Las aguas
subterráneas se agotan
El agua subterránea es un recurso que no es inagotable.
En algunos casos, como el de las aguas fósiles de los desiertos, ni
siquiera es renovable. Se puede explotar con sensatez o se puede
sobre-explotar sustrayendo un recurso esencial para futuras
generaciones. Según un estudio reciente hemos estado haciendo
precisamente lo segundo durante las últimas décadas.
urante ese tiempo los humanos hemos estado bombeando agua desde
el subsuelo a tal ritmo que se corre el riesgo de que nos quedemos
sin un recurso del que dependen millones de personas. En zonas
cercanas a las costas la situación es aún peor debido a que la
sobreexplotación hace que entre agua salada del mar, malogrando para
siempre esas reservas de agua.
El agua subterránea se encuentra empapando rocas porosas, como la
arena, a profundidades que van desde cerca de la superficie hasta
cientos de metros de profundidad, pero su origen es siempre el
mismo. Aunque en este caso existe la ventaja de que el agua de estos
acuíferos no se evapora, el agua que contienen sólo puede ser
renovada con el agua de lluvia. Si se extrae más de lo que llueve al
final el acuífero se agota. El agua subterránea no se crea de la
nada.
Pero este recurso es esencial para la vida diaria y la
agricultura de numerosas regiones de la Tierra, que además explotan
corrientes de agua superficiales, humedales y los ecosistemas que en
última instancia facilitan la lluvia y la retención del agua
procedente de la misma.
Según este estudio, en la actualidad el ser humano está
consumiendo tanta agua subterránea que a través de la evaporación y
precipitación suponen un 25% anual del aumento del nivel del mar en
todo el planeta.
Según Marc Bierkens, de la Universidad de Utrecht y líder del
estudio, la posibilidad de que las reservas de agua subterránea se
agoten supone un desastre potencial para la agricultura global
"Si dejas que la población crezca mediante el aumento de campos
regados con agua subterránea que no es renovada, entonces correrás
hasta, en un momento dado, llegar a un muro que traerá hambrunas y
problemas sociales. Esto es algo que puedes ver desde millas de
distancia", dice Bierkens.
Este investigador y sus colaboradores publican sus hallazgos en
Geophysical Research Letters.
En el estudio se compara la cantidad de agua estimada que se
añade gracias a la lluvia y la cantidad que es retirada de los
acuíferos para agricultura y otros usos. Usaron una base de datos
existente que contiene información sobre los acuíferos a nivel
global y además crearon un modelo para estimar el ritmo al que se
añade y retira agua de los mismos. En este modelo tuvieron en cuenta
la exposición a la lluvia, la evaporación y otros efectos y datos
reales sobre precipitación, temperatura y evaporación sobre el
intervalo de tiempo que media entre 1958 y 2001.
Encontraron que el ritmo al que se explotan los acuíferos a nivel
mundial se doblo entre 1960 y 2000, aumentando desde 126 a 283
kilómetros cúbicos de agua al año (de 1,2×1011 a 2,8×1011 litros al
año). Para hacernos una idea se puede calcular que a este ritmo toda
el agua de los grandes lagos de Norteamérica desaparecería en 80
años. Como es difícil calcular la cantidad de agua que hay
almacenada en los acuíferos (aunque seguro que es finita) no es
posible decir con precisión cuando desaparecerá.
El agua subterránea representa el 30% de todo el agua dulce
disponible en el planeta, siendo el agua dulce superficial un 1%. El
resto del agua dulce está "bloqueada" en los glaciares y en los
casquetes polares. Esto significa que una reducción en la
disponibilidad del agua subterránea tendría profundos efectos sobre
el crecimiento de la población humana.
El estudio muestra que los mayores ritmos de agotamiento se dan
en las principales regiones agrícolas, incluyendo noroeste de India,
noreste de China, noreste de Pakistán, valle central de California y
el medio oeste de EEUU.
Según Bierkens el ritmo de agotamiento ha crecido linealmente
desde 1960 a 1990, pero se observa un rápido aumento relacionado con
el aumento de la economía y de la población en los nuevos países
emergentes, principalmente China e India.
Según se vayan agotando los acuíferos más someros, al final el
agua que quede estará a una profundidad que los agricultores no
podrán alcanzar nunca más con su tecnología habitual. Se necesitarán
tecnología más caras (y energía) para conseguir agua dulce para la
producción de alimentos como por ejemplo plantas desaladoras.
La final toda esa agua que extraemos del subsuelo termina en el
mar. Los autores del estudio estiman que la contribución de esta
agua suponen 0,8 mm anuales en el incremento del nivel del mar, es
decir, un cuarto del total de ese aumento, que es de unos 3,1 mm
anuales, principalmente debido a la fusión de los glaciares
provocado por el cambio climático. Esta contribución es mucho mayor
de lo que se creía anteriormente.
No hace falta añadir que todo esto se verá agravado por el
calentamiento global, que eleva la temperatura y por tanto aumenta
la evaporación y las necesidades de agua. Los modelos climáticos
predicen además que ciertas regiones se verán más afectadas que
otras al disminuir las precipitaciones debido al cambio climático.
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