Argentina se clasifica para el mundial
Sudáfrica 2010
Tras un camino tortuoso y
sin un buen partido que echarse a la boca, Argentina logró anoche un
billete directo para el Mundial de Suráfrica. Lo hizo sin mucho
estilo, pero con la virtud de desbravar las acometidas uruguayas,
tan fogosas como destempladas. Maradona dispuso una selección con
cinco centrales para aguantar y aguantó. Con eso obtuvo una
clasificación para Suráfrica junto a las mucho más brillantes
Brasil, Paraguay y Chile. El estadio Centenario, tan engalanado para
la fiesta, se llevó un gran chasco. Tanta expectación para tan poco
fútbol. Uruguay, quinta, se enfrentará el 14 y el 18 de noviembre a
Costa Rica o a Honduras.
Uruguay resultó muy decepcionante.
Muy metido atrás, sin creatividad, sin el balón, atrapado por sus
propios estereotipos: la dureza, las caras crispadas, la sangre
charrúa. "Estamos muy acelerados, más calma con la pelota", les
pedía el Maestro Tabárez a sus chicos, que no le hicieron
ningún caso. El volante derecho Maxi Pereira, por ejemplo, mereció
ser expulsado tras una patada bestial a Heinze. El árbitro le
perdonó con la tarjeta amarilla. Y ni siquiera eso al filo del
descanso tras otra entrada destemplada a Di María. Los jugadores
celestes, además, trataban de conducir la pelota todo lo posible,
sin levantar la cabeza, con una contumacia desesperante en dirección
hacia la nada. Luis Suárez y Forlán no recibieron un solo balón que
valiera la pena.
Argentina se marchó al descanso con
cierta tranquilidad. Si es eso lo que pretendía Maradona, había
conseguido dormir el partido. Le metió un somnífero insoportable.
Más retrasado de lo habitual, Verón pudo imponer su superioridad
técnica sobre los centrocampistas charrúa, aunque en ningún momento
enlazó con Messi ni Higuaín, extraviados en una batalla desigual
frente a la populosa defensa celeste. La escasa participación de
Messi, apenas un puñado de toques de descarga en el centro del
campo, ahondó en ese abismo que lo separa de la afición argentina.
Uruguay se tomó 20 minutos de
descanso en vez de los 15 reglamentarios. Un descanso eterno y una
artimaña más para ganarle tiempo a lo que sucedía en Chile con
Ecuador. Ni Uruguay ni Argentina tenía la intención de jugar al
fútbol. Cualquier excusa servía para parar el partido. Y el público
del Centenario, con tan poco que festejar, se puso a celebrar el gol
Suazo para Chile frente a Ecuador. Un tanto que aseguraba la
salvación de los dos equipos rioplatenses: uno iría a Suráfrica y el
otro pasaría por la repesca.
Tabárez entendió que era el momento
de arriesgar un poco para tratar de alcanzar la cuarta plaza. Y le
dio entrada a Cavani, el delantero del Palermo que, el pasado
sábado, facilitó la victoria celeste en Quito con un piscinazo en el
último instante que el árbitro confundió con un penalti que
transformó Forlán. Uruguay estuvo anoche tan mal ubicado que Forlán
apareció en posición de central ganándole una carrera a Higuaín por
una pelota dividida. ¿Quién era el rubio que le había ganado por
velocidad al Pipita? Era Forlán.
Aún así, el empuje uruguayo acabó por
hacer retroceder a Argentina a su guarida. En el colmo de los
despropósitos, el central Lugano remató con la chepa un magnífico
centro de falta de Forlán. E hizo lo que parecía más difícil: echar
el balón fuera. Tabárez redobló la apuesta con otro delantero,
Abreu, pero sin ningún éxito. Sus jugadores siguieron acelerados,
ganándose la expulsión Cáceres, el central del Barça cedido a la
Juve, pasado de frenada toda la noche. Lo aprovechó Bolatti, que
recogió un balón muerto dentro del área y envió definitivamente a
Uruguay a la repesca. El Loco Bielsa se encargó del resto:
clasificó a Chile y tumbó a Ecuador.
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