OLIGOFRENIA O RETRASO MENTAL -
SÍNTOMAS Y TRATAMIENTO
Se entiende como retraso mental a aquel nivel permanente de
desenvoltura intelectual considerablemente inferior al promedio de
la población, y observable desde una edad muy temprana. Naturalmente
existen distintos grados de retraso mental, que van desde el retraso
mental discreto hasta el retraso mental profundo, en función del
coeficiente intelectual de cada cual y la cantidad mayor o menor de
funciones intelectuales dañadas, que determinarán la mayor o menor
capacidad del menor para adaptarse a la sociedad en que le toque
vivir, primero a nivel escolar, luego a nivel laboral y
paralelamente a nivel afectivo y social.
Las causas del retraso mental son muy
variadas, pudiéndose agrupar en dos grandes grupos:
Causas genéticas
Aberraciones cromosómicas, como en el caso del síndrome de Down, que
es la más común y conocida, y que habitualmente se da en hijos de
mujeres mayores o de mujeres muy jóvenes.
Trastornos del metabolismo, como la
fenilcetonuria, que si se tiene la fortuna de detectarse al nacer,
puede mejorar muchísimo con una dieta baja en fenilanina.
Trastornos endocrinos, como el
hipotiroidismo, causado por una deficiencia de yodo y que se da con
mayor frecuencia en aquellas zonas cuya agua y terreno contienen
poco yodo. Si el tratamiento se inicia pronto, sus síntomas serán
suavizados notablemente.
Causas ambientales
Relacionadas básicamente todas ellas con el período del parto, son
los llamados factores prenatales, perinatales y postnatales:
- Malformaciones encefálicas y craneales, como la microcefalia
(cabeza más pequeña de lo normal), la macrocefalia (cabeza más
grande de lo normal) y la hidrocefalia (aumento del líquido
encefalorraquídeo dentro del cerebro), debidas normalmente a
anormalidades sufridas durante el desarrollo uterino como
consecuencia de la exposición de la madre gestante a rayos X, la
malnutrición de ésta, o la ingesta masiva de alcohol, drogas o
tabaco durante el embarazo.
- Embriopatías o enfermedades fetales del menor, causadas por
enfermedades sufridas por la madre gestante como la sífilis o la
rubéola.
- La anoxia, o cierto grado de asfixia que puede sufrir el
feto durante un parto excesivamente largo o un parto de nalgas,
hará que el cerebro de éste no reciba el suficiente oxigeno,
pudiendo dañar como consecuencia su sistema nervioso central.
- Los niños prematuros o que pesen menos de dos quilos y medio
al nacer, también tienen más probabilidades de sufrir algún
deterioro de su sistema nervioso central.
También existen otro tipo de causas,
las de la llamada pseudoligofrenia. Con este termino se conoce al
aparente retraso mental que se da en individuos con un potencial
intelectual normal y que generalmente viven en lugares superpoblados
o marginales, en condiciones económicas y sanitarias deficientes y
víctimas del descuido de sus progenitores, tanto a nivel educativo
como emocional. También puede darse en aquellos niños que sufren un
cambio constante de domicilio, y como consecuencia, o no terminan de
adaptarse a la vida escolar o tienden a confundirla con su vida
familiar. En resumen, la frustración y la falta de estimulo en el
menor suelen ser determinantes en este tipo de retraso intelectual.
Podríamos decir que el denominador
común del conjunto de retrasados es la escasez de lucidez o
clarividencia, así como la dificultad de enjuiciamiento o
abstracción. Resulta importantísimo el diagnostico precoz de esta
enfermedad, pues si se inicia el tratamiento adecuado y se asesora
correctamente a los padres a edades muy tempranas, se obtienen
avances espectaculares en el menor. Aunque los padres y familiares
deben de saber de antemano que la evolución del niño no será en
absoluto uniforme, pudiendo pasar por épocas de estancamiento, otras
de grandes avances y otras de retroceso. Esto suele confundir y
desorientar en muchas ocasiones a los padres, que tienen la
responsabilidad de crear en cualquier ocasión un clima familiar lo
más normal posible, evitando en todo momento que el niño pudiera
sentirse culpable de su discapacidad, animándole siempre a que
intente superarse día a día y tratándolo con el afecto y la
confianza que todo niño merece. Algunos padres que se niegan a
aceptar el problema, no saben el perjuicio que, probablemente con la
mejor de las intenciones, están ocasionando a sus hijos.
Aunque sabemos reconocer que para
padres y familiares resulta duro aceptar las deficiencias del menor,
no queda más remedio que ser realistas y ser conscientes del grado
adaptación y reeducación al que puede llegar el niño, siempre bajo
el debido asesoramiento que los especialistas nos puedan brindar,
ésto y una aptitud positiva por parte de padres y educadores será
decisivo para el correcto desarrollo del niño.

Fuente
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