El hijo Michael Douglas
condenado a cinco años de cárcel por tráfico de droga
Nueva crisis en la saga
Douglas. Cameron, el hijo mayor de Michael, ha sido condenado a
cinco años de cárcel por tráfico de drogas. Se repite en la familia
el drama de las adicciones. Sexo, alcohol y heroína acechan una y
otra vez a quienes lograron momentos memorables en la gran pantalla.
El gen que marca el
apellido Douglas parece un perfeccionista adicto a la fisonomía: la
barbilla y la mirada de Kirk Douglas, de 93 años, se reproducen con
exactitud casi geométrica en su hijo Michael, de 65, y en su nieto
Cameron, de 31. Cuando los tres actores aparecen juntos en una foto,
es imposible no sentir cierta inquietud ante esa impronta genética
tan arrolladora. Al fin y al cabo, para ser concebido es
imprescindible la participación de una mujer, pero en el caso de
esta saga legendaria, recientemente tocada por la desgracia de ver
al benjamín entre rejas por tráfico de drogas, es como si alguien
hubiera borrado el rastro de la mitad femenina en la ecuación
procreadora.
Y no deja de resultar irónico, porque
en la vida de Kirk y Michael, dos intérpretes tan colosales como
algunos de sus mejores filmes, desde Senderos de gloria o
Espartaco, en el caso de Kirk, hasta Wall Street, en el
caso de Michael, las mujeres han sido, a partes iguales, la
bendición y la maldición de su existencia. Ambos fueron adictos a
ellas. Kirk, durante su primer matrimonio, algo que hizo que la
madre de Michael, la actriz Diana Dill, pidiera el divorcio; él le
confesó que le resultaba imposible ser fiel. Anne Buydens, su
segunda esposa, con la que tuvo otros dos hijos, Peter y Eric,
aceptó durante los primeros años a un marido adúltero, pero Kirk
acabó transformándose en un marido ejemplar.
Michael, que no sólo heredó la
barbilla y la mirada de su padre, sino el talento con el que ambos
devoran la pantalla y esa debilidad por las féminas, se casó con
Diandra Laker en 1977, pero en los noventa tuvo que ingresar en una
clínica de rehabilitación alegando ser adicto al sexo, precisamente
tras interpretar y arrasar en la taquilla con tres películas
bastante tórridas: Instinto básico, Atracción fatal y
Damage. Años después, en su biografía oficial, no hay rastro de
aquella supuesta dependencia, solo se habla de adicción al alcohol.
Pero el mito, real o imaginario, quedó en el aire, y cuando Michael
se separó de Diandra Luker, madre de Cameron, para casarse con
Catherine Zeta-Jones en 2000, la actriz galesa, en vista del
currículo de su futuro esposo, le hizo firmar un precontrato nupcial
que le obligaría a pagar, ante un teórico divorcio, 1,7 millones de
dólares por cada infidelidad que Zeta-Jones pudiera demostrar. De
momento no ha sido necesario desembolsar ni un dólar: la pareja
muestra solidez y juntos tienen dos hijos, Dylan Michael y Carys
Zeta. Con ellos, Michael ha tratado de enmendar todos los errores
que cometió con Cameron, que son en realidad los mismos que su padre
cometió con él: ser una estrella ausente, demasiado preocupado con
su carrera como para prestarle atención a su hijo.
"Si miras a tu alrededor
puedes ver que casi nadie en segunda
generación logra triunfar. Es una retahíla de desastres, carreras
rotas y autodestrucción". Esta frase premonitoria, que hoy se puede
aplicar perfectamente a su hijo Cameron, la dijo Michael Douglas en
una entrevista hace años hablando de los problemas que acarreó para
él ser el hijo de Kirk, un actor con una carrera coronada con un
Oscar de honor en 1996, y al que Michael trató de emular, pero todo
se le hizo increíblemente cuesta arriba. A eso habría que añadir las
dificultades emocionales de crecer sin la atención paterna debida.
El propio Kirk reconoció años después: "Yo no estuve ahí para mi
hijo".
El único de los tres Douglas que se
forjó una carrera desde abajo fue precisamente el patriarca de la
saga. Nacido como Izzy Demsky en una familia de inmigrantes judíos
en Amsterdam (Nueva York), Kirk también sufrió la ausencia de un
padre frío que abandonó a su familia cuando él aún era un niño. Su
futuro se lo labró con sudor y mucha ambición, hasta lograr ser un
actor de éxito, o lo que es lo mismo, conquistar el llamado "sueño
americano". No fue hasta su octava película, Campeón, cuando
consolidó, además de su primera candidatura al Oscar, esa imagen de
tipo duro que le hizo célebre y caracterizó gran parte de sus más de
60 filmes, con títulos imprescindibles como Cautivos del mal
y El loco del pelo rojo.
Michael, en cambio, pese a crecer
entre cojines dorados, tuvo muchos problemas para que su carrera
como actor arrancara, entre otras cosas porque ser hijo del gran
Kirk Douglas, que en un principio no quiso que su hijo siguiera sus
pasos, no era fácil de digerir. Según el propio Michael relató en la
revista Vanity Fair, cuando comenzó a actuar en la serie
The streets of San Francisco, con la que se dio a conocer en los
setenta, vomitaba antes de cada rodaje debido a la ansiedad y a la
presión de no estar a la altura de su padre. No obstante, aún tuvo
mejor suerte que su hermanastro Eric, un cómico que acabó muerto por
sobredosis en 2004 tras arrastrar una vida de adicciones varias.
Cameron podría haber acabado
igual, y por eso, pese al drama de su encarcelamiento, Michael
asegura: "Al menos, ahora está a salvo". Cameron empezó a tontear
con las drogas en su adolescencia, cuando también acusaba la
ausencia de su progenitor. "Fui un mal padre, si por mal padre se
puede interpretar el estar demasiado ausente", ha admitido Michael.
Cameron intentó, sin demasiado éxito, labrarse una carrera como
disc jockey hasta que su padre decidió ofrecerle una oportunidad
como productor, algo que Kirk había hecho con él al principio de su
carrera, cuando no parecía que Michael fuera a despegar como
intérprete. Kirk le dio a su hijo una joya en bruto, los derechos
sobre la producción de Alguien voló sobre el nido del cuco,
que Kirk había protagonizado en Broadway. Y aunque Michael decidió
no contratar a su padre, sino darle el papel de protagonista a Jack
Nicholson, la película consiguió el Oscar al mejor filme en 1975,
catapultando la carrera de aquel productor novel de apenas 31 años
que pronto demostraría también su valía como intérprete con éxitos
comerciales como La joya del Nilo.
A Cameron, en cambio, lo que le llegó
a las manos en 2002 fue Cosas de familia, ese drama familiar
que reunió a las tres generaciones Douglas, e incluso a la abuela
del clan, en un filme con un guión espantoso donde todo aquel
talento quedó completamente deslucido y que sucumbió
estrepitosamente frente a la crítica y el público. A pesar del
batacazo, a nivel familiar, aquel filme debió de tener cierto efecto
catártico, puesto que los tres Douglas se interpretaban más o menos
a sí mismos y reproducían las dificultades de sus relaciones.
Además, para Kirk y Michael significó trabajar juntos por primera
vez. "Mi hijo y yo nunca estuvimos cerca, quizá a causa de mi
divorcio. Pero esta película cimentó nuestra relación. Fue muy
bonito y muy importante para mí", dijo Kirk tras un rodaje que
llegaba precisamente después de que saliera milagrosamente vivo de
un accidente de helicóptero y superara un infarto.
Cameron interpretaba al hijo
adolescente que tontea con las drogas, pero se da cuenta de que son
malas, emulando un poco su propia vida, puesto que cuando produjo el
filme acababa de pasar por rehabilitación. Sus adicciones habían
comenzado en la adolescencia, pero el fracaso de la película y de
las dos siguientes en las que participó como actor le hicieron
regresar a los vicios de antaño. En 2007 le arrestaban por posesión
de heroína y en 2009 se convertía en uno de los detenidos dentro de
una gran operación federal antidroga en la que se descubrió que
Cameron vendía heroína y metanfetamina desde 2006.
La policía lo encontró en un hotel
neoyorquino completamente colocado y en posesión de unos 200 gramos
de cristal. Le pusieron bajo arresto domiciliario a la espera
de juicio, pero poco después, su novia, Kelly Sott, era sorprendida
tratando de introducir siete gramos de heroína en el apartamento
dentro de un cepillo de dientes eléctrico, así que Cameron fue a dar
con sus huesos en la cárcel. En los meses que precedieron al juicio,
celebrado en abril, Cameron consiguió limpiarse, e incluso su
padre reconoció que era la primera vez que le veía sobrio desde que
su hijo era un adulto. Todo el clan Douglas se unió para pedirle al
juez clemencia con cartas conmovedoras. Kirk arrastró sus 93 años de
Los Ángeles a Nueva York para visitar a su nieto y escribió una
misiva en la que decía: "Me alegré de ver lo bien que se ha tomado
su encarcelamiento. No culpa a nadie más que a sí mismo. No fue
autocomplaciente, ni espera que le tengamos piedad. Su único pesar
es el daño que le ha causado a otros. Pero estoy convencido de que
Cameron podría ser un gran actor y una persona que se preocupa por
los demás. Le quiero mucho".
Pero sirvió de poco: ni las palabras
de su madre, Diandra Laker, ni las de su madrastra - Catherine
Zeta-Jones-, ni los cinco folios del propio Michael, en los que se
culpaba a sí mismo por no haber sido un buen padre, consiguieron
evitar que el pasado 20 de abril Cameron fuera sentenciado a cinco
años de cárcel. "Esta puede ser su última oportunidad para cambiar
las cosas", le dijo el juez. Con rostro sombrío, Cameron aceptaba la
sentencia y aprovechaba la ocasión para pedirle perdón a su familia:
"Quiero disculparme ante mis seres queridos por haberles metido en
esta pesadilla creada solo por mí. Creo, señor juez, que esta vez
las cosas serán diferentes".
De momento habrá que esperar
cinco años para saber si Cameron podrá
reinventarse y superar el complejo de ser segunda generación, algo
que a Michael le costó muchos años. "La percepción pública es que,
si triunfas, es porque te lo dieron hecho y no tuviste que
esforzarte; y si no triunfas es que eres un desgraciado. No es fácil
vivir con eso. Como productor, el éxito me llegó muy joven, pero
como actor tardó mucho más. No fue hasta que conseguí el Oscar por
Wall Street en 1987 cuando realmente conseguí superar el
complejo de ser el hijo de mi padre", dijo recientemente Michael. El
personaje que le valió aquel Oscar fue el de Gordon Gekko, ese
tiburón de las finanzas que Oliver Stone visualizó para la ficción
con tanto tino que aún hoy, 15 años después, sigue resultando
actual. Él canonizaría la frase "la codicia es buena", que se
convirtió en la máxima de toda una generación de ejecutivos
agresivos.
Este año, Michael ha vuelto a
encarnar a Gekko en Wall Street 2, cuyo estreno en Cannes en
mayo le ha obligado a pasear su dolor paterno por el olimpo del
glamour precisamente pocas semanas después de que su hijo
recibiera su condena. Es el estigma que le toca arrastrar a Michael,
igual que Kirk vio a su hijo a punto de perderlo todo hace veinte
años.

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