El ginecólogo que le atendió en el
parto, el doctor J.S.V. al parecer, utilizó gasas quirúrgicas en la
operación, por el abundante sangrado que produjo la episiotomía.
Tras la operación, le entregó un
impreso llamado "informe de continuidad de cuidados", donde
se exponía como signos de alarma la posible existencia de "flujo
vaginal maloliente" y le dijo que fuera a revisión.
Tres días después le dijeron que ya
no tenía que volver por lo que la paciente dio por hecho que ya le
habían extraído la gasa. No obstante, y según apuntan desde el
Defensor del Paciente, la joven madre
comenzó a sufrir molestias y
pinchazos agudos en el bajo vientre y decidió consultárselo
al ginecólogo, "quien le resta
importancia".
Las molestias no cesaron y la joven
siguió acudiendo al mismo ginecólogo, refiriéndole que
cuando se duchaba le olía mal la
zona vaginal, sin que el doctor le prestase la menor
atención.
Tras
53 días de molestias y encontrándose la mujer en Granada,
acudió al Hospital Nuestra Señora de la Salud tras un intenso dolor
en la vagina y una sensación de flujo vaginal maloliente
acentuadísima. La ginecóloga de guardia le hizo una serie de pruebas
y le extrajo un rollo de gasas
quirúrgicas podridas que tenía en el interior de la vagina,
procedente del parto.
El Defensor del Paciente ha explicado
que se trata de un "oblito
quirúrgico" por parte del ginecólogo tocólogo, consistente en el
olvido de material extraño al
organismo al interior de la paciente en el momento del
parto, que al parecer, fue necesario utilizar por la existencia de
abundante sangrado cuando le realizaron la episiotomía.