87 años después, los modelos salidos
de la fábrica de Turín con el apellido Quadrifoglio Verde tampoco
lucen mucho más que un trébol de cuatro hojas en las aletas
delanteras y unas llantas exclusivas. Y es que Alfa Romeo quiere
hacer de estas versiones con ciertos tintes de competición algo muy
discreto, incluyendo la del recién
incorporado Alfa Giulietta. No obstante, hay clientes
potenciales que no querrán pasar desapercibidos, y para ellos Alfa
ofrece cosas interesantes como un llamativo color 'Amarillo Corsa'
para la carrocería (400 euros), pinzas de freno pintadas en color
rojo (120 euros) o una gran variedad de pegatinas de personalización
(a partir de 230 euros) con la que decorar sus carrocerías.
Pero por lo demás, apenas se pueden
establecer diferencias estéticas entre éste y
cualquier otro MiTo de la gama.
Los únicos detalles que lo diferencian son el color gris de las
carcasas de los retrovisores exteriores, el reborde en el mismo
color para los faros delanteros o las llantas de 17 pulgadas
(215/45) oscurecidas, que pueden ser de 17 o de 18 pulgadas y con un
perfil más bajo (a cambio de otros 300 euros extra).
2.000 euros de diferencia
El Mito Quadrifoglio Verde tal cual
sale de fábrica está disponible
desde 19.700 euros, unos 2.300 euros más de lo que cuesta
con el motor 1.4 TB de 135 cv y acabado Distinctive. Esta diferencia
de precio, que no es excesiva y puede tentar a muchos, sólo se
justifica con el aumento de potencia de 35 cv y con el control
dinámico DNA, que es específico en esta versión QV y que puede
modificar electrónicamente la configuración de los amortiguadores,
además de la asistencia en el volante y la entrada en funcionamiento
del control de estabilidad.
En el interior, salvo los pedales de
aluminio y la instrumentación Sport para el conductor, los
lujos han de pagarse aparte. Por ejemplo, elegir un navegador
integrado con bluetooth + USB, climatizador bizona y la tapicería de
piel supondrá unos 3.000 euros más.
Si el dinero no es un problema, la cuenta se puede engrosar a base
de extras hasta los 26.000 euros con cosas como la iluminación por
xenón, un equipo de sonido de alta fidelidad BOSE, sensores de
aparcamiento o techo solar. Las llantas de 18” cuestan 300 euros.
El equipamiento de serie es
aceptable, aunque por ese precio ya se podrían incluir cosas como el
control de velocidad, automatismos de luz y lluvia o una radio con 8
altavoces en lugar de 4. Entre los elementos incluidos más
importantes destacan los siete airbags, el
sistema Start&Stop,
llantas de 17 pulgadas y los asientos deportivos con tapicería
específica que resultan cómodos para cualquier conductor y dan buena
sujeción lateral en todo momento.
7,5 litros
Entrando directamente en materia, una
de las mayores inquietudes entre los admiradores de este compacto es
el consumo mínimo a asumir. Sobre el papel, Alfa Romeo ha conseguido
un dato homologado de consumo mixto
de 6 litros cada cien kilómetros, una cifra correcta y
prácticamente idéntica a la de un VW Polo GTI o a la de un Mini
Cooper S, gracias fundamentalmente a la incorporación del fantástico
sistema Start&Stop y al ahorro que proporciona la tecnología
MultiAir.
Sin embargo, y como ocurre en
aquellos, la realidad dista un poco
de la teoría. Nosotros pudimos realizar un recorrido por
autovía de unos 400 kilómetros, donde no se superó el límite de
velocidad y en el que casi siempre se circuló en sexta velocidad
para favorecer el consumo, eso sí, realizando frecuentes
adelantamientos. En este caso, el ordenador de a bordo marcó 7,5
litros al llegar a nuestro destino. El otro registro lo encontramos
en puerto de montaña, donde sólo buscábamos divertirnos y olvidarnos
del ahorro. En este caso, el 1.4 TB necesitó 9,4 litros de
combustible para exprimir todas sus posibilidades.
En este apartado es necesario
destacar que el ordenador de a bordo
no es demasiado preciso a
la hora de controlar el combustible disponible. El rango de
autonomía que aparecía en el display del cuadro de mandos se
alteraba de una forma muy brusca (saltos de 40 o 50 kilómetros) sin
haber cambiado apenas la forma de conducir. Esto no debería ocurrir,
por lo menos en un modelo destinado a clientes que buscan controlar
casi todos los aspectos de su coche.
Duro y rápido
Circulando en el modo más deportivo
(D) y gracias a la suspensión dinámica, el bastidor del Quadrifoglio
Verde resulta duro como una tabla y se sitúa justo en el punto donde
la comodidad empieza a verse comprometida por los reglajes
deportivos. Si a esto le sumamos un cambio preciso y rápido con el
que se saca sin dificultad toda la progresividad de los
170 cv del motor MultiAir,
el resultado es un producto que en la teoría podría ponerse frente a
frente con un Mini Cooper S y ahorrarnos de paso unos cuantos miles
de euros.
El QV es un coche muy rápido y en
general poco exigente, divertido y fácil de dominar, capaz de
mantener además un cierto confort y poner las cosas fáciles a su
conductor siempre que se circule en modo Normal. No obstante, los
más atrevidos no desconectarán el ajuste más deportivo y saciarán
sin problema sus ansias gracias a una aceleración contundente desde
parado y a unas recuperaciones sobresalientes. El Quadrifoglio puede
cumplir el 0 a 100 en 7,6 segundos y estirar el corte de inyección
hasta pasadas las 6.000 vueltas con un
sonido limpio y discreto y
una aceleración bastante progresiva en la que resulta fácil
dosificar la entrega del turbo sin castigar en exceso las
cervicales. El par motor disponible, establecido en 230 Nm, empieza
a sentirse a partir de las 1.700 vueltas, aunque no será hasta
alcanzar las 2.300 cuando trabaje al cien por cien.
Igual de efectivo es el equipo de
frenos que se han preparado para él y que sólo ha variado los discos
delanteros con respecto a la versión de 135 cv. En este caso, el
diámetro ha pasado de 281 a 305 milímetros, mientras que en el eje
trasero, donde no hay tracción, se siguen utilizando unos de 251 mm.
El tacto de estos frenos es
bastante esponjoso y permite dosificar con seguridad la intensidad
de la frenada. Además, de fatiga por exceso en la
utilización no hay síntomas aparentes.
Siempre en Dynamic
Como hemos dicho anteriormente, el
DNA de nuestro Quadrifoglio es específico, ya que no hay otro Mito
en la gama con el que se pueda regular la dureza de los
amortiguadores. El resto de los ajustes disponibles no varían, y
según los sensores que hay
repartidos por la carrocería, el DNA es capaz de modificar
parámetros que afectan a la dirección, a la respuesta del pedal de
aceleración y a la entrada en funcionamiento del ESP.
Después de haberlos comparado en
diferentes situaciones, y salvo que se busque sólo comodidad, creo
que muy pocos conductores se decantarán por utilizar el modo N en su
conducción habitual. La razón es que
no aporta ninguna ventaja,
sino más bien inconvenientes. La dirección eléctrica permanece muy
blanda incluso a altas velocidades, es poco precisa e inexpresiva y
el pedal no resulta todo lo rápido y divertido que ha de exigirse en
un coche como éste. La constante entrada en funcionamiento del ESP,
además, resta el plus de diversión que aporta un motor como éste.
Pero como todo tiene solución (o al
menos si llevas un trébol de cuatro hojas), el coche cambiará
profundamente cuando activemos la posición dinámica. Primero, porque
la dirección se convierte en algo mucho más efectivo, permite trazar
de forma limpia y directa y ya no es necesario ir rectificando el
volante en plena curva. Después, porque cada golpe de gas en
el acelerador se sentirá como es
debido gracias a una mayor presión sobre el turbo (overboost)
y a un simulado diferencial delantero con el que el conductor ganará
rápidamente seguridad en los pasos por curva. La carrocería, por
último, es capaz de alcanzar el punto máximo de apoyo sin retorcerse
demasiado.
Ventajas frente a sus
rivales
¿Hay entonces razones suficientes
para decantarse por él?. Nuestra respuesta es que sí. Un Mito
Quadrifoglio Verde resulta muy
interesante precisamente por ser un compacto deportivo que
combina un magnífico chasis adaptativo con un control de tracción
con diferencial simulado electrónicamente (el famoso Q2). Esta
combinación es muy rara en el segmento, por no decir exclusiva. Por
ejemplo, el recién estrenado Polo GTI equipa un diferencial
electrónico XDS, pero al menos de momento no puede equipar la
regulación DCC del chasis. En el caso del Cooper S, se puede recibir
asistencia en la dirección y en la respuesta del acelerador gracias
a un modo Sport, pero no se puede modificar la dureza de la
amortiguación.
Si bien es el menos potente de los
tres, con 170 cv, el Mito también cuenta con
un precio inicial bastante más
asequible. Mientras el GTI de Wolfsburgo aún debe confirmar
el precio a pagar por sus 180 cv (seguro que no bajará de los 23.000
euros), MINI pide por los 184 cv de su Cooper S más de 25.000 euros,
a falta de sumar algunos extras obligados. El caso más extremo, pero
que no podemos dejar fuera, es el del S1 de Audi, cuyo motor 1.4
TFSI de 180 CV disparará el precio hasta superar los más de 28.000
euros.
En el caso del Mito no hay que
preocuparse por unos precios tan desmesurados. La versión QV empieza
por debajo de los 20.000 euros y deja como
única pega la ausencia de un cambio
automático que los otros sí tienen disponible.
Resumen
El Quadrifoglio Verde es lo más
potente que podemos encontrar dentro de la gama Mito, al menos hasta
que Alfa Romeo confirme una versión GTA bastante por encima de los
200 cv. El exclusivo sistema de control adaptativo DNA, capaz de
hacerse con la regulación de los amortiguadores, hace de este Mito
un buen competidor en la categoría de mini-compactos deportivos.
Además, su precio y su diseño
(esto último es muy personal)
superan a día de hoy a sus rivales más directos. Como
argumentos en contra, el Mito debería mejorar su escasa
personalización exterior e incluir algunos elementos de equipamiento
que sus orgullosos compradores merecen llevarse de serie.