COMIDA AFRODISÍACA - ¿VERDAD O
MENTIRA?
Comer y beber, como cualquier acto placentero, puede
estar dotado de sensualidad. Un vino o un chocolate, además de
alimentar, despiertan los sentidos, estimulan, cambian el humor, y
pueden sumar puntos en una cita. Una cena (salvo que se trate de un
guiso carrero con vino de damajuana) también puede ser sexy. Sin
embargo, una cosa es que colabore con el ambiente de una velada, y
otra muy distinta es que tenga propiedades mágicas capaces de
incrementar el deseo sexual.
A esta altura, siglo XXI, es hora de acabar con la sanata de la
cocina afrodisíaca de una vez por todas. En principio, porque no hay
ninguna demostración concreta de que exista tal cosa: para la
ciencia, la comida afrodisíaca tiene la misma rigurosidad que la
leyenda de la
Luz
Mala o el
Pitufo Enrique. Es una pavada, un mito fácil con el que los
periodistas haraganes llenan las revistas femeninas o los sitios web
berretas sobre alimentación y vida natural. Pero en segundo lugar —y
más importante todavía—porque como recurso es deprimente. Tener que
ponerle apio a una ensalada para llevarse a alguien a la cama, lejos
de sensualizar la comida, la vuelve una estrategia de solteronas y
de
impotentes que, en estado de desesperación, recurren a los
trucos más bajos para lograr que alguien les haga un mimo.
Si creemos que los alimentos tienen la virtud de elevar el deseo
sexual, también deberíamos aceptar que un perfume o una vela pueda
tener las mismas propiedades afrodisíacas ¿Qué diferencia habría,
entonces, entre quien elabora un plato afrodisíaco para una cita y
los mamarrachos que compran feromonas en perfume vía Mercadolibre
para seducir a su pareja? ¿O entre los que dicen que la canela es
erótica y las señoras que, asesoradas por una bruja del barrio,
compran velas y hacen macumbas para recuperar a su marido?
Absolutamente ninguna. Nadie ha conseguido tener más sexo llenando
un tupper de camarones, poniéndose perfume con olor a celo, o
rezándole a San Expedito. Y si lo hizo, no ha podido probarlo.
Sin embargo, a pesar de que la lógica nos demuestra que la cocina
afrodisíaca es un verso patético, el fenómeno sigue creciendo. En
los diarios, al lado de las noticias políticas y económicas, siempre
hay algún descubrimiento milagroso vinculado al tema. Es común leer
pavadas como “Científicos de la Universidad de Massachusetts
aseguran que las mujeres que consumen chocolate son más fértiles” o
“Un estudio de la Universidad de Michigan revela que el Chardonnay
tiene efectos parecidos al Viagra”. Los lectores, que posiblemente
no tengan sexo con sus esposas desde hace mucho tiempo, se ilusionan
pensando que se transformarán en sementales griegos por consumir
golosinas en abundancia o por darle una copita de vino blanco a su
mujer, y con esas renovadas esperanzas, quizás sufran la abstinencia
un poco menos.
Pero eso no es todo. Si esta farsa sólo se tratara de buscarle
atributos delirantes a algunos ingredientes que de todas formas
queremos comer porque son ricos, no habría problema. El asunto es
que, desde hace unos años, aparte de gansa, la comida afrodisíaca
también se ha vuelto cara y chabacana. A más de un empresario
gastronómico se le ha mezclado lo sensual con lo sexual, lo erótico
y lo escatológico, lo íntimo con lo privado, y lo desinhibido con lo
asqueroso, y a la comida propiamente dicha, le han sumado shows de
tríos sexuales, taxi boys bailando enroscados en un caño engrasado,
títeres pornográficos con escenas de sexo explícito y aquadance
nudista. Ni hablar de lo que venden como souvenir en un famoso
restaurante de Palermo (en cuyo nombre se promete el asesinato de
alguien con apellido español): unos saleros en forma de
espermatozoide, que amenazan con una inminente eyaculación sobre el
plato cada vez que el comensal quiere aderezar su comida.
RESTAURANTES AFRODISIACOS
No hay más de dos o tres restaurantes afrodisíacos en Buenos Aires,
pero alcanzan para cubrir la demanda, créanme. Básicamente son
restaurantes comunes, con precios exorbitantes, que ofrecen platos
con ingredientes descriptos como si fueran escenas sexuales o
fantasías eróticas de todo tipo. Uno de los peores ejemplos es el de
un restaurante situado en un hotel en Barrio Norte cuyo plato de
“ravioles neri de salmón en crema de eneldo y langostinos grillados”
figura como “Cinco Negros en Tu Boca” y las “conchas en reducción de
champagne y lemongrass, risoto de tinta de calamar, crocante de
algas y camarones asados” se llaman “Conchas Ardientes”. Una oferta
(más que sensual) ordinaria y adolescente.
Sin ir más lejos, cuando pienso que alguien describió un
solomillo como “fálico” o un roll con el adjetivo “erógeno” no me
imagino a un chef piola y buen mozo. Más bien visualizo a un gordito
de quince años lleno de granos, que vive encerrado en el baño
masturbándose con alguna vedette que vio en la tele y se ríe cada
vez que alguien dice “pija” o “teta”. Tampoco veo a una pareja
linda, exitosa, canchera, que tiene buen sexo, pagando $ 300 para
comerse una flor genital de salmón bañada en vaselina, mientras una
bailantera en pollerita de modal se frota contra un palo engrasado
al lado de la mesa.
Y esta apreciación de ninguna manera tiene que ver con ser
conservador o con ser aburrido, sino con el sentido común. No puedo
creer que una pareja se excite comiendo un plato de ñoquis al lado
de dos bailarines musculosos y llenos de esteroides que se frotan al
lado de la quesera. Y ni hablar de quienes no están en pareja. Con
una mano en el corazón: ¿qué harían ustedes si conocen a un
candidato interesante y cuando salen a comer afuera se pide el
postre “Sudor de Nena Virgen” que ofrece un restaurante local? ¿Le
arrancan la ropa con los dientes, o se van al baño corriendo y no
aparecen en la mesa nunca más?
PASTELERIA EROTICA
Pero para experimentar esta sanata en todo su esplendor no es
necesario salir a comer afuera u olfatear los fluidos corporales de
un par de bailarines calentorros en un restaurante cuya dueña es una
de las más mediáticas vedettes de la farándula local. Hoy en día, es
muy fácil conseguir bombones en forma de teta o una torta esculpida
en forma de consolador para que tu pareja, tus amigas o un compañero
de trabajo, puedan sentir el placer de morder un escroto de mazapán.
Sí, como leyeron: a los títeres pornográficos y a los lomitos
violadores, se le suman los bocaditos en forma de pito, los torsos
musculosos de chocolate brillante y las tortas en forma de culo con
unas tangas de glasé real tan coloridas y llenas de puntilla que
parecen haber salido directamente de una vidriera del Once.
Según las tres empresas de repostería erótica que ofrecen sus
productos online, son muchos los que eligen regalar golosinas
afrodisíacas para mejorar su vida sexual. Los hombres, para jugar y
experimentar con sus parejas o para burlarse de un compañero de
trabajo, avergonzándolo con petit fours en forma de pene. Las
mujeres, en cambio, para despedidas de solteras, para cenas con
amigas, o para sorprender a un marido aburrido que espera el mismo
aniversario de siempre. ¡Sí, claro! Me imagino lo que debe mejorar
tu vida sexual cuando al final de una cita romántica sacás del
freezer un helado en forma de pene erecto bañado en chocolate o
cuando sorprendés a tu esposa con un consolador comestible de veinte
centímetros, con testículos de chocolate y una vela metida en la
uretra, empotrado en el centro de una torta de llena de merengues y
guindas de fantasía.
FONDO BLANCO
Pero el verso más triste de toda esta batería de artilugios no se
come, se bebe. La marca
Mr. Love,
por ejemplo, ofrece un energizante afrodisíaco con feromonas y
maracuyá (o fruta de la pasión) que según dice en su página web,
sacude tu libido, acorta tus tiempos (de levante, presumo) y —acá
cito textual— “deshinive tu sensualidad”. Al parecer, si te tomás
un trago con este brebaje, aún con esas faltas de ortografía
espantosas, las chicas se vuelven completamente locas por tocar tu
cuerpo.
Otra alternativa igual de rara son los
Kamasutra Wines, de origen australiano, que tienen una botella y
etiqueta erótica (con poses sexuales del Kamasutra, obviamente) y un
retrogusto a vainilla, que según asegura la marca no sólo es
afrodisíaca, sino que es una suerte de Viagra natural que ayuda a
mantener erecciones por tiempo más largo.
Como todas las demás propuestas, estas bebidas se recomiendan
para sorprender a tu pareja. Y la verdad es que al menos en eso,
coincidimos. La cocina afrodisíaca será una mentira chabacana y
bastante boba, pero si en una cena servís un pene helado sobre la
mesa, lo más posible tu pareja no quiera tener sexo, pero se va a
sorprender. Eso seguro.
Fuente
CÓMO HACER UN STRIPTEASE
TRUCOS PARA ENCENDER LA PASIÓN
EL DIVORCIO EN LA PAREJA
LAS GALLETITAS QUE HACEN CRECER
LOS PECHOS
RECETAS PARA EVITAR LA RESACA
CONSEJOS PARA UNA VIDA FELIZ EN
PAREJA
LOS PLATOS QUE NO DEBES PEDIR
EN LA PRIMERA CITA
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