Sobrado en 'glamour'
Sin duda, una de las claves
principales del éxito del 500 responde al
encanto de su imagen. En
Fiat se han preocupado de mantener intactas las formas y el espíritu
del 500 original, diseñando el modelo actual a su imagen y
semejanza. Estamos ante un coche
coqueto, pequeño y con formas redondeadas que entra por los
ojos desde el primer momento. Todo el mundo esboza una sonrisa
cuando ve pasar un Fiat 500, algo que, como pudimos comprobar, se
multiplica por 100 si hablamos de la versión convertible.
Estéticamente esta versión es
idéntica al 500, con la salvedad de contar con
una capota de lona plegable que se puede abrir en toda la
longitud del techo del vehículo. El guiño al pasado es de nuevo más
que notorio, ya que se trata de la misma solución que empleaba el
500 convertible de finales de la década de los 50.
Todo sigue igual
Por dentro, nada cambia respecto a su
hermano con carrocería cerrada. Las
dimensiones exteriores del coche no varían (3,55 m de
largo, 1,65 de ancho y 1,49 de alto) y la capota sólo hace perder 1
cm de altura dentro, por lo que la habitabilidad es prácticamente la
misma (más...). En general, el espacio disponible está muy
conseguido si tenemos en cuenta el tamaño del vehículo.
El puesto de conducción no es del
todo satisfactorio porque el volante sólo se regula en altura y el
asiento (además de permitir ajustar la inclinación y de desplazarse
lógicamente adelante o hacia atrás) únicamente sube o baja de la
parte de la banqueta más próxima al respaldo, quedando la delantera
fija. Este es uno de los principales motivos por los que, como hemos
repetido en numerosas ocasiones, la
relación del asiento con respecto a los pedales no es la ideal,
ya que de cualquier forma quedamos demasiado altos con respecto a
ellos.
Acabado y maletero
Tampoco decimos nada nuevo al afirmar
que el aspecto interior de cualquier 500, incluido claro está este
500C, es simpático, agradable
y transmite una sensación de calidad superior a la que
tienen otros coches de su segmento.
El ajuste general de todas las piezas
es muy bueno y los plásticos empleados transmiten solidez y no
presentan un tacto desagradable. Como ya es sabido,
todos los controles y mandos están
bien agrupados y tratan de imitar los del Fiat 500
original; en esta versión tan sólo encontramos una novedad, plasmada
en los botones situados en el techo que sirven para enrollar o
desenrollar la capota de lona. Antiguamente eran los pasajeros los
que debían plegarla a mano y sujetarla con correas de cuero; hoy
este proceso está totalmente
automatizado y, además de con los mencionados botones,
también puede realizarse esta operación desde fuera mediante el
mando de la llave.
Existen
muchos huecos repartidos por el
habitáculo para depositar objetos, aunque algunos son muy
pequeños. Otro rasgo típico de cualquier 500 es que la guantera
tiene el pero de carecer de tapa, por lo que aunque tiene cierta
profundidad, gran parte de lo que depositemos en ella quedará a la
vista. Un acierto sin embargo radica en que en esta versión, el
maletero sólo pierde tres litros de volumen (182 en total) respecto
al 500 normal. Lo que cambia es el portón, que se sustituye
por una tapa que deja una boca de carga menor.
En este punto tenemos que hablar de
una peculiaridad. Recordemos que la capota tiene dos posiciones
(bueno, en realidad 3): en la primera fase, el techo se abre más o
menos hasta el montante C, aunque la apertura se puede detener
también antes (tipo techo solar). Si volvemos a pulsar el botón se
completa el proceso; la luneta trasera se pliega en posición
horizontal y la capota queda recogida sobre ella. Para que quede aún
más claro digamos que la posición 1
abre la superficie de una luneta eléctrica, la
posición 2 deja el techo al descubierto y
la posición 3, recoge completamente el toldo en la parte
trasera. Pues bien, si nos encontramos en esta última posición y
abrimos la tapa del maletero, la capota pasará automáticamente y sin
tocar nada a la fase 2, porque de lo contrario sería imposible
acceder al mismo.
Pequeño pero matón
Cómo no podía ser de otra manera,
hemos probado la gran novedad que introducía el 500C en el
apartado de las motorizaciones, en este caso la nueva
mecánica 1.3 Multijet II de 95 CV (que ya está disponible para toda
la familia 500), la única con el sistema Start&Stop de serie. Si en
mi primer contacto con ella ya quedé gratamente sorprendido (más…),
tras probarla en profundidad sólo puedo reafirmar mi pensamiento
inicial.
En el 500, este motor tiene una
respuesta al acelerador muy contundente y da una sensación de
aceleración relativamente intensa. Resulta
agradable de conducir en cualquier
condición porque es muy enérgico en un amplio margen de
revoluciones, aunque se muestre algo perezoso por debajo de las
1.300 vueltas. Una vez superado este régimen empuja con decisión
hasta pasadas las 4.200 vueltas, de manera mucho más notable sin
duda en comparación con su predecesor. También parece que
ha mejorado en el apartado acústico,
aunque sigue siendo ruidoso.
De todas formas, el punto más
destacable de esta mecánica radica en el consumo. Ya hemos hablado
de lo bien que va, pero es que para más inri
consume muy poco, teniendo
en cuenta que es capaz de hacer acelerar al coche de 0 a 100 en 11
segundos, alcanzando una velocidad máxima de 180 Km/h. La media
homologada en ciclo mixto es de tan sólo 3,9 litros a los 100. En la
práctica es relativamente fácil bajar con suficiencia de los 5
litros, así que estamos hablando de un consumo realmente bajo, de
los mejores entre los de su categoría, recalcamos, en comparación
con la aceleración y la respuesta de este 500.
En vías rápidas, practicando una
conducción tranquila en un recorrido de unos 200 kilómetros a
velocidades legales, la media que marcó el ordenador de a bordo fue
de 3,9 litros. En conducción alegre, aprovechando la máxima
capacidad de aceleración y apurando a fondo las marchas, en ningún
caso superó los 6... y nada que
objetar tampoco en trayectos urbanos, donde gastó de 5,2 l
de media.
Muy divertido
También hemos hablado en ocasiones
largo y tendido sobre las sensaciones de conducción que transmite el
500C. Es un vehículo ágil,
que permite rodar con seguridad a un ritmo elevado (aunque la
carrocería balancea sensiblemente) y con el que se disfruta al
volante. La otra gran novedad que introducía el 500C además del
motor que hemos analizado, es el cambio en la suspensión trasera
merced a la inclusión de de una barra estabilizadora que ya montaba
el Abarth 500 (más...).
A mi parecer, esta mejora
ha eliminado en parte las
reacciones un tanto bruscas del vehículo que se producían
al frenar de forma intensa cuando cometíamos un error, por ejemplo
teniendo las ruedas giradas. Ahora tengo la sensación de que no se
descoloca tanto de la trayectoria marcada con el volante. Sea como
fuere, repito, se trata de un coche muy divertido que da grandes
dosis de satisfacción y sensaciones al que lo conduce.
Por lo demás, poco se puede decir que
no se haya dicho ya, aunque sí me parece oportuno hablar del
aislamiento acústico en
esta versión descapotable. Como comenté en nuestro primer contacto,
no se puede decir que la insonorización sea mala del todo, pero en
ningún caso es buena. Ya sin fuertes rachas de viento como aquel día
al que hacía referencia, el ruido procedente del exterior es más que
notable ya no sólo descapotados, sino también con el techo cerrado.
En este sentido, los ocupantes sienten con mucha más claridad la
algarabía exterior que en otros descapotables con techo de lona.
Por su parte, aunque el deflector
opcional (150 €) mitiga en parte las corrientes de aire que se
generan en el habitáculo, éstas llegan a ser del todo molestas a
altas velocidades. Así pues, queda claro que
en los días preciosos y soleados de verano el 500C es toda una
gozada, pero para el resto del año, en función de las
condiciones climatológicas, la experiencia a buen seguro no será tan
agradable. Resumiendo, hay descapotables de similares
características y tamaño con un aislamiento mucho más conseguido.
Precio y equipamiento
El 500C está a la venta con dos
niveles de acabado denominados Pop (a
partir de 14.000 €) y Lounge (a
partir de 16.000 €). Como ya dijimos en su día, el primero
incluye 7 airbags, ABS+ EBD, radio CD con mp3, luces diurnas,
ordenador de viaje y cierre con mando remoto como elementos más
destacables. La segunda terminación añade entre otros, las llantas
de aleación de 15 pulgadas, los faros antiniebla, el volante
multifunción forrado en cuero, el aire acondicionado y el sensor de
aparcamiento trasero. Con diferencia, lo más criticable es que sólo
se incluye el ESP de serie con la mecánica de gasolina de 100 CV
(para contar con él en el resto de versiones hay que desembolsar 475
€).
Datos técnicos
El precio base de
nuestra unidad de pruebas (500C 1.3 MULTIJET 95 CV S&S LOUNGE)
arranca en 19.000 €, a lo
que debemos restar el descuento actual de 2.160 € que Fiat ofrece en
toda la gama 500C. La lista de opciones no es muy extensa, pero
incluye elementos interesantes como el climatizador automático (300
€), un sistema de sonido de alta fidelidad de la casa Interscope
(350 €), los faros de xenón (675 €), las llantas de 16” (200 €), la
tapicería de piel (950 €) o la pintura perlada (1.000 €), entre
otras cosas.
Lo que sí es prácticamente infinito
son las posibilidades de
personalización del vehículo. Los tres colores de la capota
se pueden combinar con hasta once de la carrocería (hay dos colores
nuevos), además de un sinfín de pegatinas para decorar el exterior y
diferentes accesorios para el interior. En nuestro caso concreto
lucíamos una sugerente y provocativa decoración que consistía en una
cremallera semiabierta, a juego cómo no, con la carcasa de la llave.
Según los italianos, si en el Cinquecento las combinaciones
posibles se cifran en más de 500.000... ¡en el convertible la cifra
aumenta hasta el millón!
Caro, pero directo al
corazón
Sin duda,
estamos ante un coche caro,
sobre todo si tenemos en cuenta que FIAT pide 2.700 € más respecto
al 500 con carrocería cerrada por sentir el placer del viento sobre
la piel, aunque realmente no vayamos sentados al aire como tal. Al
fin y al cabo, no ha habido que realizar grandes esfuerzos técnicos
en materia de seguridad (los arcos permanecen intactos y en su
sitio) lo que implica, además, que el desarrollo del mecanismo de
apertura y cierre de la capota no haya sido excesivamente
complicado. Así pues, en comparación, el desembolso extra a realizar
parece muy elevado a todas luces.