El propietario del titánico barco,
Richard Fain, de Royal Caribbean, explica que lo han construido tan
grande "simplemente para que
pudiera caber todo lo que queríamos meter dentro".
El crucero más grande del mundo
ha costado 1.400 millones de
dólares, pero entra en funcionamiento en el peor momento
económico de la industria. Sin embargo, es tan exuberante y excesivo
que su propietario predice que dará beneficios desde el primer día.
Un teatro con 1.380
butacas
El Oasis es una mole de 225.000
toneladas, 361 metros de largo y 16 pisos que puede transportar a
6.292 turistas y a una plantilla de 2.165 empleados.
Tiene
rockódromo, una cancha de
baloncesto, una
pista de hielo, un parque
de atracciones, un centro
comercial, varias piscinas gigantes y un gran
parque con más de 12.000
plantas y árboles.
Su patio central está rodeado por un
acuario en el que se puede disfrutar de
actuaciones de buceo y de natación
sincronizada. Uno de sus múltiples bares, el Rising Tide
(marea alta) es un local móvil. Mientras, en el teatro, donde caben
1.380 espectadores, se representa el musical 'Hairspray'.
Su primer viaje, en una
semana
El viaje inaugural de este grandioso
crucero, que ha tardado seis años en ser construido, empieza el
5 de diciembre.
Un crucero de siete noches
cuesta cerca de mil dólares por
persona, pero puede alcanzar los 16.659 dólares si se opta
por una suite real, que tiene piano
y un gran balcón.
Aunque el Oasis ahorra en gasolina,
un 30% menos por pasajero que otros buques turísticos,
otros costes son muy superiores, porque, por ejemplo, se necesita
mucho servicio para atender sus 24 restaurantes y limpiar sus 4.100
baños o sus 42 ascensores. "En otros barcos tampoco tenemos
buceadores o
jardineros, o técnicos de
mantenimiento de pistas de hielo", señala Fain.
Detractores del Oasis
El tamaño descomunal del Oasis
limita también sus rutas.
De momento se queda en el Caribe, teniendo como punto intermedio de
su viaje la capital de Bahamas, Nassau.
Pero el Oasis ya cuenta
con sus primeros detractores,
expertos periodistas de viajes que critican una oferta turística que
sólo "sirve para que las personas que no son capaces de distraerse
por si mismas busquen siempre actividades para esconder su
depresión", o los propietarios de cruceros de menor tamaño que
apuestan por un trato "más
personalizado" a cada turista.
Preguntado el dueño del Oasis si
tiene pensado ya otro barco que supere en tamaño a éste, Fain
sonríe. "No digo que no,
si alguien nos presenta una idea de un proyecto más atractivo para
nuestros clientes, lo pensaremos.