EL VÍNCULO DE LA MADRE Y EL
BEBÉ
El embarazo supone para una mujer uno de los acontecimientos
más importantes de su vida a todos los niveles. La especial relación
que se establece entre una madre y su hijo comienza antes del
nacimiento, cuando éste aún es un feto que comienza a formarse. Es
lo que se conoce como vínculo de apego afectivo o vínculo
afectivo-emocional, un lazo en el que ambos tienen algo que aportar
al otro.
La estrecha relación madre-hijo durante
el embarazo se produce tanto a un nivel celular como en el apego
afectivo, cuyo centro neuronal está en el cerebro, desde las
primeras semanas de la gestación.
El término vínculo o apego se ha
estudiado desde tres perspectivas (biológica, psíquica-afectiva y
social) que lo definen a su manera. En el fondo se trata de todas
aquellas relaciones que se establecen entre las personas,
especialmente, entre una madre y su hijo y que se pueden
materializar, dependiendo del enfoque, en caricias, miradas,
alimentación, higiene, sentimientos de desagrado, temor,
inseguridad, etc.
Sea como fuere, esta especie de
simbiosis madre-hijo se pone ya de manifiesto en la vida prenatal y
desde muy pronto. Por un lado, al feto le afectan todos los
intercambios que se producen en el organismo de la madre, fruto de
las situaciones biológicas y psíquicas que ésta experimenta.
Físicamente, madre e hijo comparten unos sistemas específicos de
neuronas y hormonas a través de los cuales se establece entre ambos
lo que algunos expertos llaman un diálogo emocional. Pero, además, a
nivel afectivo se produce también una interacción entre las señales
que la madre percibe, por ejemplo la patadas del feto, y la forma en
que las corresponde, por ejemplo a través del tacto. Circularmente,
la forma de interpretar las señales del pequeño generará en la madre
una serie de sentimientos, que pueden ser de seguridad, de ansiedad,
de temor, de afecto, etc., y que, a su vez, son percibidos por el
feto y repercuten en él, puesto que cualquier tipo de respuesta por
parte de la mujer va a generar un fenómeno biológico determinado que
modifica el medio en el que su hijo se está desarrollando.
Igualmente, en un plano más social,
el tipo de relación que tenga la madre con el padre y el ambiente en
general afecta al niño por nacer, puesto que, dependiendo de cómo
influyan en la madre las situaciones ambientales próximas, como
pueden ser la pareja, la familia o el trabajo, así influirán en su
pequeño.
Por ejemplo, una madre que durante el
embarazo vive momentos de estrés o ansiedad en su casa o en el
trabajo segrega una serie de sustancias nocivas que se transmiten al
feto a través de la placenta, produciendo, como consecuencia de
ello, que éste experimente también gran agitación y taquicardias.
Pero no sólo es la madre y sus
circunstancias las que aportan algo a esta relación. Se ha
comprobado que las embarazadas tienen, en su médula ósea, unas
células madre específicas que proceden del feto y que luego la mujer
las conserva toda la vida, células que, muchos años después, se han
encontrado en la regeneración espontánea del corazón de madres que
tenían una cardiopatía o en una reparación hepática. Pero, además de
este 'regalo' del niño intrauterino a su progenitora, también se
sabe que el feto, a partir del quinto mes de embarazo, es capaz de
enviar una serie de señales que estimulan en la madre la producción
de un neurotransmisor llamado oxitocina, conocida como la hormona de
la confianza y el placer, que refuerza la relación de apego entre
ambos: la oxitocina, que se acumula durante el embarazo, comienza a
liberarse con cada movimiento del feto antes de nacer, en el parto y
durante la lactancia, cuando el bebé succiona la leche materna,
provocando placer en la madre. A esto se añade que el propio proceso
biológico natural del embarazo reduce el estrés de la mujer, puesto
que desactiva la hormona cortisol.
Pero no sólo la madre, sino también
el padre experimenta este apego al hijo, sobre todo, a través de
estímulos táctiles, olfativos y visuales, que refuerzan sus rutas
cerebrales ante este sentimiento.
Dicho esto, es más que evidente que
el desarrollo del vínculo afectivo entre la madre y el niño por
nacer va a depender y mucho de factores como si el embarazo ha sido
o no deseado, si los padres han asumido y cómo lo han hecho su papel
de padres, de la satisfacción conyugal, de que el parto sea o no
prematuro o el embarazo de alto riesgo, de la edad de la madre, del
grado de aceptación de su imagen o de sus características
psicológicas y emocionales, entre otras muchas.

Fuente
CÓMO HACER QUE TU HIJO SE
DESPIDA DEL PAÑAL
CÓMO HACER PARA QUE TU HIJO
COMA
CÓMO ENSEÑAR A QUE MI HIJO SEA
RESPONSABLE
CÓMO SABER SI MI HIJO ES
SUPERDOTADO
CÓMO CUIDAR AL BEBÉ ANTES DE
NACER
GUÍA PASO A PASO DE LOS CAMBIOS
EN EL EMBARAZO
CONSEJOS PARA COMBIAR LAS
CORTINAS
CONSEJOS PARA LA ALIMENTACIÓN
DE NUESTRO PERRO
PERMISO DE MATERNIDAD Y
PATERNIDAD
ALQUILER DE PISOS CON OPCIÓN A
COMPRA
Ver Todo el Historial de
Notícias
|
|