HEPATITIS - CAUSAS, SÍNTOMAS Y
TRATAMIENTO
La hepatitis es una enfermedad infecciosa que se caracteriza
por la inflamación del hígado. Existen cinco tipos distintos de
hepatitis: A, B, C, D y E, cada una de ellas causada por un virus
distinto.
Habitualmente durante los 5-15 primeros
días de la enfermedad el paciente experimenta cansancio, pérdida de
apetito y dolores tanto en los músculos como en las articulaciones,
aunque en ocasiones puede ser totalmente asintomática o con
molestias tan leves que el paciente no llega ni a acudir al médico.
No existe un tratamiento específico
para la hepatitis pero si unas directrices para su curación que a
continuación detallamos:
- Llevar una dieta equilibrada, evitando los alimentos ricos
en grasa.
- Evitar por completo el alcohol, ya que resulta tóxico para
el hígado.
- Realizar un reposo relativo, según los síntomas de cada
paciente.
- Tomar las medidas oportunas para evitar el contagio y
propagación de la enfermedad.
Todos los tipos de hepatitis pueden
llegar a convertirse en enfermedades crónicas, a excepción de la
hepatitis A.
Afortunadamente la hepatitis A es la
más común, aunque ésta puede desarrollarse sin que la persona
afectada se de cuenta. Su transmisión es por vía oral, quizás por
ello sea habitual su contagio entre niños pequeños (al compartir
juguetes u otros objetos con niños infectados).
También puede contraerse esta
enfermedad a través del agua o los alimentos, siempre que no existe
una estricta manipulación higiénica, de ahí la existencia de brotes
y epidemias de hepatitis A en los países del tercer mundo.
Después del contagio hay un mes de
incubación de la enfermedad, tras el cual el organismo reacciona
produciendo anticuerpos y la enfermedad comienza a remitir.
La hepatitis E también se transmite
vía fecal-oral, pero es muy poco frecuente. Normalmente afecta a los
jóvenes y puede ser peligrosa en mujeres embarazadas.
El virus de la hepatitis B, por el
contrario, puede encontrarse en todos los fluidos orgánicos: sangre,
saliva, semen, flujos vaginales, etc. Por lo tanto su transmisión
puede ser por vía parenteral (mediante material contaminado),
sexual, o perinatal (de una madre infectada a su bebé durante el
parto o a través de la placenta).
Las tasas de curación de la hepatitis
B es muy alta, sólo entre el 5 y el 10% de los casos se convertirá
en una infección crónica. De éstos aproximadamente el 20% de los
casos desarrollarán una cirrosis, mientras que el resto se
convertirán en portadores sanos de la enfermedad. Estos últimos
deberán tener muy presente las siguientes recomendaciones para
evitar el contagio de la enfermedad:
- No compartir nunca ni jeringuillas ni útiles de aseo
personal.
- Usar siempre preservativo en sus relaciones sexuales.
- Advertir de su enfermedad a los profesionales de salud que
deban estar en contacto con alguno de sus fluidos orgánicos
arriba indicados, como el ginecólogo, el dentista o en caso de
cirugía, por ejemplo.
- La pareja sexual del portador sano así como aquellas
personas que convivan habitualmente con él deben estar vacunadas
contra la hepatitis B, que actualmente está incluida en el
calendario de vacunación español, al igual que en otros muchos
países.
La hepatitis D sólo puede contraerse
si existe una infección simultánea con la hepatitis B.
Fuente
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