Se trata de unas cifras que
contrastan con las ofrecidas por la Defensa Civil del estado, que
por el momento ha confirmado 41
muertes y sitúan el número de desaparecidos en 607, de los
que medio millar se han registrado en la localidad de Uniao dos
Palmares. En esta localidad, además, hay nueve muertes confirmadas.
El número de damnificados llega a
116.180 y el de viviendas destruidas a cerca de 17.000.
Los estados más afectados por las
inundaciones en el noreste de Brasil son Alagoas y Pernambuco, donde
las autoridades informan de que hay al menos 12 muertos y entre
17.000 y 24.000 desplazados a consecuencia de la crecida
del río Mundaú y de la rotura de la presa del Buen Consejo, que han
afectado severamente a seis localidades de la región.
"Es parecido a lo que pasó en Haití",
afirmó Vilela en referencia a los estragos causados por la crecida
de las aguas en las localidades próximas a los ríos Paraíba y Mundaú.
"Hay ciudades en las que parece que cayó una bomba atómica", añadió.
El gobernador afirmó que reza para
que lo equipos de rescate
encuentren con vida a los desaparecidos, al tiempo que
manifestó su preocupación por el hecho de que ya se están empezando
a hallar algunos cadáveres en las playas. Vilela anunció que hoy
martes los equipos de buceo especializado comenzarán los trabajos de
recogida de cadáveres en las zonas afectadas.
El gobernador, sin embargo, destacó
que lo más importante es que el presidente del país, Luis Inácio
Lula da Silva, ya se ha hecho cargo de la situación y
enviará en breve a la zona material
de emergencia, agua potable y alimentos, que serán
trasladados por parte de la Fuerza Aérea a las zonas más
inaccesibles.
"Lula ya ha ordenado a tres de sus
ministros (a las zonas afectadas), para que se den cuenta de que
allí se ha producido una matanza", afirmó Vilela, que este
lunes ya se reunió con Lula para coordinar una respuesta a la
catástrofe. Por lo pronto, el Gobierno central ya ha prometido que
movilizará 120 millones de reales
(unos 55 millones de euros) y al Ejército para asistir a
los afectados por las inundaciones.