VIOLENCIA DOMÉSTICA EN LA
EMBARAZADA
Todos los días, los cuidadores sociales tratan a pacientes
embarazadas que experimentan la violencia doméstica y comprueban sus
impactos sobre el bienestar fetal.
Lydia Mayer y Jane Liebschutz enumeran
los factores de riesgo de estas pacientes en un artículo publicado
en New England Journal of Medicine. La violencia doméstica se
refiere a la generada por el compañero sentimental o por un miembro
de la familia, que se caracteriza por conductas o lenguaje violentos
y continuados.
Existen varios grados de violencia,
naturalmente, aunque es difícil poner el límite, ya que en el tercer
trimestre o previamente al parto, los efectos sobre la salud
probablemente son diferentes. La violencia contra las mujeres es un
grave problema de salud pública. En USA, 1.8 millones de mujeres
cada año, (3% de todas las mujeres) son maltratadas por sus
compañeros masculinos. Estudios en los años setenta y ochenta han
sugerido que del 23% al 56% de las mujeres golpeadas experimentaron
violencia durante el embarazo.
Dado que unos 4 millones de mujeres
dan a luz cada año en USA, entre 156.000 y 332.000 de estas mujeres
experimentarán violencia durante el embarazo. Es probable que haya
dos modelos de violencia. En un modelo, la violencia es un problema
crónico en el que las mujeres experimentan ataques periódica o
regularmente; en el otro modelo, la violencia es aguda y afecta a
mujeres que no la habían experimentado previamente. Realmente, es
impredecible qué puede ocurrir cuando una mujer queda embarazada.
Para las mujeres embarazadas, el predominio de violencia doméstica
es comparable a otras enfermedades que ocurren durante el embarazo,
como la diabetes o el aumento de la tensión arterial.
Entre las mujeres embarazadas, las
más jóvenes presentan más riesgo. Por ejemplo, en un estudio de
mujeres embarazadas, el 21,7 por ciento de las mujeres jóvenes,
comparado con el 15,9 por ciento de las mujeres adultas informaron
de violencia doméstica. En general, el riesgo aumenta si viven
solas, si vive en un ambiente hacinado y si tienen bajo nivel
socio-económico. La violencia doméstica se asocia con el consumo de
alcohol, tabaco o drogas por ambos miembros de la pareja, si hay
antecedentes de depresión o de trastorno de estrés postraumático en
la pareja, y si el embarazo es no deseado. Los perpetradores de
violencia doméstica frecuentemente aíslan a "sus" mujeres, incluso
haciéndoles perder las citas con el Ginecólogo.
Otras características son el escaso
cuidado personal y la falta de conducta autónoma. (Los indicadores
de cuidado personal y de autonomía para el embarazo incluyen la toma
de decisiones sobre cuándo quedar embarazada, el uso responsable de
los anticonceptivos, la ingesta adecuada durante la gestación, la
participación y colaboración con el médico y el tratamiento y la
preparación para el parto y la maternidad).
Parece ser que el embarazo favorece,
en cierto modo, la disminución de las conductas agresivas. Tres
factores favorecen este cambio conductual durante el embarazo:
- La motivación personal para hacer cambios conductuales,
durante una etapa nueva de la vida.
- El acceso a un cuidado médico más regular.
- El acceso a recursos sociales que facilitan el cambio.
- Algunos rasgos típicos del embarazo, como sentimientos de
vulnerabilidad física, emocional y financiera y deseo de tener
una familia unida, quizá impidan el abuso.
A pesar de todo, todavía la madre
puede estar en peligro. En la actualidad, el efecto del embarazo en
un ambiente familiar en el que ya hay violencia es desconocido. Por
ello, la mujer no debe pensar que quedarse embarazada puede ser la
solución a todos los problemas (más bien puede agravarlos) y meditar
bien la decisión.
La mortalidad por homicidio
Los estudios en la Ciudad de Nueva York, Chicago, y Carolina del
Norte, muestran que, en estas situaciones urbanas y rurales, las
muertes de embarazadas por violencia del compañero sentimental
superan a la de cualquier complicación médica del embarazo. Usando
los informes médicos y certificados de defunción, el estudio de
Nueva York mostraba que fallecieron el 63 por ciento de las mujeres
embarazadas agredidas. Según datos nacionales, en USA, el 69 por
ciento de los homicidios de las mujeres embarazadas son causados por
un allegado o conocido. El estudio de Chicago mostraba datos
parecidos: el homicidio era la causa del 25 por ciento de la
mortalidad materna.
Otras consecuencias
Los estudios existentes no ofrecen datos concluyentes sobre el
impacto de la violencia doméstica en los resultados del embarazo.
Parece ser que estas mujeres tienen tendencia a entrar más tarde en
el cuidado prenatal, que ganan menos peso durante el embarazo, sobre
todo si son adolescentes, y que consumen más sustancias durante el
embarazo. Estos tres factores aumentan el riesgo de bajo peso al
nacimiento. Las mujeres que sufren malos tratos durante el embarazo
tienen más probabilidades de sufrir depresión postparto (alrededor
del 50%, según algunos autores).
Algunos investigadores afirman que la
depresión existe a menudo antes del parto, pero que se descubre
después. También son más frecuentes las enfermedades de transmisión
sexual, la implantación defectuosa de la placenta o su ruptura por
el abuso físico, todas ellas causas de posibles problemas en el
feto.
¿Qué se puede hacer?
Todos los días, los ginecólogos tratan a pacientes que están
experimentando violencia doméstica. Esto incluso se da en
poblaciones que tienen una baja tasa (4 %) de violencia doméstica.
Los médicos no pueden confiar en que el paciente lo manifieste
espontáneamente (sólo un pequeño porcentaje, entre el 2.8 y el 5% de
las víctimas lo hace). El colegio americano de Obstetricia y
Ginecología recomienda la identificación rutinaria durante el
embarazo de las mujeres que son víctimas de la violencia doméstica.
Parece ser que, si se realiza un
seguimiento trimestral, se aumentan las probabilidades de descubrir
el problema, de un 5-8% en el primer trimestre a un 17% en el tercer
trimestre. Lo más probable es que su médico le vaya haciendo
preguntas de respuesta abierta -¿Cómo se ha hecho eso?- o de
respuesta cerrada -¿Le han agredido?-, pues parece ser que es la
forma más efectiva. Es posible que le pidan que responda algún test.
¿Qué pasa cuando una
paciente dice "sí"?
Hay que recurrir a una serie de trámites imprescindibles en estos
casos, que son:
- Probablemente, le harán una revisión obstétrica, para
comprobar que el feto está bien.
- Luego, si la paciente es Rh negativa y se sospecha que haya
ocurrido ruptura de la placenta por las agresiones, le
administrarán inmunoglobulina Rh0.
- Cuando exista la sospecha que la seguridad de la madre esté
en peligro, los médicos pueden recurrir a la ayuda social para
traslado al domicilio.
- Su médico puede realizar fotografías para adjuntar a la
historia.
Los equipos de trabajo social pueden
tener personal específicamente familiarizado con este tipo de
problemas. Esta persona, quizás enfermera o asistente social, debe
estar adecuadamente entrenada aconsejando a las mujeres golpeadas y
en la gestión de los asuntos legales.
Si una mujer ha sido víctima de
violencia, puede que desee abandonar la situación. Es normal que
necesite ayuda psicológica para afrontar este cambio para dejar esta
relación abusiva aunque se enfrentará a la incertidumbre de
encontrar una residencia, recursos financieros, legales. El
perpetrador del abuso quizás no le permita acceder a los documentos
necesarios. Estos y otros factores hacen difícil la situación.
En caso de que la paciente decida
permanecer en su situación actual, debe saber que uno de los
aspectos más frustrantes es que la situación raramente parece
cambiar de manera radical.

Fuente
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