En los últimos años, señala esta organización, se viene
registrando un aumento del consumo
de alcohol entre los menores y los jóvenes, así como la
tendencia a beber a una edad cada vez más temprana. Además, la
bebida es uno de los factores de
riesgo para el desarrollo de cánceres como el de estómago o
el de hígado.
Toxicidad y
dependencia
La OMC recuerda que el alcohol
no puede considerarse como una bebida más o un bien de
consumo ordinario y se destaca la necesidad de
potenciar las estrategias en la
reducción de su uso. Se trata, en opinión de los expertos,
de una droga con efectos en la
esfera conductual, psicológica, médica y social, que pueden
ser muy graves a causa de su toxicidad física y de la dependencia.
Quienes beben antes de llegar a la madurez fisiológica tienen más
probabilidades de convertirse en
alcohólicos en la edad adulta y de sufrir diversos
trastornos relacionados con este consumo, señala la organización
colegiada.
La OMC agrega que uno de los primeros contactos con las personas
que tienen esta adicción es en la
red de Atención Primaria, por lo que los médicos además de
tratar las patologías asociadas
deben fomentar "un cambio de mentalidad que permita tratar
íntegramente el problema desde el
individuo, el entorno familiar y comunitario".