El futuro de la
economía digital
Nunca ha habido un mejor momento para ser un lector,
oyente u observador de la creatividad humana. Un estimulante
torrente de libros, música, películas, juegos, aplicaciones, y
creaciones mediáticas interactivas pasan a toda velocidad ante
nosotros. Cada año el río se ensancha-en volumen, diversidad, y
facilidad de acceso. En todas las dimensiones, actualmente los
diversos medios de comunicación se encuentran en una plenitud
gloriosa.
Sin embargo, y mientras que los
consumidores nunca han estado mejor servidos, a los editores,
emisoras, estudios, y marcas que han estado produciendo estos
contenidos les preocupa mucho que su final esté cerca. Una vez que
las obras maestras son digitalizadas en todas partes por los chips,
de forma instantánea sus bits pasan a formar parte de una rápida
corriente de datos baratos, eliminando la distinción entre original
y copia, y destruyendo la lógica de negocios que financió su
creación. Para empeorar las cosas, estos mismos chips de
digitalización animan a los aficionados a levantarse de sus sillones
y fabricar, vender y distribuir lo que ellos mismos quieran
consumir.
Por supuesto, nada va a detener el flujo de bits, pero hay buenas
razones para creer que algunos de los intermediarios tradicionales
sobrevivirán y avanzarán de nuevo. Los secretos de los nuevos
modelos de negocio se pueden encontrar en aquellos datos que
muestran cómo el dinero sigue al único recurso escaso que poseemos:
nuestro tiempo para prestar atención.
En el tipo mercado que está tomando forma, no tendremos que pagar
por el contenido en sí, sino por la respuesta a esta pregunta: ¿A
qué presto atención ahora? Todos necesitamos ayuda para navegar por
la selva digital. Alguien, o algo, tiene que elegir o susurrarnos al
oído para ayudarnos a decidir. Estas entidades pueden ser filtros de
colaboración, motores de recomendación, redes sociales, o creadores
de opinión como Rush u Oprah. Los revitalizados marchantes
institucionales-a quienes solíamos llamar editores, marcas,
estudios, redes de televisión, revistas y periódicos-sólo
sobrevivirán si encuentran la manera de unirse a ellos como los
nuevos administradores de atención.
Si la atención es la base de la riqueza en esta economía digital,
los datos económicos de las últimas décadas deberían demostrar que
los flujos de dinero reales se dirigen allí donde van los flujos de
atención. De hecho, eso es lo que muestran los datos. Para ver cómo
sucede esto, comencé a trazar el total de ingresos anuales de
diversas plataformas de medios de comunicación a lo largo del tiempo
(gráfico 1).

Gráfico 1: En los últimos 15 años, los ingresos de
televisión por cable y vía satélite han aumentado, mientras que los
otros medios de comunicación han visto cómo sus ingresos seguían
siendo iguales. Los ingresos de Internet se han disparado, aunque la
competencia ha provocado una caída en los últimos años.
Por ejemplo, la industria de la prensa en todo Estados Unidos
obtuvo 46 mil millones de dólares en 1998 y mantuvo aproximadamente
el mismo tamaño hasta 2007. Sin embargo, los ingresos totales para
las industrias del cable y la televisión por satélite de EE.UU.
fueron de 26 mil millones en 1996, ampliándose a 78 mil millones en
2007. Durante este tiempo, la mayoría de las plataformas de medios
se mantuvieron estables. Internet ha experimentado un aumento
financiero-aunque la mayor competencia ha hecho que los ingresos
decaigan en los últimos años.
¿Y qué pasa con la atención por sí misma? Utilicé los datos del
Resumen Estadístico de EE.UU. para calcular el total del "gasto
cognitivo" en los diversos tipos de medios. El estadounidense
promedio pasa 1.010 horas al año viendo televisión por cable y por
satélite, lo que significa que los estadounidenses en su conjunto
proporcionaron 305 mil millones de horas de atención a los medios de
comunicación en 2007. La televisión tradicional obtiene 204 mil
millones de horas-menos, aunque sigue siendo significativa. En
conjunto, los estadounidenses dedican más de medio billón de horas
de atención a la televisión al año. Al margen de la radio, ningún
otro medio se acerca a esa cantidad. El tiempo total empleado en
Internet ni siquiera se acerca mínimamente (gráfico 2).

Gráfico 2: Con un gran margen, el mayor número de horas
en medios de comunicación se dedican a la televisión en general,
aunque han pasado al cable y al satélite, alejándose de la
televisión de difusión tradicional. La radio también se ha mantenido
alta.
Sin embargo, y mientras que Internet es una distracción menor en
comparación con la televisión, está aumentando rápidamente, y la
televisión está disminuyendo lentamente. Cuando hacemos un trazado
de la subida de la atención en línea junto con el aumento de
ingresos obtenidos a través del acceso en línea, vemos que ambos
trazados van uno detrás del otro (gráfico 3). De la misma manera, la
meseta de atención prestada a los periódicos se refleja en la meseta
de dinero en esa industria.

Gráfico 3: Al centrarnos en Internet y los periódicos,
vemos que en ambos medios de comunicación los ingresos obtenidos se
correlacionan con la atención recibida.
De media, en un canal mediático determinado, en efecto el dinero
sigue a la atención-con el tiempo. Esto sugiere que a medida que
Internet continúe absorbiendo nuestro tiempo, generará más dinero.
También sugiere que a medida que la atención se desplace de los
medios más tradicionales, el dinero fluirá con el tiempo para
alejarse de dichos medios. Sin embargo durante el tiempo de espera,
mientras que la transición está en marcha, las editoriales, los
sellos discográficos y los estudios de cine pueden reinventarse a sí
mismos-mudándose al ámbito de Internet y encontrando la manera de
generar y gestionar la atención.
Si analizamos los mismos datos de forma ligeramente diferente
podemos observar algo más acerca de nuestra atención: parte de ella
cuesta poco dinero (gráfico 4). Mientras que se dedican medio billón
de horas a la televisión, este medio genera, de media, sólo 20
centavos de dólar por hora de visualización. No toda la atención es
igual. Los periódicos ocupan una porción más pequeña de nuestra
atención, pero generan más ingresos por hora. E Internet,
sorprendentemente, está aumentando la cantidad de ingresos que se
generan por cada hora de atención.

Gráfico 4: La televisión es el medio de comunicación más
barato de todos en términos de ingresos obtenidos por hora de
consumo. Los medios de comunicación más caros son los libros y
periódicos.
Si bien la atención es lo único que realmente tenemos que dar a
los demás, y el único recurso limitado sobre el que personalmente
poseemos control, es relativamente barata en general. La atención es
barata, en parte, porque tenemos que prestarla cada día. No podemos
ahorrarla. Tenemos que renunciar a ella segundo a segundo, en tiempo
real. Dado que la atención normalmente tiene un precio de menos de
un dólar por hora, hay que trabajar con mucha atención para
realmente ganar dinero. Por suerte, existen miles de millones de
horas de atención que siguen estando infravaloradas y sin explotar.
Consideremos el número de horas en todo el mundo dedicada a YouTube,
que tardó años en empezar a generar ingresos considerables por
publicidad. ¿Y qué ocurre con el número creciente de horas que la
gente pasa en Twitter a lo largo del año?
Estos son sólo algunos ejemplos de grandes reservas de atención
que no se han monetizado-aún. Los intermediarios de los medios de
comunicación tienen por delante una oportunidad real. Si encontramos
la manera de mediar la atención en YouTube o Twitter, tendremos un
gran negocio. Google ha creado una de las valoraciones de mercado
más grandes del mundo mediante la canalización de la atención en la
red. La única pregunta es quién va a hacer lo mismo por estas otras
nuevas formas de medios de comunicación. Cuanto más plenamente se
extraiga la capacidad de atención humana, cuanto más se acumule, se
desate y se diversifique, habrá más demanda de formas interesantes,
inteligentes o intuitivas de navegar a través de esta
superabundancia. No hay fin a las formas creativas en que la
atención puede ser capturada, y no hay fin a la riqueza que se
genera por aquellos que la siguen.
Fuente
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