La misión que se encomendó al grupo fue diseñar un plan para
hacer frente a una posible suspensión de pagos en uno de los
16 países miembros de la zona euro,
según el diario estadounidense. El Journal detalla cómo un
año después de su creación, cuando Grecia se vio en apuros, el grupo
no había logrado ponerse de acuerdo.
El grupo de trabajo, que se reunió a la sombra de las frecuentes
cumbres y consejos de la Unión Europea (UE) en Bruselas, Luxemburgo
y otras capitales, nunca logró superar las diferencias internas
sobre cómo rescatar a uno de los euro-miembros, agrega el artículo.
La investigación del Journal, basada en numerosas entrevistas con
funcionarios de la UE, revela que las divisiones en el grupo
colocaron la unión monetaria europea al borde del colapso. El
rotativo dice que en mayo, horas antes de que Alemania y Francia
venciesen el punto muerto y diesen el respaldo a un fondo
multimillonario para rescatar a
países con problemas, la ministra francesa de Finanzas,
Christine Lagarde, dijo a su delegación que la zona euro estaba a
punto de resquebrajarse.
El Journal sostiene que las divisiones fueron ideológicas y siguen
paralizando la búsqueda de soluciones a los problemas estructurales
de la UE. "Las profundas diferencias en política económica entre el
rígido norte europeo y un sur más relajado, entre Alemania y Francia
y entre los gobiernos nacionales y las instituciones centrales
europeas dificultaron una respuesta efectiva a la crisis", sostiene
el artículo.
Continuas diferencias
Esas diferencias se vencieron en última instancia cuando la UE
afrontó el posible colapso de la
zona euro. Entre los asuntos que complicaron la situación
destacan los intereses a menudo enfrentados de los dos políticos más
importantes a la hora de decidir el futuro del euro, según el
periódico.
Menciona de un lado al presidente francés, Nicolas Sarkozy, de
quien dice que con una popularidad a la baja se dio cuenta de que la
crisis griega podría hacer tambalear el euro y vio en la situación
una oportunidad para demostrar su liderazgo y apuntalar su
popularidad.
Por el otro lado, destaca a la canciller alemana,
Angela Merkel, para quien, según el diario, la crisis fue la
prueba decisiva de su carrera. Famosa por su cautela, Merkel temía,
dice el periódico, el castigo de votantes y legisladores si ponía en
peligro el dinero de los contribuyentes para
rescatar a Grecia.
Pese a la presión de Sarkozy la líder alemana se opuso ferozmente
a una solución rápida. El artículo añade que hubo un aspecto en el
que los líderes del grupo de trabajo secreto estuvieron de acuerdo:
en que debía de ser Europa y no el Fondo Monetario Internacional
(FMI) el que liderase la operación de rescate.
Pero Merkel se opuso y exigió como condición al apoyo alemán el que
fuese el FMI el que diseñase el plan de reforma en Grecia. Sarkozy
se vio forzado a torcer el brazo consciente, según el Journal, de
que el apoyo germano era esencial para cualquier rescate.
El 11 de abril de este año, con una grave crisis de confianza en
marcha, Europa puso finalmente el dinero sobre la mesa. Según lo
requerido por Berlín, los 30.000 millones de euros de ayuda para el
primer año procederían de 15 préstamos individuales por parte de los
gobiernos, mientras que el FMI aportaría otros
15.000 millones de euros.