Además, su marcada apariencia
dinámica no es pura pose, ya que en términos técnicos el FX se
encuentra entre los representantes
más manejables y dinámicos de los gigantes de tracción
integral. Al lado de los potentes motores de gasolina, esta
configuración deportiva resulta más que convincente. No obstante, el
nuevo motor diésel supone un pequeño obstáculo para sus pretensiones
dinámicas en comparación.
Potente, aunque no sobresaliente
El motor de tres litros
V6 proviene de su socio
aliado Renault y se complementa con un
cambio automático de siete
velocidades procedente de la casa Nissan. Dicho cambio
también lo podemos ver en el 370Z. Esta combinación desarrolla 238
CV y, a partir de las 1.750 revoluciones por minuto, distribuye un
par motor de 550 Nm entre las cuatro ruedas. Aparte de un breve
segundo de reflexión, este propulsor nos regala un potente empuje
sin pérdidas de tracción. Su tiempo de aceleración está fijado en
8,3 segundos y su velocidad máxima
en 212 km/h. Se trata sin duda de cifras respetables,
aunque resultan algo desilusionantes si las comparamos con las de la
versión de gasolina en su acabado básico, disponible por un precio
similar. Con la mecánica de gasolina el FX acelera de 0 a 100 km/h
en 6,8 segundos, mientras que su
velocidad punta alcanza los 230 km/h.
Además, el motor de gasolina resulta
más suave y ofrece un sonido más envolvente. Aunque el propulsor
diésel está bien desarrollado, lo que escuchamos a la hora de pisar
el acelerador es algo similar a un gruñido y definitivamente nada
parecido a un deportivo. Su marcha algo áspera no está a la altura
de las lujosas y refinadas pretensiones de la casa Infiniti. La
comparación surge enseguida con el nuevo Porsche Cayenne Diesel,
cuyo motor es sumamente silencioso y, además, hace posible un
rendimiento aún mejor. Y pese a una
agilidad superior evidente, según la casa Porsche el
Cayenne presenta un consumo 1,6 litros inferior al del FX30d para el
que Infiniti homologa nueve litros. Al conducir de forma sosegada el
ordenador de a bordo marca exactamente dicha cifra. Si, por el
contrario, pisamos un poco el acelerador, el consumo se eleva al
menos dos litros.
Ágil como una gacela
Sin embargo, el FX no tiene nada que
objetar a una conducción más exigente. Este gigante se muestra más
que dispuesto a una conducción rápida en curva, especialmente en el
acabado S – objeto de todas nuestras pruebas –, con chasis deportivo
y dirección integral. Evidentemente, con unas llantas de 21 pulgadas
bastante sensibles a las irregularidades del asfalto el aspecto del
confort se ve algo mermado. Lo mejor que se puede hacer es pasar por
encima de los guardias tumbados de forma suave y evitar los baches
profundos de la calzada. En cambio, las curvas se pueden tomar de
forma mucho más desinhibida. Una
dirección dosificable y algo endurecida en su versión deportiva
y el diámetro relativamente pequeño del volante transmiten una
sensación de inmediatez y un manejo similares al de un deportivo. Si
se trata de curvas estrechas contamos además con una dirección
activa en el eje trasero (RAS), de serie en la versión S, que
permite entrar aún con más fuerza en ellas. Un escaso balanceo, unos
frenos de grandes dimensiones y el sistema de amortiguación
adaptativo contribuyen a entusiasmar a los fans de la dinámica
transversal.
Sin embargo, dentro del FX el
conductor perderá un poco el sentido de la elevada velocidad en
curva, aunque el parpadeo del indicador del ESP le recordará
enseguida que el sistema antideslizamiento ya se encuentra en
funcionamiento. Si uno se pasa de velocidad a la hora de trazar un
radio estrecho, entonces el
vehículo se deslizará con cierta vehemencia sobre sus cuatro ruedas
y, pese a todas las ayudas a la conducción, no podrá ocultar que se
trata de un automóvil de más de dos toneladas de peso y una gran
altura.
Mucho coche a un precio razonable
Sin embargo, el FX también se puede
conducir de forma mucho más tranquila. Para ello, la mejor opción es
la versión básica GT, ya que con su chasis estándar y unas llantas
de 20" ofrece una configuración algo más cómoda que la versión S. No
obstante, ambos modelos son excelentes planeadores de largas
distancias. El FX ofrece mucho espacio tanto delante como detrás,
los asientos de cuero son muy cómodos y el ruido del viento es
bastante reducido. Además, el
equipamiento de serie nos ofrece una gran variedad de componentes,
como el sistema de luces automático, sensor de lluvia, espejo
interior antideslumbramiento automático, programador de velocidad,
climatizador, techo de cristal deslizante, faros bixénon con luz de
curva, ajuste electrónico del asiento o el sistema de manos libres
Bluetooth, por mencionar sólo algunos de ellos.
En las versiones GT y S también se
ofrece un acabado más sofisticado que los complementa denominado
Premium. Éste incluye, entre
otros muchos elementos, programador de velocidad con
regulación de distancia, sistema de alarma de salida del carril, un
súper navegador y un sistema de sonido firmado por Bose. La versión
de acceso del FX30d GT cuesta 61.610 euros, mientras que el FX30d S
alcanza los 64.440 euros.
Lo que resulta interesante es la
comparativa de precios con el nuevo Porsche Cayenne Diesel, que
ofrece una mecánica muy parecida, y que también se encuentra entre
los SUV más dinámicos. En el caso del Cayenne, la versión básica (65.659
€) cuesta sólo unos 2.000 euros menos que el FX30d GT
Premium (67.470 €). Sin
embargo, si la intención es equiparar el equipamiento del Porsche al
del GT Premium, entonces uno pierde todo el interés, ya que el
configurador online de Porsche terminará echando humo y la broma
finalizará al alcanzar un importe unos 25.000 euros por encima del
precio del FX con motor diésel.
Conclusión
El
Infiniti FX se encuentra entre los representantes más expresivos y
especialmente atractivos del segmento de los SUV. Ahora
además ofrece una mecánica diésel que debería satisfacer incluso las
expectativas más elevadas de un vehículo de lujo de gran potencia.
En comparación con el nuevo Porsche Cayenne Diesel, este motor
diésel V6 resulta algo lento y ruidoso y presenta un consumo
elevado. A cambio, el Infiniti FX ofrece – incluso en su versión
diésel – un precio más que atractivo en comparación con la
competencia del segmento de premium, a pesar a su elevado nivel de
lujo, técnica y agilidad.