Según los documentos publicados por
la Agencia de Salud
Pública de Barcelona (que tiene las competencias en el control
de lo que se considera una "plaga"),
el contrato especifica que la empresa elegida deberá capturar
mediante redes a las palomas, provocarles la muerte por asfixia al
gasearlas en un lugar "que no favorezca el estrés de los animales",
y posteriormente eliminar los cuerpos.
El concurso solicita específicamente
que las empresas que opten a aplicar la medida garanticen el uso de
un método "indoloro", que
sea "rápido e irreversible" y que no tenga ninguna consecuencia
negativa sobre el medio ambiente, además de distribuir las capturas
en 790 puntos diferentes.
El objetivo es reducir la población
de palomas Columba livia, pero también de gaviotas
Larus michahellis, con la obligación añadida de
destruir los nidos y huevos
que sean detectados en un plazo inferior a 48 horas desde
su localización. Estas dos especies, junto con las cotorras, han
aumentado su presencia de forma considerable en los últimos años.
La medida supone la triplicación de
las capturas realizadas en 2008, cuando fueron eliminadas unas
20.000 aves, y también un aumento considerable respecto a
las 40.000 que se mataron el año
pasado. La población de palomas no ha dejado de crecer en
la ciudad, puesto que encuentran comida ilimitada, un entorno
favorable y una climatología benigna. Prueba de ello es que ya
existen colonias estables en todos los distritos, si bien la
densidad de las mismas ha descendido.
El concurso parte de la base que el
sacrificio es "mucho más eficiente" que otras medidas, como la
alimentación mediante pienso
esterilizado, la construcción de palomares artificiales que
permitan la retirada de los huevos y la reintroducción de
depredadores como el halcón peregrino.
El Ayuntamiento de Barcelona
aprobó el año pasado la construcción de un palomar artificial y
desde 1999 existe un programa de reintroducción del halcón (cinco
parejas han nidificado desde entonces en el área metropolitana). En
cualquier caso, las mismas fuentes aseguraron que el principal
problema en la expansión de esta plaga (que acarrea suciedad, daños
en edificios y mobiliario urbano, alergias y contagio de
enfermedades), pasa por la concienciación de
la población para que no dé de comer a las palomas.
Hay
unos 40 puntos donde operan "alimentadores extensivos",
personas que con su alimentación a las aves permiten que éstas se
fidelicen, hagan más puestas de huevos y tengan más crías. Por ello,
una decena de informadores de calle trabajan desde nueve meses en la
concienciación de los ciudadanos de dos distritos.
