Nos
encontramos cerca de poder conseguir incrementar la capacidad de
nuestro cerebro hasta límites insospechados utilizando la tecnología
o la manipulación genética pero, ¿qué consecuencias tendría esta
capacidad para la humanidad?
Con esta pregunta comienza un
artículo publicado recientemente en la revista NewScientist, en el
que se analiza el encuentro "Human Nature" and its alterability.
Past, present, and future of human becoming, recientemente celebrado
en Berlín.
En este encuentro, antropólogos,
neurólogos, tecnólogos, arqueólogos y filósofos se han reunido para
reflexionar sobre las implicaciones de este próximo paso del
desarrollo del cerebro humano. ¿Dará lugar la manipulación cerebral
a una nueva especie, con poderes intelectuales incomparables?
Siguiente fase evolutiva
Hay diversas opiniones. Para unos, la
manipulación cerebral para el aumento de nuestras capacidades es,
simplemente, la siguiente fase en un proceso que se ha desarrollado
durante toda la historia del ser humano.
Esto es lo que opina, por ejemplo,
uno de los organizadores del encuentro, el arqueólogo Lambros
Malafouris del McDonald Institute for Archaeological Research de
Cambridge, en el Reino Unido.
Para Malafouris, las transformaciones
cerebrales del ser humano comenzaron con las mutaciones genéticas
hereditarias que nos proporcionaron un cerebro "plástico", capaz de
cambiar físicamente para superar desafíos prácticos e intelectuales
inalcanzables hasta ese momento.
Cambios más recientes en nuestro
cerebro se han producido gracias a nuestras interacciones con el
entorno, y también gracias a los "memes" (unidad teórica de
información cultural para su transmisión de un individuo a otro, de
una mente a otra o de una generación a la siguiente) socialmente
creados, y que se transmiten a través de la cultura.
Hitos en la mejora del cerebro humano
en los últimos dos millones de años han sido, por ejemplo, la
invención de los gestos y del lenguaje para describir a otros lo que
pensamos, o la escritura.
Mejora tecnológica del
cerebro
Las evidencias de la plasticidad del
cerebro han ido aumentando en los últimos años. En el encuentro "Neuroscience
in Context", Andreas Roepstorff, de la Universidad Aarhus de
Dinamarca presentó escáneres cerebrales que demuestran que la gente
que hace meditación presenta engrosamiento en áreas cerebrales, un
aumento que personas que no meditan no tienen. Los resultados de
este trabajo han sido publicados en NeuroReport.
Por otro lado, Merlin Donald,
profesor emérito de psicología de la Queens University, de Kingston,
en Canadá, señaló que hoy más que nunca nuestro cerebro tiene la
habilidad de conectar con las mentes y las experiencias de otros a
través de la cultura y de la tecnología.
Donald denomina "superplasticidad" a
esta capacidad, que sin duda está haciendo que el cerebro evolucione
hacia un lugar jamás visto en ningún otro momento de nuestra
historia.
Pero, aunque naturalmente el cerebro
evolucione, los científicos insisten: el próximo paso de mejora del
cerebro podría ser tecnológico mediante la manipulación genética o
las prótesis cerebrales. Dado que las variantes genéticas esenciales
para las super-capacidades intelectuales aún no han sido
descubiertas, parece difícil -si no imposible- que algún día esta
vía tenga efectos prácticos en nuestro cerebro.
Sin embargo, las prótesis de mejora
de nuestras capacidades cerebrales sí podrían estar más cerca, sobre
todo teniendo en cuenta que la tecnología para el control de
ordenadores desde el cerebro ya ha sido probada (ver artículo en
Tendencias21 sobre el manejo de un cursor por parte de individuos
con parálisis total, por ejemplo).
Cada vez más cerca
El momento en que los humanos se
alíen con las máquinas para mejorar nuestras capacidades cerebrales
está muy cerca, según Ray Kurzweil, prospectivista e inventor, tan
cerca como el año 2045.
No pasará mucho tiempo antes de que
haya un dispositivo informático disponible para cualquiera, afirma
Andy Clark, filósofo de la Universidad de Edimburgo, en el Reino
Unido. Este dispositivo podrá ser desde un asistente de memoria
hasta un buscador de la información que tengamos almacenada en el
cerebro.
Según Clark, hoy mismo, programas
informáticos habituales, como el Photoshop, juegan ya un papel
importante para nuestras capacidades, y son algo parecido a
extensiones físicas de la mente de los usuarios.
Voces discordantes
Sin embargo, no todo el mundo está de
acuerdo con el uso de la tecnología para incrementar las habilidades
cerebrales. Para Dieter Birnbacher, filósofo de la Universidad de
Düsseldorf, en Alemania, estas aplicaciones podrían poner en peligro
la dignidad humana.
Por ejemplo, un problema potencial es
el de alterar lo natural con procesos artificiales, de manera
similar a la presión social que actualmente suponen las formas
idealizadas de la belleza, el físico o las capacidades deportivas.
Los individuos que no puedan acceder
a estos medios artificiales de incremento de sus habilidades
cognitivas pueden verse como fracasados, tener baja autoestima e
incluso ser discriminados con respecto a los que sí puedan acceder.
Para John Dupré, profesor de
filosofía de la ciencia de la Universidad de Exeter, en el Reino
Unido, la posibilidad de que alguien tenga una ventaja de este tipo
frente a otros puede generar división social.
Leer a los hijos está al alcance de
casi cualquier persona pero, ¿implantarles un software en el
cerebro? Esta alternativa podría dar lugar a dos especies humanas
completamente distintas, por lo que la preocupación al respecto es
legítima, señala Dupré.
Para que evitar estos peligros, los
expertos señalan que habría en primer lugar que asegurarse que la
tecnología desarrollada sea lo suficientemente barata como para
estar al alcance de muchos, como los libros o los móviles actuales.
De cualquier manera, con implantes o
no, nuestro cerebro está destinado a seguir evolucionando. Según
Dupré, "en un entorno correcto, la mayoría de los humanos tienen un
potencial asombroso de desarrollo de capacidades mentales
sorprendentes". Hacia donde evolucione el cerebro humano en los
próximos tiempos no podremos controlarlo nunca del todo, por más que
se desarrolle la tecnología.