¿QUÉ ES LA HIPOTERAPIA?
La Hipoterapia se basa en
el aprovechamiento del movimiento del caballo para la estimulación
de los músculos y articulaciones del jinete (en este caso,
paciente).
De esta forma, se convierte en el
único tratamiento por medio del cual el paciente está expuesto a
movimientos de vaivén que son enormemente similares a los que
realiza el cuerpo humano al caminar. Esto supone que el paciente no
se enfrenta pasivamente al movimiento, sino que se ve obligado a
reaccionar frente a una serie de estímulos producidos por el trote
del caballo. Debe adaptarse y responder frente múltiples y
diferentes sensaciones.
Se produce así una reacción que no es
sólo muscular sino también sensorial. Afecta a todo el cuerpo del
paciente, quien experimenta una mejoría global.
A nivel físico la hipoterapia ha
demostrado ser capaz de mejorar el equilibrio y la movilidad, de ahí
la utilización con pacientes que sufren diferentes parálisis. Pero
actúa también en otros planos como el de la comunicación y del
comportamiento.
De hecho, esta terapia se utiliza en
gran medida con personas que sufren dificultades para ingresar
dentro de la sociedad.
En general, con esta terapia se
han observado:
- Efectos fisiológicos: aumento de
la capacidad de percepción de estímulos, al encontrarse en una
situación de movimiento.
- Efectos psíquicos: se estimula
la atención, la concentración y la motivación frente a otros
movimientos. Es fundamental el aumento de la autoestima y de la
seguridad en uno mismo.
- Efectos físicos: el caballo
tiene una temperatura corporal y un volumen muy superiores al
hombre, lo que conlleva una importante transmisión de calor y
solidez al ser abrazado y tocado por un niño.
El movimiento del caballo tiene
además la gran ventaja de ofrecer una enorme variedad de ritmos
cadenciales, lo que supone la posibilidad, desde el punto de vista
terapéutico, de graduar el nivel de sensaciones que el paciente
recibe.
El caballo al trote transmite al
jinete un total de 110 movimientos diferentes por minuto, en
consecuencia no hay ni un solo músculo ni zona corporal, desde el
coxis hasta la cabeza, al que no se transmita un estímulo. Todo ello
en conjunto, produce que el enfermo pueda ser capaz de experimentar
sensaciones que nunca antes ha vivido.
La hipoterapia supone una actitud
activa del paciente, que deberá realizar movimientos para estirarse,
relajarse, mejorar la coordinación y el equilibrio...
Pero si hay un punto diferenciador,
que influye muy notablemente en la obtención de resultados
positivos, es que la hipoterapia es asumida por el paciente como una
diversión. Se desarrolla al aire libre, pudiendo disfrutar de cuanto
le rodea, no en un lugar cerrado lleno de máquinas que en cierta
medida pueden suponer una amenaza para el enfermo. Montar a caballo
es una terapia, pero es también una diversión y sólo explotando
correctamente ambas vertientes se conseguirán los mejores resultados
Por todo ello, esta terapia ha
demostrado su eficacia en personas con problemas de todo tipo:
- Esclerosis múltiple.
- Parálisis cerebral.
- Autismo.
- Síndrome de Down
- Espina Bífida.
- Traumas cerebrales.
- Conductas caracteriales.
- Enfermedades neurodegenerativas.
- Enfermedades traumatológicas.
- Anorexia.
- Bulimia.
- Afecciones crónicas.
- Minusvalías de cualquier tipo
(físicas y psíquicas).
- Problemas de comportamiento.
- Incapacidad intelectual.
- Discapacidad física.
- Discapacidad sensorial.
- Enfermedades mentales.
- Diversas inadaptaciones sociales
(drogadicción, delincuencia...).
- Otras afecciones invalidantes.
El hecho de montar un caballo, rompe
el aislamiento de la persona con respecto al mundo, poniendo al
enfermo en igualdad de condiciones con respecto al jinete sano. No
cabe duda que montando se consigue superar el temor, mejorar la
confianza y la capacidad de concentración; al tiempo que hace perder
las tensiones e inhibiciones físicas y emocionales. Esto hace que la
hipoterapia resulte efectiva no sólo con enfermos, sino también con
personas que presentan problemas de inadaptación social.
Todo ello se consigue gracias a que
el caballo ha demostrado ser un animal enormemente perceptivo, de
inmediato se dará cuenta de que la persona es diferente a los demás
y por ello se comportará de forma diferente a como lo haría con
cualquier otro jinete.
Son muchos los buenos resultados
conseguidos y llenan de esperanza, pero no podemos pensar que se
trata de una “cura milagrosa”. La hipoterapia está considerada como
un tratamiento alternativo, pero también complementario a los que se
utilizan habitualmente. Se ha demostrado que con él se pueden
obtener nuevos estímulos complementarios a los conseguidos con
tratamientos tradicionales.
El primer paso de las sesiones de
hipoterapia será establecer una relación entre el paciente y el
animal.
Esta fase inicial es de suma
importancia, ya que con ella debe generarse el necesario clima de
confianza entre ambos. Si el paciente no confía en el caballo, no
podrá estar relajado sobre él y en consecuencia la terapia será
ineficaz.
En estos primeros contactos el
paciente deberá acercarse al caballo, acariciarle, darle de comer...
es muy importante que se produzca el contacto físico para que la
persona tome conciencia del volumen del animal, de su cuerpo.
Debemos tener claro que el objetivo
de la hipoterapia nunca es que el paciente aprenda a montar,
simplemente deberá colocarse sobre el caballo, acompañado en todo
momento por el fisioterapeuta quien vigilará que se adopten las
posiciones que faciliten la circulación sanguínea, mejoren el
equilibrio y el sentido espacial.
El paciente deberá ser colocado en la
cruz del caballo, lugar donde la columna del animal es más alta
(donde el cuello se une con la espalda), en este punto se reciben
los movimientos de los músculos anteriores y posteriores, que son
los que provocarán el estímulo.
Las formas de asentarse el paciente
sobre el caballo pueden ser diversas, dependiendo del tipo de
estimulación que se necesite en cada caso (incluso se montará hacia
atrás).
Las primeras sesiones tendrán una
duración que irá desde los 15 hasta los 30 minutos, dos o tres veces
por semana. A medida que el paciente va mejorando, estos tiempos se
irán ampliando, llegando a sesiones de una hora.
Antes de montar a caballo, el
paciente realizará una sesión de calentamiento en el gimnasio, que
preparará a los músculos y articulaciones para el siguiente
ejercicio físico.
También después de montar se pasará
por el gimnasio, esta vez con el objetivo de obtener una correcta
relajación muscular.
Cuando un nuevo paciente acude
a un centro para recibir hipoterapia, los pasos a seguir serán los
siguientes:
- Realización de una evaluación
por parte del personal sanitario, quien analizará el grado de
afección, determinando su el paciente puede o no montar a
caballo.
- Se estudiarán los posibles
efectos secundarios, estableciendo en consecuencia un plan de
prevención.
- En función de las
características de la persona, se desarrollará un plan de
trabajo, en el que se planteará qué caballo le conviene así como
el programa a realizar por sesiones.
Es función del terapeuta mantenerse
totalmente atento a las respuestas dadas por el paciente en función
de los movimientos del caballo, ajustándolos para obtener los
mejores resultados.

Fuente
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