San Pablo,
refiere las andanzas y palabras de su maestro, hasta,
aproximadamente, el año 63 d.C., dos de la estancia forzada de Pablo
en Roma. Aunque se titula así, se centra fundamentalmente en Pablo,
pero comenta ampliamente, con frecuencia, circunstancias y hechos de
Pedro, Santiago, Juan, Felipe, Esteban, Judas, etc. San Agustín, en
su Comentario a los Evangelios, Libro 4, capítulo 8, comenta: “No
escribió sino lo que creyó bastante para la edificación de sus
lectores; pero lo ha escrito con tanta sinceridad, que entre un
grande número de libros sobre la historia de los Apóstoles, la
Iglesia siempre ha juzgado a éste digno de fe, y ha desechado todos
los demás”.
5.- Mateo fue elevado al apostolado desde su
condición de publicano –es decir, un colaboracionista romano, pues
es el encargado, por las autoridades romanas, gobernador o prefecto,
de cobrar los tributos que el emperador o esas mismas autoridades
determinan. Parece bastante consensuado que se trata del primer
Evangelio escrito –probablemente allá por la década de los 40-,
utilizando la lengua aramea, y en virtud de peticiones de textos que
hablaran del Maestro para los nuevos discipulados.
Fuente
LA LEY DEL KARMA - EN QUÉ
CONSISTE
LOS NIVELES DE CONCIENCIA
LA POSICIÓN EN MEDITACIÓN
EL
KYBALION - HERMES TRIMEGISTO
LAS 7 LEYES HERMÉTICAS - EN QUÉ
CONSISTEN
MEDITACIÓN Y CONCENTRACIÓN
CÓMO MEDITAR - POSTURA,
RESPIRACIÓN Y CONCENTRACIÓN
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