EL SÍNDROME DE LA ABUELA
ESCLAVA
El doctor Antonio Guijarro Morales, es cardiólogo, profesor
de la Universidad de Granada. Recientemente ha publicado un libro,
dirigido al gran público, titulado "El Síndrome de la Abuela
Esclava". En este libro se describen e ilustran con varios ejemplos
reales (aunque deformados literariamente), una forma de enfermedad
muy frecuente y grave, a veces mortal, que afecta a mujeres adultas,
provocando reiteradas visitas a hospitales y servicios de urgencia.
A continuación se puede leer un resumen del capítulo "Estudio
Descriptivo del Síndrome".
El síndrome de la abuela esclava es un
cuadro clínico patológico muy frecuente, grave, potencialmente
mortal, que afecta a amas de casa responsables en ejercicio activo,
inducido por factores extrínsecos (estrés familiar, enfermedades
intercurrentes) e intrínsecos (sentido excesivo del orden, la
dignidad y el pudor).
Este síndrome es muy frecuente en
nuestra sociedad, constituyendo una de las más extendidas pandemias
sufridas por las mujeres en el siglo XXI. Probablemente en cada
familia hay, hubo o habrá una abuela esclava, por lo menos.
Su importancia radica no solo en la
potencial mortalidad sino también en el altísimo grado de
sufrimiento crónico que provoca, con gran deterioro de la calidad de
vida, tanto en la propia afectada como en todo su entorno familiar.
Manifestaciones clínicas
Las abuelas esclavas son pacientes que, si no se diagnostican
precozmente, sufrirán de molestias crónicas, durante muchos años,
recorriendo numerosas consultas médicas, servicios de urgencias y
departamentos hospitalarios sin conseguir un alivio duradero o
razonable a pesar de ensayar numerosas y variadas terapias.
Los síntomas y principales formas de
presentarse el cuadro son los siguientes:
- Hipertensión arterial de difícil control, con oscilaciones
muy bruscas, aparentemente caprichosas.
- Molestias paroxísticas: sofocos, taquicardias, palpitaciones
en el cuello o el tórax, dolores punzantes por el pecho, que
cambian de un lado a otro, dificultad para respirar, mareos,
hormigueos, desvanecimientos.
- Debilidad o decaimiento persistentes, un cansancio extremo
desproporcionado respecto a sus actividades habituales actuales.
En el pasado soportaron tareas mucho más agotadoras sin sentir
atisbos de cansancio.
- Caídas fortuitas: las piernas no pueden sostener al cuerpo y
la paciente cae al suelo, generalmente sin perder el
conocimiento.
- Malestar general indefinido, disconfort. Casi nunca se
sienten confortables, a gusto ni relajadas, sin saber definir
exactamente por qué.
- Tristeza, desánimo, falta de motivación por las cosas. Ahora
apenas les divierten las gracias y arrumacos de sus nietos;
incluso les disgusta la mera presencia de los niños, anhelando
que sus respectivas madres se hagan cargo de ellos cuanto antes.
- Descontrol de padecimientos metabólicos, como la diabetes.
Alternan unas elevaciones alarmantes de las glucemias con
descensos bruscos peligrosos, provocando mareos e incluso coma.
Las respuestas a los tratamientos son anómalas e irregulares.
- Autoinculpación. Se sienten culpables de su incapacidad
actual.
Las causas
El síndrome de la abuela esclava se produce por agotamiento
consecutivo a estrés o sobreesfuerzo físico y emocional crónicos,
sobretodo en relación con las responsabilidades propias de una ama
de casa en ejercicio activo. La coexistencia de otras enfermedades
adelanta la aparición de manifestaciones clínicas y las agrava.
El estrés consiste fundamentalmente
en el agobio o interna sobrepresión que se producen por tener la
obligación, con responsabilidad directa, de cumplir simultáneamente
varias tareas con eficacia, puntualidad y acierto.
Algunos de los factores
predisponentes son:
- Realizar trabajos o actividades extra-hogareños sin
liberarse de las obligaciones de ama de casa.
- Familia numerosa.
- Casas grandes, con muchas habitaciones y muebles que
limpiar.
- Ancianos, niños o enfermos a su cargo.
- Hijos que, tras independizarse, vuelven al primitivo hogar,
bajo los cuidados maternos, sobretodo si lo hacen trayendo
pareja y/o hijos propios consigo.
- Enfermedades asociadas, o el natural envejecimiento, que
limitan la capacidad física y emocional de la paciente.
- Ausencia o pérdida de ayudas domésticas: se casa, enferma o
jubila la antigua sirvienta, sin sustituirla por otra de igual
eficacia o rendimiento. Se ausenta uno de los hijos que ayudaba
en las tareas.
- Traumatismo emocional: enfermedad grave o fallecimiento de
un ser querido. Separación conyugal propia o de un hijo.
- Deterioro económico: disminución del poder adquisitivo al
sobrevenir la jubilación. Fracaso de negocios familiares.
Pérdidas patrimoniales.
- Acumulación de obligaciones: agregarse invitados, atender a
familiares que residan fuera del hogar (padres, tíos o hermanos
enfermos). Mantener otras actividades o compromisos: religiosos,
sociales, etc.
Perfil
psicológico y social
Las abuelas esclavas vivieron años de
posguerra y estrecheces. Se ejercitaron en trabajar y obedecer, sin
rechistar. Siendo adolescentes no les enseñaron casi nada, pero les
inculcaron un excesivo sentido de la dignidad y el pudor.
Ahora son amas de casa con
responsabilidades familiares que les sobrecargan inadecuadamente,
llegando a extenuarles. Pero no se quejan. Durante años han asumido
como propio un trabajo equivalente a la jornada laboral de dos o más
personas, habituándose a hacer en un día las labores que normalmente
precisarían dos o más jornadas.
Con el paso del tiempo y el
crecimiento de la familia llega un momento en que son incapaces de
responder adecuadamente a todo lo que sus familias les demandan a
diario. Se amargan porque saben que su incapacidad decepcionará de
alguna forma a los seres queridos.
Comienzan a sentir la incomprensión
de aquellos a quienes han entregado lo mejor de sí mismas durante
los mejores años de sus vidas. Se aterran al vislumbrar que acabarán
sufriendo el desamor, y quizás el desprecio, de aquellos seres que
más quieren en este mundo, que a la vez son quienes más les están
decepcionando.
Jamás se quejan con la debida
elocuencia. Consideran humillante, incluso indigno, la petición
vehemente de socorro. Prefieren un final adelantado para sus vidas
antes que gritar, "escandalosamente", pidiendo auxilio.
La abuela esclava puede pertenecer a
cualquier clase social, si ejerce de ama de casa con responsabilidad
directa asumida, y reúne las características psicológicas
antedichas. A veces son mujeres sin nietos pero con cargas
familiares equivalentes. Excepcionalmente algunos varones asumen
responsabilidades semejantes si conviven con mujeres impedidas.
Diagnóstico
Debe sospecharse el síndrome de la abuela esclava en toda mujer con
responsabilidades familiares directas que presente síntomas crónicos
rebeldes y recurrentes, o enfermedades comunes que no responden
adecuadamente a los tratamientos convencionales.
Evolución y pronóstico
Si el síndrome no se detecta y persiste la situación de estrés, el
cuadro se complica y la paciente es catalogada con todos los
diagnósticos compatibles con sus múltiples manifestaciones:
hipertensión arterial, diabetes, angina de pecho, taquicardia
paroxística, arritmias de diferentes tipos, hemicránea, ansiedad,
depresión, neurosis, etc.
Los ingresos hospitalarios y las
temporadas que las pacientes pasan fuera de sus domicilios
habituales, liberadas de las cargas cotidianas, determinan mejorías
espectaculares. El retorno al medio y las responsabilidades
habituales provoca recaídas y agravación progresiva.
El síndrome hace crisis cuando la
esclava no puede aguantar más el estrés al que se siente crónica e
irremediablemente sometida. Al llegar a ese punto la esclava pide
ayuda de diversas formas, pero desafortunadamente sin la suficiente
expresividad para transmitir a los familiares la intensa amargura y
desesperación que la embargan.
La abuela esclava que decide
liberarse mediante suicidio lo hace pensando que van a descansar
tanto ella como sus familiares. Cree que, con su desaparición, la
familia quedará liberada definitivamente de la pesada carga que ella
misma, la abuela, supone.
Si alguno de los familiares más
cercanos intuye la auténtica entidad del problema, y acierta a
coordinar a los demás miembros de la familia para, entre todos,
liberar a la abuela de cargas y responsabilidades excesivas, el
pronóstico es excelente.
Tratamiento
La curación o liberación definitiva se alcanza cuando se consigue el
equilibrio entre los cometidos asignados a la abuela y su fortaleza
física y emocional, en cada momento.
La cancelación de funciones con
responsabilidades, la asignación de tareas sencillas no
comprometidas, y el mantenimiento de un gratificante, aunque
discreto, contacto con la familia, son las claves para liberar
definitivamente a nuestras sufridas abuelas esclavas.

Fuente
QUÉ HACER CUANDO LA CONVIVENCIA
ES IMPOSIBLE
¿QUÉ ES LA DEPENDENCIA
EMOCIONAL?
EL AMA DE CASA - TRABAJO
CÓMO ENFRENTAR A UN ENFERMO DE
ALZHEIMER
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