La empresa propietaria de la
franquicia de McDonalds reconoce que los
ingredientes de los
alimentos que servían, importados desde Alemania, se habían
encarecido un 18%, una
subida, insostenible.
De hecho, el Big Mac islandés era ya,
en relación a los costes, el más
caro del mundo. La hamburguesa icono de McDonalds costaba
650 krona (3,52 euros), pero el incremento del coste iba a situarla
en 780 (4,22 euros), un precio demasiado elevado para la crisis
económica que padece el país.