En concreto, utilizaron un modelo
químico para medir la exposición a
largo plazo a esta polución, mientras que al mismo tiempo
utilizaron un dispositivo automático para medir la presión arterial
e identificar cambios en los niveles.
De este modo, la presión sanguínea
aumentó en 1,7 milímitros de mercurio (mmHg) en aquellos ciudadanos
que estaban expuestos a más de 2,4 microgramos de partículas finas
por metro cúbico, unos niveles
asociados a un aire contaminado por el tráfico o la
polución industrial. Además, explica Hoffman, "aumenta tanto la
presión sistólica como la diastólica, comprobando que este
incremento era mayor en mujeres".
"Según los resultados de este
estudio, la contaminación del aire no sólo provoca un mayor riesgo
de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, sino que
también pueden influir en otros procesos subyacentes que conducen a
enfermedades crónicas cardiovasculares", reconoce esta
experta, que ve necesario seguir nuestros investigando para prevenir
esta exposición crónica tanto como sea posible".
