Científicos
del MIT Media Lab de Estados Unidos han conseguido activar un
conjunto específico de neuronas del cerebro de un mono usando lásers
o flashes de luz. Este logro permitirá, algún día no muy lejano,
controlar el cerebro humano, informa la revista Wired.
Esta misma técnica, denominada
optogenética, había sido utilizada anteriormente para controlar y
explorar los circuitos neuronales de los cerebros de peces, moscas y
roedores, pero ésta es la primera vez que se ha usado en primates.
La optogenética es un campo emergente
de investigación que combina la óptica y la genética con el fin de
decodificar los mecanismos de la actividad eléctrica neuronal del
cerebro, y también de estimular y controlar mediante la luz ciertas
secciones del cerebro en momentos diversos.
La optogenética, en definitiva,
permite controlar células aisladas y específicas por medio de
pulsaciones de luz visible.
Activación neuronal con
virus y luz
Según declaró Ed Boyden,
neurocientífico del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) y
director de esta investigación, el éxito en la aplicación de la
optogenética en monos "abre el camino al desarrollo de nuevas
terapias para el tratamiento de algunos trastornos psiquiátricos
humanos".
La belleza de la técnica optogenética
radica en su especificidad. La combinación de lásers e ingeniería
genética permite a los científicos controlar, al milisegundo, la
activación de neuronas de una clase específica e identificar las
células y circuitos problemáticos, dejando intactos el resto. Así,
se pueden minimizar al máximo los posibles efectos secundarios.
Para su aplicación, los científicos
diseñaron genéticamente virus destinados a infectar algunas neuronas
con un tipo especial de canal, originalmente descubierto en algas,
que es sensible a la luz azul. De esta forma, cuando el láser azul
brilló sobre dichas neuronas infectadas, en éstas se abrieron los
canales, permitiendo la entrada en ellas de iones que las activaron.
Para la técnica resulta crucial que
los virus sean inyectados sólo en una muy pequeña parte del cerebro,
y sólo en ciertos tipos de neuronas que, una vez infectadas,
realmente abran el canal. El haz láser se concentra así en una
pequeña porción del cerebro, en un objetivo muy preciso.
Esta especificidad contrasta con
otras técnicas actuales de estimulación neuronal, como los
medicamentos o los electrodos, cuyo alcance es mucho más amplio.
Terapias específicas y
seguras
El método optogenético fue ideado en
2005 por Boyden y Karl Deisseroth, profesor de bioingeniería y
psiquiatría de la Universidad de Stanford, y desde entonces ha sido
utilizado para comprender cómo los circuitos neuronales pueden
controlar diversos comportamientos, como el aprendizaje en ratones o
la conciencia de que se debe escapar de los depredadores, en el caso
de los peces.
Sin embargo, hasta ahora, los
científicos nunca habían aplicado la técnica en primates. Este paso
resultará esencial para el desarrollo de aplicaciones terapéuticas
de la tecnología en humanos, sobre todo porque gracias a él se ha
demostrado que la técnica es inocua.
De hecho, lo que se ha demostrado con
la nueva investigación de Boyden, cuyos resultados aparecen
descritos en el artículo "Millisecond-Timescale Optical Control of
Neural Dynamics in the Nonhuman Primate Brain" (control óptico a
escala temporal de milisegundos en el cerebro de primates no
humanos), publicado por la revista
Neuron, es que la optogenética no sólo funciona en primates,
sino también que resulta segura para ellos.
Los macacos Rhesus (macaca mulatta)
empleados en el experimento recibieron múltiples rondas de
estimulaciones láser durante ocho o nueve meses, sin que resultasen
dañadas las neuronas de su cerebro o se viera afectado el
funcionamiento normal de su sistema inmunológico, una evidente
preocupación cuando se utilizan virus.
Según Boyden, "muchos trastornos
cerebrales están relacionados con cambios en clases específicas de
células", por eso, desde la perspectiva terapéutica "lo que se busca
es causar determinados efectos en ciertas células, pero dejar
intactas otras".
Entre las aplicaciones futuras de la
optogenética, ahora que se sabe que es segura, podrían figurar las
prótesis neuronales emisoras de luz que sustituyan a los electrodos
que se usan actualmente para la estimulación cerebral profunda.
Estos electrodos son eficientes, pero
activan o silencian un demasiado amplio número de neuronas. Además,
para su implantación se requiere de un procedimiento quirúrgico. Por
ambas razones, este método se aplica como último recurso, por
ejemplo, en enfermos de epilepsia que no responden a los
medicamentos.
Aumentar el conocimiento
En definitiva, según Boyden, la
capacidad "para curar problemas cerebrales dependerá en última
instancia de cómo y cuáles efectos secundarios puedan tener los
tratamientos".
Con la optogenética se podrían
detectar "tipos de células específicas, y se podrían utilizar
neuromoduladores de artesanía terapéutica para aplicar terapias
directas, garantizando al mismo tiempo un alto grado de bienestar".
Pero, además, esta técnica serviría
para estudiar y comprender mejor la relación entre circuitos
neuronales específicos y comportamientos sin dañar el cerebro. El
interés de los científicos se centraría, en particular, en conocer
la relación entre dichos circuitos y las funciones cognitivas
superiores características de los humanos.
Y es que, genéticamente, los ratones
son un modelo ideal de organismo pero su repertorio de
comportamientos no es muy sofisticado. Si los neurocientíficos
esperan comprender y tratar problemas como la esquizofrenia, la
depresión o algunos comportamientos compulsivos, como las
adicciones, resulta necesario aplicar la optogenética a los
primates.
La esperanza es que, si este tipo de
investigaciones continúa en laboratorios de todo el mundo, sea
posible comprender diferentes tipos de neuronas y cómo cada una de
ellas contribuye a cada una de las funciones cognitivas más
avanzadas.