LAS MENTIRAS Y TABÚES DEL SEXO
A lo largo de la historia, el sexo siempre ha estado rodeado
de una atmósfera de ocultismo. Esto ha provocado la existencia de
numerosas falacias y bulos. De hecho, cuanto mayor es la ocultación
de una cuestión, más tabúes, sinónimos y desinformación se crea al
respecto.
La diferenciación de los sexos, la
homosexualidad, la sexualidad femenina, la masturbación, etc., han
supuesto todo un universo de secretismo y tabúes favorecido en
cierto modo en la sociedad occidental por una cultura judeocristiana
machista. En todas las culturas existen filosofías y místicas que
conectan el sexo y sus prácticas con el sentido más puro de la
espiritualidad, del instinto y de la magia natural o
refortalecimiento energético.
Tomemos por ejemplo un tabú clásico:
la sexualidad femenina. Hasta mediados del siglo XX, muchas
personas, entre ellas algunas autoridades médicas, consideraban que
la mujer no era capaz de alcanzar un orgasmo. Esta creencia era
reflejo indudable de un prejuicio cultural, porque el sexo era un
acto que el hombre perpetraba para su exclusiva gratificación,
teniendo a la mujer como sujeto pasivo.
Sin embargo, debemos entender el sexo
como una parte natural de nuestra vida, aunque durante siglos
intentasen inculcarnos la creencia de que el sexo era para procrear
y el resto de prácticas sexuales eran diabólicas y malignas.
Evidentemente, a lo largo del desarrollo de la sociedad actual
habría razones de aparente validez: por ejemplo, en casi todos los
grupos humanos se ha prohibido el incesto, tratando de proteger a la
raza humana contra los peligros de las mutaciones genéticas; y no se
puede negar tampoco que aquello de "no desear a la mujer del
prójimo" -en una sociedad patriarcal y de propiedad privada- es, más
que una llamada a evitar el "pecado", una conveniente precaución
contra los conflictos sociales que podrían derivarse de la
concreción de ese deseo.
A pesar de todo, existen numerosas
normas dirigidas por los guardianes de "la moral", que han llegado a
barbaridades en su afán por contener lo incontenible, dando lugar a
todo un museo de los horrores, y es que a mayor represión, mayor
obsesión.
A este panorama -para algunos
desolador- podríamos sumarle la constante variación de las
categorías de "lo moral" y "lo inmoral", de una época a otra y de
una cultura a otra: ya que si tomamos como muestra lo que en la
milenaria Grecia era la normal compañía de los efebos en los
palacios imperiales, en los tiempos que corren es la terrible y
perversa pedofilia; lo que para los patriarcas del Antiguo
Testamento eran relaciones maritales absolutamente normales, para
las leyes de la actualidad son graves delitos de bigamia o
poligamia.
Por espacio de siglos se instó a las
mujeres a cumplir con sus deberes conyugales, prestándose en todo
momento a los requerimientos sexuales del marido, a la vez de que se
les inculcaba la idea de que las mujeres "decentes", no debían
complacerse en el amor sexual. Puesto que las muestras de placer
físico o tener un orgasmo se consideraban "impropio de una dama",
era normal que muchas mujeres no pudieran lograr orgasmos. En otras
palabras, se implantó en ellas la idea de "que no podían
experimentar desahogo sexual, y que si eran capaces de tenerlo, no
debían permitírselo". Hoy en día, nadie pone en duda que el orgasmo
se da en los dos sexos.
La solución: una buena
educación sexual
Por tanto, este tipo de falsedades favorecen las frustraciones,
debemos entender el sexo sin encuadrarlo simplemente en un coito
genital, sin la obsesión a priori del orgasmo o de la procreación.
Descubramos el sexo a través de sus infinitas posibilidades.
La solución y eliminación de esta
incultura sexual se debe iniciar en una adecuada educación sexual.
Teniendo en cuenta que los niños y los adolescentes tienen entre sus
amigos e iguales su mayor fuente de información sobre cuestiones
sexuales. Si nosotros no hablamos con nuestros hijos e hijas de sexo
lo harán otras personas que con mucha probabilidad les darán
información incorrecta y sesgada. Si no corregimos y completamos
esta información podemos encontrarnos con que nuestros hijos
desarrollan visiones de la sexualidad muchas veces traumáticas o
deformadas y pueden plantearse problemáticas irreversibles.
Desde aquí abogamos por un modelo de
educación sexual no restrictiva, que incluya los aspectos
biológicos, psicológicos, sociales, culturales y morales de la
sexualidad. De forma complementaria, la educación sexual que
propugnamos ha de perseguir tanto la prevención de problemas como la
búsqueda de satisfacción personal, la comunicación y una percepción
moral de la sexualidad basada en la tolerancia.

Fuente
EL ROL SEXUAL DEL HOMBRE Y LA
MUJER
LA INAPETENCIA SEXUAL
CÓMO COMPLACER SEXUALMENTE A
LAS MUJERES
¿EXISTE LA BISEXUALIDAD?
LAS DIFERENTES FASES DE LA
RELACIÓN SEXUAL
CÓMO BESAR BIEN
TRUCOS PARA SENTIR UN ORGASMO
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