Según varios testigos, su forma de
actuar es sutil. Brindan sus servicios para dar friegas en la
espalda y, si el cliente les insinúa que «quiere más», lo masturban.
«Son discretas. Empezaron
hace un par de años, pero ahora se ve más», ha explicado a
20 minutos
un bañista. Si van de dos en dos, se pone una a cada lado del
hombre. Si van solas, él se ladea.
Otro asiduo de la playa apunta:
«Cobran el masaje y si hay propina, 5 o 6 euros más». Casi
nunca actúan en hora punta. «Lo hacen cuando la playa se
empieza a vaciar, pero si el cliente está apartado, no importa la
hora», apunta una chica mientras acomoda su toalla.
